Ensañamiento

2012-01-31Publicat per: El País
Rita Barberá expropió y derribó las casas de Eugenia Viñes más próximas al puerto. Dijo que allí iba a construir unas fantásticas piscinas. Hoy solo hay un erial, pero puede ir a más.
Hace unos años, tras privatizar las Arenas, Rita Barberá expropió y derribó las casas de Eugenia Viñes más próximas al puerto. Dijo que allí iba a construir unas fantásticas piscinas. Hoy solo hay un erial, pero puede ir a más.

“Alcaldesa, al menos, que no se nos vaya el Cabanyal, mientras seguimos enfrentados”. Con estas palabras la Asociación de Vecinos del Cabanyal se dirigía la semana pasada a Rita Barberá en una carta abierta. Le pedían que escuchara a los expertos y recapacitara, para frenar la degradación del barrio. Una degradación que no ha hecho más que multiplicarse en los 13 años transcurridos desde que la alcaldesa decidiera abrirlo en canal. El viernes, el portavoz socialista en el Consistorio, Joan Calabuig, con el apoyo de Esquerra Unida y Compromís, presentaba una moción al pleno municipal en la que proponía aparcar las diferencias pendientes de dirimir en los tribunales y concentrar todos los esfuerzos en la rehabilitación del resto del barrio.

La iniciativa no solo parece conveniente porque la prolongación de Blasco Ibáñez está empantanada en los tribunales, sino porque, en la actual situación económica, es inviable. Como quedó de manifiesto, hace ya dos años, con la salida de los inversores privados de la sociedad montada por el Ayuntamiento para acometer la reforma del barrio. Esto es algo que sabe perfectamente el PP y aunque no lo diga, la propia Barberá. Aun en el supuesto de que los tribunales le dieran la razón, el Ayuntamiento carecería de dinero para llevar adelante las expropiaciones, los derribos, la reurbanización y la construcción de nuevas viviendas.

Así pues, la moción de Calabuig, no es solo prudente sino, sobre todo, realista. Sin embargo, la respuesta del PP no ha podido ser más decepcionante. Lejos de aceptar la mano tendida de la oposición y la llamada a la distensión de los vecinos, Barberá ha optado por una beligerancia tan desgarradora como inútil. Y así, en el mismo pleno, el Ayuntamiento acordaba dirigirse a la Generalitat para que los 16 millones de euros previstos por el Gobierno valenciano para la construcción de un aparcamiento subterráneo en la zona de la prolongación, se destinen ahora a la compra de casas para ser derribadas. Una partida para la que el Consistorio tiene consignados cinco millones en el presupuesto de este año. Si Alberto Fabra acepta la modificación, Barberá podrá hacer un poco más grande el solar.

A lo que pretende hacer Rita Barberá, el Gobierno anterior lo llamó expolio en una orden del Ministerio de Cultura que venía avalada por informes como el del Consejo Superior de Colegios de Arquitectos de España. A ese expolio se suma el ensañamiento político contra unos vecinos a los que no se les da ninguna licencia de obras y a los que ahora se les priva de un equipamiento. Con ese dinero pretende seguir hurgando en la herida de unas expropiaciones y unos derribos que, de llevarse a cabo, solo degradarán más el barrio. Algo tan cruel como golpear a un tullido con sus propias muletas.