Parque temático «Mundo Especulación»

2003-09-14Publicat per: Levante
El fiscal del Tribunal Supremo, el valenciano Antonio Vercher Noguera, siempre ha estado en la punta de lanza a la hora de controlar los desmanes de los malos en cuestiones de medio ambiente y urbanismo y nos ha organizado un curso sobre la corrupción que se ha celebrado, como no podía ser de otra forma, en Valencia. A Vercher, al que en esta casa lo conocemos de muchas batallitas, le he notado, pese al éxito de su curso y los suyos personales, un tanto pesimista. El seminario nos ha puesto delante de los morros lo que está ocurriendo en la Comunidad Valenciana de una forma espectacularmente masiva y escandalosa. La corrupción relacionada con el crecimiento urbanístico está oxidando todas las estructuras. El cemento, paradójicamente, está resultando corrosivo para la sociedad valenciana. El cemento ha hecho de esta parte de España el parque temático Mundo Especulación, si me permite Carlos Fabra parodiar su invento en Castelló. Vercher decía en declaraciones a Levante-EMV que las recalificaciones urbanísticas son peligrosísimas y lo justificaba en que «todos los sectores acaban contentos porque ganan los ayuntamientos, los constructores y el propietario que vende. Todos, menos a quienes les gusta pasear en un litoral virgen».

Y es desgraciadamente tan verdad como que en tan sólo una semana este periódico les ha podido contar a ustedes un gran número de informaciones relacionadas con la recalificación de suelos de aquí y de allá que afectan a la sostenibilidad de nuestro territorio, a la credibilidad de nuestros políticos y a la independencia de nuestra administración.

La especulación está al orden del día. Especulan los propietarios, los promotores y la administración. Valencia ha ganado en estos últimos años más fama de especuladora que de pueblo comerciante y negociador. Especular forma parte ya de los esquemas de actuación de cualquier administración y sus administradores, políticos o técnicos, aceptan el juego como mal necesario para enriquecer a la sociedad y dotarle de nuevos medios, puestos a pensar bien, sociales y, puestos a pensar mal, lo que pasa en la mayoría de las ocasiones, nuevos medios personales.

La especulación y su arma infalible, la recalificación, ha existido en cada uno de los grandes proyectos que están todos los días en la prensa. En Castelló, la famosa reparcelación de los terrenos de la Estación de Renfe, en Valencia, sin ir más lejos, el futuro Parque Central o, más recientemente, la operación de Tabacalera, en las Cortes Valencianas sus miles de millones de los de antes y sus propiedades, el Ministerio de Defensa, con sus cuarteles y sus campos de tiro, el Valencia CF y Bautista Soler, si los dejaran, con su campo de fútbol, el Consell anterior con la recalificación de los terrenos donde ahora se levanta Terra Mítica, y así decenas de ayuntamientos de la costa y del interior. Mismamente, si no se ha enterado, en Gandía ya se plantea, como lo más normal del mundo, recalificar nuevas zonas urbanas para obtener gratis los terrenos del hospital. Digo todo esto de un tirón y sin pensarlo demasiado. ¿No es acaso una pura especulación que ahora el Consell quiera modificar la Ley del Patrimonio para que se pueda agilizar la prolongación de Blasco Ibañez de Valencia o construir el Palacio de Congresos del Benacantil de Alicante creando una ley de quita y pon, más adecuada para quienes especulan, aunque sea por legítimos y públicos intereses? ¿No especula la CEV cuando vende un edificio de aquella manera para salir adelante con sus gastos lo mejor posible? Hasta un hombre justo y limpio de los pecados políticos como el portavoz del PSOE en la Vila Joiosa, Jaume Ramis, dicen que tiene los días contados y que le están moviendo la silla, sencillamente porque no traga con ciertas cosas de la política urbanística. Y no digamos ya de los millones y millones de metros cuadrados que han cambiado su uso para poder aplicar la fórmula de hotel, chalets y campo de golf. Cuántos ayuntamientos y alcaldes no han dilapidado el patrimonio de sus pueblos para conseguir unos dineros- ya digo, poniéndonos a las buenas- para mejorar las condiciones de la localidad o para mejorar las de quien sea. Todo esto ha hecho que para el común de las personas cada recalificación de suelo sea sospechosa y corrupta hasta que no se demuestre lo contrario.

Pues con todo eso, con toda ese magma viscoso y devorador subiéndonos por los pies, al líder de los socialistas, Joan Ignaci Pla, sólo se le ocurre decir que en la moción de censura a la alcaldía de Náquera, ese paradigma y vivo ejemplo de cuanto aquí se ha dicho, retira sus palabras de que detrás hay intereses urbanísticos y lanza la especie de que si el PP y UV le han arrebatado la alcaldía a su partido se debe a «un problema de definición política más que a un problema vinculado a la especulación». Ahí lo tienen: el líder de la oposición parlamentaria en la Comunidad Valenciana.

Y, para postre, el geógrafo y político Oriol Nel.lo, que ha dirigido a 23 profesores en la elaboración del libro«Aquí no» sobre 16 proyectos urbanísticos, confirma que, efectivamente, la falta de planificación agrava los conflictos por el uso del territorio. ¿Y quien tiene que planificarnos el futuro del crecimiento en la Comunidad Valenciana con la Ley de Ordenación Territorial? Rafael Blasco.