La fuerza moral

2003-05-31Publicat per: Levante
¿Con qué fuerza moral se puede salir a protestar contra el gobierno municipal cuando éste se ha visto favorecido por la mayoría de los votos de tu barrio y de tu ciudad? Hace unos días se planteaba públicamente esta pregunta quien tenía la obligación de responderla. Como demostró no saber, lo haremos por ella. La fuerza moral para protestar que demuestra un buen número de vecinos del Cabanyal y de otros barrios maltratados de Valencia nace de la razón, y por si fuera poco, de la razón del Derecho (razones que no siempre van de la mano).

La apisonadora informativa del poder y los intereses creados ha marcado a fuego la idea de que una mayoría de sufragios valida cualquier decisión política, por irresponsable o ilegal que sea. Sin embargo, mal que pese a algunos, eso no es así, o al menos no es así en los Estados de Derecho, y presuntamente vivimos en uno.

Un comportamiento racista es ilegal y reprochable aunque lo practique la mayoría, la guerra en Iraq ha vulnerado gravemente el Derecho internacional por más que Aznar pueda sentirse vencedor en las últimas elecciones, y la destrucción del barrio del Cabanyal por el proyecto de prolongación de Blasco Ibáñez va en contra de las personas, del patrimonio histórico y del ordenamiento jurídico, independientemente de una alcaldesa abonada a la mayoría absoluta.

A estas alturas, todos sabemos los tristes límites de nuestro sistema representativo, que representa cada vez más los intereses de los gobiernos y sus clientes y cada vez menos las inquietudes vecinales (y por favor, no confundir representación democrática rigurosa con bonanza económica -aparente o no- y nivel de empleo -precario o no). Todos conocemos, además, los tristes límites de la oposición política, en general más preocupada de representarse a sí misma que a los perplejos ciudadanos, apresuradamente atendidos en el mercado de barrio en época de campaña electoral.

Pensar o decir esto no tiene nada de radical, como no lo tiene salir a la calle a manifestarse, ni pedir información veraz -se trata de derechos constitucionales-, ni exigir diálogo de las instituciones con las personas afectadas gravemente por proyectos urbanísticos, ni pedir una actitud sincera para favorecer la participación ciudadana (es decir, bastante más que la firma de una carta de intenciones). Radical es despreciar y silenciar desde el poder a los más débiles, radical es retorcer la ley en beneficio propio, radical es negociar por razón de partido con bienes públicos. Radical es ser cargo público y mentir.

¿Con qué fuerza moral? Con la de los que no están vendidos, la de los que no se sienten representados, la de los que piensan que la ley es igual para todos, la de los que deploran el uso vergonzante de los medios de comunicación, la de los que aspiran a otra forma de gobierno, la de los que no se van a callar frente a las arbitrariedades, la de los que saben que tienen derecho a participar fuera de las elecciones, la de quienes no excluyen a nadie pero están en condiciones de hablar y discutir sobre los proyectos que les afectan. La fuerza moral de los que saben el sentido de la palabra ciudadan@.

Fernando Flores - Profesor de Derecho Constitucional de la UVEG. Miembro de la Plataforma Salvem el Cabanyal