Marítim: violencia por omisión

2011-11-22Publicat per: Levante
Comenté en un artículo anterior que la única manera de encontrar solución satisfactoria al conflicto del Marítim pasa por entablar un diálogo constructivo entre las partes que, con mayor o menor legitimidad, tienen algo que decir acerca del futuro del barrio.
Es el camino que se pide desde todas las instanciasÉ excepto la municipal porque la alcaldesa ha contestado que ni hablar a una petición de entrevista solicitada por la plataforma Salvem el Cabanyal, mientras ésta no abandone la violencia.
Confieso que he quedado perplejo cuando me he enterado de la contestación, porque reconozco en la alcaldesa sus grandes dotes de profesionalidad política, de la cual he sido testigo directo en numerosas ocasiones. Existen muchas clases de violencia y, vaya por delante, de todas ellas estoy en contra, incluso de la verbal, tan en boga hoy en día, desgraciadamente. Me molesta, aunque entiendo la dificultad de evitarla cuando se produce en el marco de actos tumultuarios.
No puedo negar que en asambleas del mencionado grupo vecinal se han proferido insultos contra nuestra primera autoridad municipal.
Pero la alcaldesa, como persona acostumbrada a participar en este tipo de actos, sabe que estos desmanes verbales son difíciles de evitarÉ y fáciles de provocar.
Por lo que se refiere a la violencia física, no conozco de ninguna agresión que haya podido estigmatizar la historia del mencionado colectivo vecinal. Por supuesto que ha habido rifirrafes que pueden merecer distintas apreciaciones, pero violencia, tal como se entiende mayoritariamente, nunca. Otra cosa es que se haya tenido interés en acuñar el término para provocar determinados impactos mediáticos o facilitar excusas, como la contestación a la referida petición de entrevista.
Sin embargo, a mi juicio, en la política municipal hay una forma de actuar soterrada, calculada e implacable, que es la de no hacer nada por la recuperación de un barrio.
Condenar la convivencia y la calidad de vida por no querer abandonar posturas ni proyectos cuya utilidad pone en duda la mayor parte de colectivos, profesionales y sociales.
¿Podría llamarse violencia en un sentido lato? Pues bien, no querer hablar del futuro del Marítim -que, por cierto, y no me cansaré de repetirlo, es la gran oportunidad para la ciudad- también es una forma de violencia.