Planificación urbana de catálogo. Revitalización o demolición: El conflicto sobre el barrio del Cabanyal divide Valencia

2002-03-09Publicat per: otros
DER STANDARD (Austria)

La abuela recuerda con cariño otros tiempos, cuando los pescadores salían todos los días al Mediterráneo: "Todos ayudaban, también los niños. A menudo empezábamos a trabajar a las tres de la madrugada, después íbamos a la escuela", cuenta la "Señora Lola", como se llama a la anciana de 82 años por sus vecinos en el barrio del El Cabanyal. Casas de dos pisos bordean a ambos lados la nave alargada, construida en 1909. Una construcción de madera y acero, con una cubierta de ladrillo. "Aquí vivían las familias de los propietarios de los botes", cuenta Lola. "En el medio había lavaderos y mesas de piedra. Allí limpiaban las mujeres el pescado" Los compradores recibían los cestos con la mercancía.

Los pescadores de El Cabanyal viven sólo del recuerdo. Las grandes flotas pesqueras, a unos kilómetros en el puerto de Valencia, han relevado a los pequeños botes. "Ahora tiene que desaparecer también la lonja del pescado", protesta Lola. Se sustituirá por una gran rotonda para el tráfico, así está previsto en el Plan de la alcaldesa conservadora Rita Barbera y de su delegado de urbanismo Miguel Domínguez. Quieren prolongar la Avenida Blasco Ibáñez, de cuatro carriles, que surge del centro de la ciudad, prolongarla hasta el mar, para unirla al paseo marítimo. Para esto hay que abrir un pasillo de 148 metros de ancho a través de El Cabanyal. Varios cientos de casas, 1650 viviendas, están amenazadas de demolición. Esto activa las protestas, no sólo de la señora Lola. "1200 familias perderán su hogar", dice Faustino Villora, el presidente de la iniciativa ciudadana para la protección de El Cabanyal. El profesor de economía en un instituto está afectado directamente, como Lola. La casa que Villora ha heredado de su abuelo, está ahí, donde está previsto que circule el tráfico a la playa. "No respetan ni siquiera edificios protegidos por el patrimonio histórico", se queja Villora. La calles, largas y estrechas de El Cabanyal, se inician detrás de la lonja del pescado. Están bordeados de casas de dos o tres pisos. En otro tiempo aquí había barracas de barro y paja. Cuando muchas de estas primitivas construcciones fueron pastos de las llamas, en 1796, construyeron los habitantes auténticas casas, copiando lo que veían en la ciudad de Valencia, que se encontraba a cuatro kilómetros de distancia. A través del Modernismo, Art déco, Racionalismo, los pescadores de El Cabanyal reinterpretaban la arquitectura de su tiempo. Así surgió un tapiz remendado y multicolor de ladrillos y colores pastel. Muchas de las estrechas fachadas están adornadas con imágenes y ornamentos en azulejos. Muchos balcones y terrazas se transforman en verano en habitaciones, como la propia calle. La mitad de los 774 edificios de El Cabanyal, calificados de dignos de conservación, tienen que ser derribados. Entre ellos el teatro del barrio, construido a principio del siglo XX. "Lo que fue catalogado de digno de conservación puede ser ahora descatalogado", defiende el urbanista Miguel Domínguez. A fin de cuentas él es el autor de la lista de edificios del patrimonio.

Ya en 1888 surgieron las primeras ideas de un "nuevo camino de Valencia al mar".

La Avenida de Blasco Ibáñez fue creciendo de década en década, pero nunca llegó al mar.

"Saneamiento destructivo", este reproche lo rechaza Domínguez. "Se trata, más bien, de un plan para la regeneración de El Cabanyal", explica el urbanista. La apertura del barrio es importante para terminar con problemas como el tráfico de drogas. En "Un eje del barrio" debe convertirse la Avenida, "así como los grandes ejes de Madrid o Barcelona", afirma exaltado Domínguez. Pero sobre el hecho de que los camellos se hayan asentado allí, donde por causa del proyecto de prolongación no se ha invertido ni renovado nada desde hace años, sobre eso calla Domínguez, así como sobre la crítica de los vecinos de que policía mira a otro lado para así desmoralizar a los que protestan.

En los últimos años arquitectos famosos han dado alas a Domínguez. El Palacio de Congresos es obra de Forster, Bofill modeló parte del antiguo cauce del río que atraviesa la ciudad y Calatrava diseñó los edificios de la Ciudad de las Ciencias.

Una nueva red de metro y tranvía, así como de carril bici, crean alternativas al coche. Nuevos jardines invitan al paseo y, por si no fuera poco, Domínguez y su equipo han logrado activar y vitalizar el casco antiguo, amenazado de ruina. Créditos baratos para la compra de pisos atraen a los jóvenes. Precisamente ahora, cuando inicia su "obra del siglo", se pretende que ésta no tenga valor, y esto por "unos pocos que protestan". "Los que se oponen son siempre los mismos, gente con orientación de izquierda", así intenta Domínguez quitar importancia a las manifestaciones, huelgas de hambre, exposiciones y perfomances para "salvar El Cabanyal". Uno de los que critica el urbanista de "estar en contra de todo lo nuevo", es Vicente Vidal, profesor de arquitectura y vicerrector de la Universidad Politécnica de Valencia. Su facultad ha publicado estudios sobre el pueblo de pescadores El Cabanyal. "El concepto urbanístico es modélico". Las calles tienen un recorrido paralelo a la costa, de Norte a Sur, muy distinto del de las torres a lo largo de la Avenida de Blasco Ibáñez, que transcurre de Este a Oeste. La brisa marina refresca las casas de El Cabanyal en el caluroso verano.

"En lugar de una calle el barrio necesita un plan de saneamiento. El Cabanyal es como un tapiz de fino entrelazado. Si se cortan fibras en el medio, se deshila todo", opina Vidal. El futuro está en manos de los jóvenes artistas e intelectuales, que en los últimos años se han ido estableciendo cada vez más en El Cabanyal. Sólo si se respetaran los mecanismos y estructuras sociales propias del barrio sería posible revitalizarlo. Y sobre la frase predilecta de Domínguez del "Proyecto del siglo", el profesor de arquitectura ironiza: "Los urbanistas siempre han tenido esa idea descabellada de ser los elegidos para completar la ciudad. Pero esto es imposible. Las ciudades son algo dinámico. Por esto los proyectos no tienen ninguna validez definitiva.