¡Menos mal que nos queda el Cabanyal!

2002-02-08Publicat per: Cartelera Turia
La calle unida jamás será vencida. Lo que según algunos ya es pura arqueología, simple y vacía retórica trasnochada, despojos cutres de lo de antes, ahora resulta que todavía sirve. Los gritos de la calle arrumbaron las torres de Jesuitas y los gritos que no han parado de escucharse en Valencia desde el puerto al Palacio de Congresos han dejado en punto muerto la voluntad enfermiza de Rita Barberá y su partido de romper los poblados marítimos para que los coches fueran a mil por hora hasta la playa.

El Tribunal Superior de Justicia ha suspendido cautelarmente el proyecto de derribar varias manzanas del Cabanyal-Canyamelar y de dejar en el abandono físico y moral a quienes viven allí desde que nacieron. El urbanismo inhumano del PP se ceba en los andamios sentimentales que sustentan la vida de mucha gente y celebra en su lugar la marabunta del triunfo de sus intereses particulares. Una vida entera viviendo en el mismo sitio, que es también el sitio donde vivieron siempre sus antepasados, no es nada cuando se trata de que el dinero se multiplique en los bolsillos de arquitectos, políticos, promotores y constructores; aunque sea a costa de sacrificar la historia de un pedazo grande de la ciudad y de emborronar con desprecio el alma de sus habitantes.

Los caminos al mar son infinitos pero no todos sirven para aumentar el volumen de euros de quienes ya son más ricos que Bill Gates. Por eso se trataba de inventarse una excusa para que el plan urbanístico del ayuntamiento saliera adelante: hay que alargar la avenida Blasco Ibáñez hasta la playa. No hasta el mar sino hasta la playa, porque a los del gobierno municipal el mar les importa un pito. A ellos sólo les interesa la playa, la fanfarria turística de los veranos, sólo eso. Para ellos, como humoraba más o menos Joseph Pla, el mar es una gran cazuela donde preparar una solemne mariscada. Para ese gobierno, con su alcaldesa a la cabeza, el mar es un tostadero de pieles a la crema y tostadas sin condón protector al sol inmisericorde del verano. Así que mejor una carretera recta que te permita ir quitándote ropa mientras conduces y llegar a los chiringuitos playeros sin perderte por las curvas del puerto y las callejuelas hermosas del marítimo. Y si de paso levantamos a los lados de las ruinas rascacielos altísimos mejor que mejor y el negocio sale redondo. Eso piensan los del ayuntamiento y por eso se inventaron el plan de remodelación del Cabanyal que ahora se ha cepillado el Tribunal Superior de Justicia.

La calle unida jamás será vencida. De momento hay que celebrar el triunfo de la cabezonería ciudadana, de la entrega a una causa que muchas veces mucha gente daba por perdida. Una vez más la respuesta cívica ha dado resultados. No sé si ahora, los del PP en el ayuntamiento se cabrearán y se ensañarán, más todavía, con los otros sitios que también queremos salvar de las excavadoras: La Punta, lo que queda de huerta en Campanar y otras periferias, la siempre pendiente esquina de Jesuitas con su hotel en perspectiva, el centro histórico y su batiburrillo de planes de rehabilitación tan inciertos como embarullados. Y más, seguramente más sitios que me dejo porque esta ciudad es cada vez más pasto de la vocación de terminator que sacude las entrañas de esa mujer autoritaria y sus exterminadores a destajo.

El dictamen del alto tribunal no sé hasta dónde obliga a la paralización del proyecto urdido por el Partido Popular en el ayuntamiento de Valencia. Está claro que, por ahora, lo deja quieto parado. No sé si la alcaldesa se atreverá, con las elecciones por delante, a seguir con su plan de romper el Cabanyal para que la avenida Blasco Ibáñez sea un circuito automovilista como el de Cheste. Creo que no se atreverá: al menos de momento. Cuando lleguen elecciones, si las gana (¿seguirá la izquierda dándole permiso para sea victoria con sus líos internos?) seguro que volverá a sus andadas. Al fin y al cabo ya sabemos que quien paga manda y en esta ciudad ya hace tiempo que no mandan la alcaldesa ni los concejales del PP sino los señores del dinero. Pero bueno: eso será entonces. Ahora hay que celebrar, con la gente del barrio y esa necesaria e incansable plataforma de Salvem el Cabanyal, las mieles del éxito.