La Batalla del Cabanyal

2002-02-08Publicat per: Cartelera Turia
Alto a la piqueta. El Tribunal Superior de Justicia ha suspendido, hasta tanto dicte una sentencia que puede demorarse unos años, los derribos planificados desde el Ayuntamiento de Valencia y los grandes intereses de la construcción que diseñan –es un decir- la trama urbana de la ciudad. El cúmulo de chapuzas legales por parte de los urbanicidas no oculta las verdaderas intenciones de quienes encabezados por la alcaldesa Rita Barberá, nada menos, pretenden liquidar un conjunto urbano que aún conserva un entramado patrimonial, histórico y social digno y necesitado de rehabilitación. Pero el poder de las plusvalías se resiste a las demoras, y la alcaldesa y sus aliados han perdido, un poco más, los papeles. La amenaza que se cierne sobre este antiguo pueblo absorbido por la metrópoli no permite bajar la guardia ante la barbarie proyectada. La batalla no ha terminado. Ante el revés judicial, el búnker político-financiero contraataca con la coacción: se insinúa que las excavadoras avanzarán a través de la zona desamparada por la sentencia, se tienta a los vecinos para que acepten compensaciones por sus renuncias, y se sugiere que la supuesta –y momentánea- protección derivada de la falta de una sentencia firme impide actuaciones restauradoras y, por lo tanto, persistirá la degradación y sus consecuencias en la vida del barrio. A todo ello, como al conjunto urbano declarado Bien de Interés Cultural pero desprovisto del consiguiente plan de protección, la alcaldesa lo llama desarrollo sostenible y equilibrado, como a los centenares de derribos proyectados se les denomina regeneración. Sarcasmo, al fin. En cualquier otro país desarrollado, en vías de modernización o con una mínima cultura cívica, un paisaje urbano como El Cabanyal y el Canyamelar serían joyas codiciadas cuya conservación no toleraría semejantes excesos. Ni los perpetrados, ni los que se pretenden acometer. En esta extraña y enferma sociedad, sin embargo, cualquier aberración no sólo es posible, sino lógica. Menuda tropa política, la que nos gobierna. Por el contrario, hay que elogiar la dedicación y animar a cuantos batallan desde plataformas como Salvem el Cabanyal y similares, que desde principios insobornables, entrega pasión por un entorno urbanístico y social armónico, compensan el déficit organizativo y representativo de una izquierda huérfana de liderazgo, a la par que parcialmente ausente y ensimismada.