El Cabanyal: la hora del diálogo

2002-02-05Publicat per: El Mundo
La decisión del TSJ de suspender cautelarmente la parte del PEPRI del Cabanyal-Canyamelar que incluía la polémica prolongación de la avenida Blasco Ibáñez hacia el mar a través del histórico poblado marinero constituye un serio aviso para el consistorio valenciano.

Porque el urbanismo no puede conformarse con ser técnico y económicamente viable, sino que primordialmente debe ser socialmente aceptado, máxime cuando se pretende actuar en territorios tan especialmente sensibles para los ciudadanos.

De ahí la prudencia del alto tribunal haciéndose eco del rechazo y las críticas, tanto de los movimientos vecinales, como de destacados profesionales (Oriol Bohigas...) e instituciones (Facultad de Bellas, Derecho, Colegio de Arquitectos...).

Conviene recordar que, además la victoria de Rita en las urnas aun siendo abultada (Ley Electoral...) su supuso ni siquiera el voto de un tercio del electorado (el 42% del 68%). Es decir, que dos de cada tres valencianos le negaron su apoyo.

Por ello, resulta inconcebible que en democracia no se recurra al CONSENSO y a los CONCURSOS DE ARQUITECTURA, a fin de contar con una verdadera tormenta de ideas sobre lo que consultar a los vecinos. ¿Acaso tiene sentido que un proyecto de tal envergadura cuente con UNA ÚNICA OPCIÓN fruto una vez más (Balcón al Mar...) de un encargo directo?

Cierto, que en el fondo, el conflicto se debe a dos visiones totalmente diferentes del urbanismo. Por un lado, la derecha municipal entiende que el diseño de la ciudad debe reducirse al de su sistema viario y de sus redes de transporte debiendo ser la iniciativa privada (v.g. “operadores del suelo”) quien, atraída por las importantes plusvalías, decida con criterios de pura rentabilidad económica el futuro y la forma de toda acción urbanizadora.

Frente a ese modelo de planificación desarrollista y pragmatismo mercantil, la izquierda y los sectores más progresistas de nuestra sociedad abogan por la necesidad de un urbanismo solidario y ecológicamente consciente que ponga frente a un crecimiento sin más rol que el de la especulación inmobiliaria. De ahí su defensa de las tramas históricas frente a los procesos de sustitución masiva y, sobre todo, su apuesta por políticas sociales para paliar el progresivo deterioro de la calidad de vida de los valencianos (bolsas de delincuencia –600 coches quemados-, supermercado de la droga, prostitución, pobreza, ruido...).

Por todo ello, y siendo por un lado enorme y también antigua la deuda que nuestra ciudad tiene con el Marítimo (abandono, degradación...) y, por otro, muchas las posibilidades y alternativas (rehabilitadoras integrales reequipamiento, transporte colectivo....) que su recuperación y el de su waterfront ofrecen, resulta imprescindible reiniciar un NUEVO DIÁLOGO SOCIAL, reconsiderando el proyecto globalmente.

Porque sobre todo, y en primer lugar, es necesario y urgente cambiar copérnicamente las formas: escuchar a los vecinos y, sobre todo, a los expertos, anteponer el interés general a los intereses del capital inmobiliario y al afán de lucro de unos pocos, cuestionar sin ambages la opción única y excluyente planteada y convocar un concurso internacionales de ideas (que incluya el Balcón al Mar) que permita definir una propuesta más rica y solvente, priorizar las acciones sociales al barrio...En suma, respetar más la ciudad y sus ciudadanos, pues la bondad del urbanismo depende de la amplitud de su respaldo social.