Avenida de Blasco Barberá

2002-02-04Publicat per: Levante
No tenía la señora alcaldesa el ánimo muy atento a su imagen en el futuro. Podría quedar como la gran alcaldesa que fue capaz de renunciar a un proyecto de apertura de Blasco Ibáñez para converger con los vecinos del Cabañal en un gran plan de rehabilitación, modélico más aún en la capacidad de utilizar la participación popular, que en servicios, logros y elegancias urbanísticas. Podía haber tomado el fallo judicial que le impide derribar la zona BIC como ocasión de hacer otra cosa, no de seguir la “poderosa geometría de Blasco Ibáñez” de que hablaba Alejandro Escribano, sino la poderosa química que ha mantenido estos años unidos a los vecinos de la coordinadora, el poderoso aglutinante que les ha vinculado a arquitectos y artistas, a valencianos de otros barrios cansados de ver cómo sólo la recta y la altura se gastan en los planos, cómo se derriba todo lo que no es igual a todo. La señora Barberá dice que seguirá adelante hasta donde no le dejan y una mala leche comprensible pero inaceptable de un edil le hace amenazar a quienes por voluntad judicial se escapan a su guadaña. Imagina llegar hasta los pies de las detestables calles salvadas con la civilización y el progreso y dejar -¿con qué derecho?- sin servicios, deteriorándose, lo que precisamente le han recordado que debe salvar. Hay una clara voluntad de jerarca fascista, donde hubiésemos querido ver una actitud dialogante, una capacidad de entender que en urbanismo no hay verdades al margen de cómo vive el pueblo sus viviendas y sus calles. Doña Rita seguirá la geométrica geometría del paseo del director de El Pueblo –joven republicana rebelde ella ahora, quien lo diría-. Imagina quizás que queda así ajustada su función social y ya, hecha una mierda la zona protegida por su descuido, otro alcalde acabará la magna obra. Exigiremos la rehabilitación Salvaremos el Cabanyal. Lo suyo será sólo la Avenida de Blasco Barberá.