El TSJ de la CV ha suspendido el plan del Cabanyal que preveía prolongar Blasco Ibáñez a través de una estructura urbana protegida. Los vecinos muestran ahora su esperanza para que, tras 30 años de incertidumbre, el barrio pueda ser rehabilitado

El Cabanyal primer asalto

2002-02-03Publicat per: Levante
El barrio del Cabanyal de Valencia está de fiesta desde que el pasado jueves el pleno de la sala de lo contencioso administrativo del Tribunal Superior de Justicia paralizara la prolongación de la avenida Blasco Ibáñez por la zona protegida de esa zona de los Poblados Marítimos. Los vecinos lo sintieron como un triunfo suyo que, de momento, salva la trama urbana de Poble Nou de la Mar.
Los residentes de la zona por donde el Ayuntamiento de Valencia debía ejecutar la prolongación se han mostrado satisfechos de la decisión del TSJCV de paralizar el proyecto pero recuerdan que, una vez más, se estanca la rehabilitación de viviendas, al tiempo que la venta de drogas continúa y la ocupación clandestina de viviendas se sigue consintiendo.

Son más de 39 años de incertidumbre los que llevan padecidos los vecinos del barrio de los Poblados Marítimos. Hoy día muchos siguen con sus propiedades en esa zona pero ya no residen por las múltiples trabas que siempre han tenido para rehabilitar sus viviendas y si lo hacían era con el temor de que la piqueta terminará con su casa. Una gran parte se trasladaron a otra zona del barrio pero otros se fueron “a Valencia”, en expresión aún corriente en el barrio.

No ha habido una gran celebración festiva pero el acuerdo no cesó de ser el protagonista de los corrillos de la gente en la calle, en las bodegas, en los comercios y en los bares del barrio... pero sobre todo en las calles de Pescadores, Doctor Lluch, Amparo Guillem y Escalante, el área donde se estanca el proyecto.

El paisaje que el pasado viernes ofrecía ese rectángulo era, como lo es hace tiempo, desolador por la imagen de abandono y de degradación: casas vacías; otras ocupadas, unas con fachadas adecentadas; familias de etnia gitana en las calles con gallos de pelea.

Si ese es el aspecto diurno, durante la noche, da un giro de 180 grados. Las aceras están desiertas y sólo pasean por las calles Progreso, Padre Luis Navarro y José Benlliure quienes viven en ese entorno para ir a sus domicilios. La imagen más bien se parece a la de un ghetto con hoguera incluida. El ir y venir de vehículos de marca y los paseos de toxicómanos es algo normal. Como dice un vecino de la zona que prefirió guardar el anonimato “desde nuestras casas vemos como se vende droga, como se la inyectan, pero no vemos a la policía”.

Vecinos orgullosos de su lucha

Y dentro de esa lógica alegría, después de años de lucha y protesta que hoy, aunque provisionalmente, dan su fruto –como bien recordó el portavoz de la Plataforma Salvem el Cabanyal, Faustino Villora, “el triunfo es de todos” en referencia a los colectivos que han luchado por el logro- también se notó entre los vecinos malestar por las declaraciones de la alcaldesa de Valencia Rita Barberá, sobre que 457 propietarios de edificios existentes en la zona paralizada querían vender para facilitar la ejecución de la prolongación. “Esos no viven en el barrio ni tampoco han nacido aquí. Ellos tienen las viviendas bien alquiladas, ocupadas o vacías y por eso lo hacen, porque no residen ni tampoco, algunos, han nacido aquí”. La realidad es que varios vecinos de los consultados ayer por Levante-EMV son dueños de sus casas y en ningún caso quieren marcharse de “su pueblo” y la sensación de prepotencia de Barberá es lo que les quedó.

Con la satisfacción de ver como ahora al menos en varios años no se podrán tocar los edificios han recibido estos días una carta del Ayuntamiento de Valencia, que firma el concejal de Urbanismo, Miquel Domínguez, comunicándoles que la organización Pavimar había presentado un recurso en el TSJCV y disponían de algunos días para alegar. La notificación, que llega algo tarde, ha generado confusión al coincidir con la decisión de los magistrados del pleno de la sala de lo contencioso.

Uno de los corrillos de tertulia tiene lugar en uno de los bares más emblemáticos e históricos del pueblo, El Polp, y todos coinciden en que la prolongación es innecesaria “porque hay varias avenidas que llegan al mar como la de los Naranjos, que al parecer retrasan su ejecución porque les interesa; la de Baleares y la de Francia además de la del Puerto. Lo vemos muy claro, son intereses especulativos”.

Otro de los aspectos que recuerdan es “la unidad de los vecinos por mucho que digan las autoridades y, por supuesto, habrá algunos defensores de la prolongación pero son del PP e incluso militantes de ese partido si están perjudicados por el plan no lo ven con buenos ojos pero callan. Hay también militantes que viven aquí pero se van a marchar del barrio. Así lo defienden”, sentencian.

En el calor de sus hogares otros muchos vecinos sabían ya de la paralización. Una de ellas María Botella, comenta: “yo nací aquí y quiero seguir aquí. No me moveré y confío en el Cristo del Salvador y en el del Salvador y el Amparo –dos de las advocaciones con devoción en el Cabanyal y en la Semana Santa Marinera- para que me ayuden a seguir con salud y permanecer en mi casa. La decisión del tribunal me ha parecido cojonuda”. Ella quiere ahora recuperarse de un dolor de oído para ir a pasear a la playa, la del Cabanyal, la que pintó Sorolla y donde desembocará la avenida.

Mercedes Llamosí, dueña de uno de los primeros edificios de la calle Escalante, cuyo derribo ha quedado paralizado, también habla claro: “lo que quiero, y queremos muchos, es una sentencia firme porque de lo contrario no sabremos qué hacer. Lo que debe hacer es limpiar algunas calles para no permitir el deterioro de la convivencia”.

Un trabajador de un comercio de muebles de la calle Barraca y Reina afectado por la prolongación, José Delgado, recuerda lo innecesario de partir un barrio por la mitad y destruir su trama histórica. “Miré, yo vivo en la Malvarrosa y trabajo aquí 37 años. Lo que sigo sin ver es la llegada de la avenida de los Naranjos hasta el mar”, dice.

El propietario de un estanco de la calle de la Reina, Serbio Miquel, explica: “estoy afectado empresarialmente por la desaparición del comercio. La decisión me parece correcta pero soy contrario a que no se haga nada de nada”. Para Santiago Polo las declaraciones de Barberá son “altisonantes y una manera de limitar el veredicto. ¿Qué va a decir la señora después de perder la batalla? Hace falta un plan de rehabilitación. Muchos creemos que el PP tiene falta de voluntad política para arreglar el barrio”. Así habó Polo quién recuerda los años de luchas en la calle para lograr uno de los triunfos más importantes cuyo final del túnel todavía no se ve.

El Bronx del Marítimo

El rectángulo de viviendas del Cabanyal que la prolongación no tocará hasta una sentencia firme es uno de los más degradados del barrio y donde todos saben que el tráfico de drogas es habitual. Uno de los vecinos de esa zona recibió protección policial por amenazas y agresiones de miembros de una de las familias y otro atestiguó está semana: “hace unos cinco años vivían cinco familiar de etnia gitana integrados plenamente en el barrio pero hoy día esa situación ha cambiado porque nadie pondría la mano en el fuego por ninguna”. En pleno centro de la zona se encuentran dos locales de cofradías de la Semana Santa Marinera, una de las cuáles, la de la Corporación de Sayones, tuvo un altercado el año pasado con algunas familias, y dos casales de comisiones falleras. Ellos, que realizan las actividades durante la tarde noche también son conocedores de la situación y de las dificultades que tienen.

Esa no es la única con esos problemas. Otra se encuentra también justo en un área que el Plan del Cabanyal-Canyamelar pretende hacer desaparecer para crear una nueva avenida intercomunicadora entre el norte y el sur, la de las calles San Pedro y de los Ángeles. La tercera está en el barrio del Canyamelar.

Para muchos de los vecinos de “Poble Nou de la Mar” el Ayuntamiento ha consentido esa situación porque no ha obligado a los dueños de las viviendas a impulsar los desalojos de las ocupaciones ilegales de unas casas con deficientes condiciones de salubridad. Si de noche nadie pasea por esa zona durante el día lo son contados y también con ello se ha perdido el circuito peatonal que los vecinos realizaban para ir al puerto y volver. Sólo la calle de la Reina genera seguridad. La Asociación de Vecinos del Cabanyal-Canyamelar ha dirigido numerosos escritos al Ayuntamiento denunciando la inseguridad ciudadana que día a día aumenta pero la reacción de la corporación local y de las fuerzas de seguridad ha sido nula para los vecinos, porque todo sigue igual.

Los dirigentes ciudadanos recordaron el verano pasado al Ayuntamiento la obligación de mantener limpias las calles, de que las viviendas tuvieran un ornato. Y todo ello porque la legislación lo permite pero hasta ahora apenas se han usado las herramientas legales para aplicarlo.

Uno de los vecinos nacidos en el Cabanyal manifiesta que “ahora en los poblados marítimos viven unos 2000 gitanos y la gran mayoría precisamente no se dedican a vender en los mercados. Con esta expresión pueden calificarnos a muchos de racistas pero es inexacto porque aquí siempre han vivido estas familias pero nunca han generado conflicto alguno y ahora si. La policía pasa de vez en cuando y haría falta más personal para terminar con esta situación y otras medidas para que haya un decoro en las calles y evitar situaciones desagradables”.