Guía turística del Cabanyal para jueces del TSJ

2002-02-02Publicat per: ABC
Un grupo de magistrados del Tribunal Superior de Justicia de la Comunidad Valenciana ha suspendido cautelarmente la prolongación de la avenida Blasco Ibáñez alegando que el perímetro delimitado entre las calles Escalante y Doctor Lluch constituye una zona catalogada Bien de Interés Cultural (BIC).

Puestos a emitir juicios, me imagino que los siete magistrados que consideran que entre estas calles lo que hay es la octava maravilla del arte habrán dado un paseo vespertino con sus esposas, hijos y/o nietos para ver de cerca la realidad del barrio sobre el que deciden su futuro.

En el caso de que no lo hayan hecho, gustosamente me brindo a señalizarles la ruta turística que deben realizar: una vez hayan dejado atrás la estación de RENFE comenzarán a comprobar, a derecha y a izquierda, cómo los edificios y jardines que coronan la avenida Blasco Ibáñez se convierten en plantas bajas abandonadas y algún que otro contenedor de basuras volcado en el suelo. No hagan caso, por cierto, del indigente del brazo en alto postrado en la acera apoyado en un cocha abandonado. Es un pobre drogadicto que apenas puede con su alma y, además cuando se encuentra bajo los efectos de la droga –se sabe rápido: lleva una jeringa colgando del brazo- es totalmente inofensivo. Siguiendo el camino, ya que vamos con los niños, que mejor idea que pasar por los jardines de la Plaza Doctor Lorenzo Flor, donde además comienza la llamada zona BIC. Lástima que, en vez de chavales lanzándose por un tobogán, veamos un grupo de “yonquis” contando los euros que les faltan para comprar su dosis. Pero nada, sigan tranquilos que eso me pasa a mí, y a mi madre, y a mi novia, todos los días y ya ni nos inmutamos. Sigan pues, digo, por la calle Amparo Guillem. Aquí sin embargo, ya es más difícil continuar sin sobresaltos. No se asusten. El joven del chándal que espera agazapado en la esquina sólo está vigilando la posible llegada de la Policía. No vaya a ser que se les estropee el negocio. El de la cazadora de piel y pelo largo que les aborda no les debe inquietar. Sólo quiere venderles “coca” o “caballo”, con lo que, si uno no quiere le dice que no y en paz. Aún podrá continuar, pero ni tengo ya ganas ni creo que a ustedes les queden. Lo normal será que den la vuelta y se vayan a los viveros o al Palau de la Música, mientras yo me voy a mi casa. Al fin y al cabo, uno -¡qué remedio!- se acaba acostumbrando a todo. Hasta a la zona BIC.