Incierto futuro para el Cabanyal

2002-02-01Publicat per: Levante
Tras darse a conocer el contenido del auto de la sala de lo contencioso-administrativo del TSJ de la Comunidad Valenciana sobre el polémico plan urbanístico del Cabanyal que incluye la prolongación hasta el mar de la avenida Blasco Ibáñez, queda claro que los magistrados se han limitado a aplicar lo que entienden por legalidad urbanística. Aunque ha habido extraños precedentes en sentido contrario como la sentencia sobre el Teatro Romano de Sagunto por parte de la misma sala, un juzgado no es el lugar adecuado ni competente para valorar cuestiones estéticas ni las formas de la ciudad que los planificadores y técnicos han decidido darle. El TSJ, esta ves si, simple y llanamente ha declarado que el plan del Cabanyal es, de momento incompatible con otra figura legal urbanística: la declaración como bien de interés cultural del núcleo principal del barrio marítimo, al que libran de la picota en primera instancia. Las entretelas del auto, sin embargo, son en este caso importantes, pues los magistrados han tardado demasiado tiempo –casi seis meses- en deliberar, y cuando parecía que se alcanzaba un cierto acuerdo entre ellos han trascendido cambios de criterio en las votaciones en cuestión de una semana, por no hablar de lo contradictorio del voto particular de algunos de los magistrados que han considerado este plan compatible con la protección y, en cambio, afirmaron que la intervención de Grassi en Sagunto no servía para salvaguardar los restos.

Tras el auto se brindaba a las partes un período de sosiego en la batalla –es posible que la sentencia firme del plan tarde de cuatro a seis años en producirse-, y de hecho destacados miembros del gobierno municipal así lo entendieron al valorar lo positivo de un enfriamiento. La alcaldesa Rita Barberá, por su parte, ya ha anunciado que continuará con los planes aprobados en la parte, la gran mayoría de la superficie, que no se ha visto afectada por el auto judicial y que llevará su recurso hasta la última instancia, lo que se ha visto en la otra parte como un gesto que enturbiará las relaciones al igual que su revelación de que hay buena parte de afectados, un 54%, que estaban dispuestos a negociar.