De París al Cabanyal

2001-05-06Publicat per: Levante
La administración acaba de aprobar un Plan Especial de Protección y Reforma Interior (Pepri) para el barrio del Cabanyal, declarado conjunto histórico y Bien de Interés Cultural. Se declara como objetivo del plan la conservación del patrimonio protegido, entre el que se encuentra la estructura urbana arquitectónica y social existente en el barrio. Para alcanzar dicho objetivo se pretende prolongar la avenida Blasco Ibáñez previo derribo de 1.651 viviendas y su sustitución por otras totalmente distintas.

En esas condiciones el asunto terminará en los tribunales y quienes nos oponemos al proyecto pensamos que no será difícil, en el momento procesal oportuno, probar que los efectos de dicho plan son los propios de una renovación urbana que no tiene nada que ver con la protección y conservación de lo existente.

Por otra parte, el Tribunal Supremo viene repitiendo que la naturaleza de los planes urbanísticos no depende de los nombres que se les dé, sino de sus propios efectos. Por ello, nosotros mantenemos que el plan, entre otras cosas, pretende una reforma urbana cuyos efectos sobre un conjunto histórico declarado BIC rechaza la ley. Por ello esperamos que en su día se declare que de protector solo tiene el nombre.

Por otro lado, en Francia, por primera vez las izquierdas acaban de ganar unas elecciones a la alcaldía de París después de 130 años de elecciones. Hechos aparentemente tan distintos como distantes.

Sin embargo, la causa por la que el Ayuntamiento de París se ha resistido tantos años a ser conquistada por el voto popular de la izquierda es la misma que sufrirán los vecinos del Cabanyal, si se llega a ejecutar el proyecto aprobado. Me refiero al desplazamiento forzoso de los vecinos naturales de un barrio que se produce como consecuencia de algunas renovaciones urbanas. Sobre todo de aquellas que significan una elevación del status de la zona renovada, y dejan sin capacidad económica para regresar a la misma a sus antiguos vecinos.

El Barón de Haussman

Trataremos de explicarnos. Antes de los 130 años que la izquierda ha tardado en conquistar París por medio de las urnas, eran tiempos de revoluciones y cada vez que habla un movimiento revolucionario, París, que era símbolo y centro del poder de la nación francesa, caía en manos de los proletarios, al ser éstos sus vecinos mayoritarios.

El asunto no era del agrado de la burguesía del momento. Sin embargo renunciaron al uso de las bayonetas corno medio de forzar la salida del centro de la ciudad de tanto radical incontrolado. Vieron en la picoleta un aliado más natural, porque ésta les permitía levantar la bandera de un progreso y un futuro, que hacía difícil adivinar los objetivos verdaderamente perseguidos.

La solución la encontraron de la mano del Perfecto de París, el Barón de Haussmanm, que, tras la Comuna de París, puso en práctica en el centro de la misma ciudad una renovación urbana consistente en la apertura, ampliación y alargamiento de calles mediante la destrucción de la estructura urbana preexistente. Para ello no tuvo inconveniente en demoler buena parte de la estructura medieval que pervivía aún en la ciudad, y expulsar de ella a la masa proletaria que se hacinaba en sus viviendas, porque precisamente ése era su objetivo. En su lugar construyó una ciudad moderna construida para las clases burguesas, que podían pagar los nuevos edificios, y que querían vivir alejadas de las masas proletarias, expulsadas del centro para poder ejecutar el proyecto y condenadas a vivir en los suburbios del extrarradio. Porque sólo en las afueras de la gran ciudad podrían comprar viviendas con los precios recibidos por la expropiación.

Mientras, las nuevas edificaciones alcanzaban precios tres o cuatro veces superiores al de las viviendas expropiadas. Los efectos producidos por dichos desplazamientos explican en gran medida las dificultades de la izquierda para ganar las elecciones en París durante tantos años.

Haussmanización

Desde esa fecha, a las renovaciones urbanas que persiguen desplazar a las vecinos naturales de un ámbito urbano para sustituirlos por otros de nuevo estatus se les denomina Haussmanización.

Desde que al Barón de Haussmanm le diera tan buen resultado la técnica, ha sido aplicada en distintas ciudades importantes. Pero ya hace algunas décadas que desde la disciplina urbanística se juzga como una técnica negativa y propia del pasado.

Sin embargo, a los vecinos del Cabanyal, la historia de la renovación urbana como bandera del futuro y el progreso les resulta familiar. Sobre todo desde que saben que pretenden darles por sus casa el 25% del precio de venta de las nuevas edificaciones. Y que ello les desplazara forzosamente del barrio a la mayoría de ellos, si se ejecuta el proyecto. Ello será así porque la reiterada generosidad proclamada por Rita Barberá no llega a 50.000 pesetas el metro cuadrado por vivienda expropiada. Mientras, las nuevas edificaciones no bajaran las 200.000 pesetas por metro cuadrado.

Nosotros pensamos que la culpa de todo la tiene la importante ubicación que el barrio ocupa dentro de la ciudad, bien comunicado, pero además entre la playa, el paseo Marítimo, el futuro Balcón al Mar y las universidades. Ello le convierte en uno de los bocados especulativos más apetecibles que le quedan a la ciudad. Y los conservadores parecen dispuestos a llevarse por delante a todos los que haga falta.