Un regalo anunciado

2001-01-14Publicat per: Levante
Primera paradoja. Parece que Rita Barberá se ha empeñado en salvar el Cabanyal arrasándolo, sin que sean evidentes los beneficios para la mayoría que se derivan del desolador empeño —ese «bien común» que justificaría semejante desvarío, esa amputación quirúrgica, violenta pero necesaria, al modo en que el cirujano cercena un miembro gangrenado— y sí sean, sin embargo, muy patentes los perjuicios para los directamente afectados: que somos todos los ciudadanos a quienes destruyen un patrimonio cultural que forma parte de la estructura social y urbanística de la ciudad, de su historia y su paisaje, su tiempo y su espacio. Que esa destrucción del patrimonio colectivo sea el empeño de quienes están destinados por mandato legal a protegerlo no deja de ser una nueva paradoja. Que, además, pertenezcan a un partido que se dice «conservador”, más que rizar el rizo del absurdo, le pone a uno los pelos de punta. (Al paso: no falta mucho para que los «progresistas» tengan que luchar por recuperar un pasado mejor —educación y sanidad públicas, conservación del patrimonio, reivindicación de la herencia cultural....—, mientras los conservadores neoliberales destruyen las posibilidades de un futuro razonable...). Pero es que, otra vez además, la alcaldesa no se ha contentado con salirse con la suya —que sospechamos, casi con certeza, es la de unos cuantos que buscan enriquecerse sin satisfacer otras necesidades que las de su codicia—, sino que se ha permitido un cierto recochineo. Efectivamente: el permiso para iniciar ¡a demolición ha sido recibido por la niña Rita como un magnífico «regalo de Reyes», y eso es algo que tiene que ver más con la psicología y el cinismo que con el proceso «legal» que se ha seguido y la verdad. Uno puede fingir alegría por cortesía, fingir un orgasmo por caridad, fingir interés por educación, pero, en este caso, uno sólo puede fingir sorpresa por desfachatez: la «vía libre» de la conselleria al proyecto de destrucción del Cabanyal no es un regalo que le han traído los Reyes Magos y que puede recibir alborozada, sino un proyecto cuyo resultado final estaba cantado de antemano. La crónica de un regalo anunciado.