Milenio

2001-01-09Publicat per: El País
Quién lo diría. Hemos mudado de año, de siglo y de milenio y casi todo sigue igual, como si tal cosa. Si no fuera porque el calendario no engaña, hasta se podría dudar de que nos encontramos ya en el año 2001, en el siglo XXI, en el tercer milenio. ¿Ha cambiado algo? Si miramos a nuestro alrededor, vemos que todo sigue más o menos igual, tanto en los asuntos que nos son más cercanos, como en aquellas cuestiones que nos resultan más lejanas pero que no por eso han de preocuparnos en menor medida. Entre las primeras, constatamos que el asunto de la lengua sigue estancado, sujeto a los mismos intereses políticos; que la legionella persiste -por más que nuestras autoridades se empeñen en dar por terminado el brote-, de manera que en Alcoy la gente se sigue contagiando; que el barrio de El Cabanyal de Valencia no se salva de la sentencia de muerte que el Ayuntamiento ha dictado para beneficiar a algunos especuladores; que nuestro Consell tampoco ha renovado sus oscurantistas costumbres, puesto que sigue negando a la oposición el pan y la sal de la información que debería servir para controlar al Ejecutivo; Canal 9 continúa ofreciéndonos a diario la misma bazofia, idéntica manipulación... Menos mal que ya tenemos trazado para el AVE -más vale tarde que nunca-, aunque ya veremos en qué queda, dado lo incierto de su financiación. En cuestiones menos caseras tampoco se perciben cambios sustanciales. Los accidentes de tráfico provocan cada día más víctimas, en algunos casos con circunstancias especialmente trágicas, como las que rodearon al siniestro de Lorca en el que fallecieron 12 ecuatorianos: explotación, miseria -que desgraciadamente son patrimonio de la historia, sin distinción de siglos ni milenios-, y paso a nivel, tan decimonónico y pese a todo tan frecuente en nuestras carreteras. La lista sería larga, demasiado para este pequeño rincón. Pero sí quisiera destacar un asunto que, aunque formalmente no ha cambiado, puede hacerlo en breve, y que requiere nuestra atención: la situación en el Sahara occidental. Los saharahuis están hartos de esperar. Ignoro si se rigen por el mismo calendario que nosotros, pero parece que ellos sí creen llegada una nueva era.