El plan del Cabanyal: ¿protección o destrucción del conjunto?

2001-01-06Publicat per: Levante
Al declarar como bien de interés cultural (BIC en adelante) el conjunto del ensanche del Cabanyal-Canyamelar-Cap de França, la Generalitat Valenciana considera los dos aspectos que toda declaración de BIC conlleva: el reconocimiento del aprecio cultural que tiene la sociedad sobre los valores de interés y disfrute público que tiene el bien en cuestión y, consecuencia de ello, la protección de dicho bien, es decir, las medidas que garanticen su conservación, enriquecimiento y difusión. Las sucesivas leyes de patrimonio buscan perfeccionar los instrumentos para hacer efectiva esta protección de los bienes reconocidos.

Los conjuntos histórico-artísticos (CHA en adelante) se definen en estas leyes de patrimonio como núcleos urbanos con determinadas singularidades urbanísticas, arquitectónicas, etnológicas, paisajistas, etc. Dentro de los CHA pueden existir inmuebles que presenten individualidades que destaquen y adquieran un cierto protagonismo solista, pero que, en la mayoría de los casos, al estar inmersos en un tejido urbanístico indisociable, se disponen a ejercer un papel coral, por simple adscripción tipomorfológica, para interpretar una composición armónica que es, precisamente, la reconocida como valor del CHA. No hay que olvidar que los CHA constituyen el hábitat de unos determinados grupos humanos con sus costumbres y actividades, que la evolución de las exigencias urbanas y los modos de vida puede llegar a producir condicionantes contradictorios.

Por ello, la protección de los valores de un CHA requiere incidir en múltiples aspectos interrelacionados que al final se traducen en concretas formas y vidas urbanas. Así, por ejemplo, en los apartados de morfología urbana y arquitectura, unas veces se requiere preservar la materialidad física, otras sus leyes de formación, su tipología o su práctica constructiva, etc. Pero siempre con el reto de no impedir un futuro dinámico al CHA, arbitrando los mecanismos que permitan la paulatina incorporación social de nuevas generaciones y modos de vida compatibles con los valores característicos o diferenciados, garantizando la legibilidad del CHA como una herencia histórica, de manera honesta y fidedigna. La atención de esta multiplicidad de aspectos resulta ser la materia de las técnicas urbanísticas: desde la planificación urbanística se deben contemplar todos esos aspectos de una manera global e interrelacionada y todo su instrumental decisorio y determinativo se centra en una línea congruente de objetivos, desde las grandes estrategias hasta el detalle formal más preciso.

La legislación patrimonial establece, desde 1985, la articulación urbanística como una necesidad, y la especialización de la misma como una exigencia. Surge así la obligatoriedad de la redacción de planes especiales de protección (PEP en adelante) como los instrumentos definitivos para gestionar (proteger, poner en valor y enriquecer) los valores de un CHA, obligación que también recoge la ley de patrimonio cultural valenciano de 1998. En resumen, los PEP de los CHA deben ser concebidos para responder con solvencia a las demandas tutelares de los valores característicos de ese particular conjunto. Si responde a otras demandas (deudoras de objetivos o intereses suscitados desde preocupaciones sectoriales ajenas o desde ámbitos físicos externos no protegidos) cuyo planeamiento entra en colisión con esos valores, o simplemente muestra indicios o provoca dudas de ponerlos en peligro; en definitiva, si no centra la finalidad planificadora de manera primordial y clara en la defensa de los valores patrimoniales reconocidos en la declaración de BIC, el plan será patrimonialmente ineficaz y deberá ser rechazado por la Administración tutelar, o en su defecto por los tribunales. El ayuntamiento, pues, está obligado a redactar PEP que satisfagan las exigencias de las leyes de patrimonio, cuyo objetivo principal debería ser proteger, conservar y difundir los valores patrimoniales recogidos en la declaración de BIC. En concreto, para el conjunto del ensanche del Cabanyal-Canyamelar-Cap de França, la «peculiar trama en retícula derivada de las alineaciones de las antiguas barracas, en las que se desarrolla una arquitectura popular de clara raigambre eclecticista».

En cambio, el planeamiento aprobado por el ayuntamiento responde principalmente a demandas tales como la revitalización del barrio y el acceso fluido al mar, y sólo cuando encuentra una solución a estas demandas, se plantea el objetivo de protección y conservación de lo que queda. El PEP aprobado por el ayuntamiento no sólo rompe la trama en retícula protegida, sino que destruye 450 inmuebles de los que al menos un centenar son bienes catalogados por el PGOU vigente y que pertenecen a aquella «arquitectura popular de clara raigambre eclecticista» de la que habla la declaración de BIC. Por último, pero quizá lo más importante, el plan aprobado por el ayuntamiento, y ahora sancionado por la Conselleria de Cultura, provocará el desplazamiento de más de 2.000 vecinos, con los consiguientes problemas sociales que acarrea. La Conselleria de Cultura debería haber rechazado el PEP que le ha presentado el ayuntamiento y solicitarle la redacción de otro que potencie la conexión de Valencia con el mar mediante el paseo tranquilo y sosegado por el conjunto rehabilitado y puesto en valor del Canyamelar-Cabanyal-Cap de França, de forma que su duración se convirtiese en una experiencia nueva cada vez.