Arreglar el Cabanyal

2011-10-12Publicat per: Levante
Difícil veo que en el Caba-nyal se pueda alcanzar un acuerdo como el que se impuso en el solar de los jesuitas —el Botànic es salvà— porque las posiciones están muy enconadas, tal vez cristalizadas (y el cristal, el hueso y la piedra siempre se rompen), cuando cualquier concesión puede ser interpretada como síntoma de debilidad. Y un barrio es un tejido vivo, no un campo de batalla: el único caso en el que siempre vale la pena pelear sobre un tejido vivo es con la bata blanca del cirujano. De todos modos, celebraría equivocarme y el otro día empezaron a quitarme la razón cuando varias entidades civiles —contrarias o partidarias de la prolongación de Blasco Ibáñez— y los comerciantes del barrio se pronunciaron a favor de enfrentar juntos graves carencias de orden público, limpieza, restauración, imagen. Incluso tienen una M de Marítim como anagrama colectivo.
Estas cosas me las cuenta el hostelero Emiliano García, reunidos unos cuantos amigos de la izquierda vinícola en su taberna, gente cultivada, juristas, pintores que, a diferencia de la gauche caviar francesa, no podemos pagarnos los vicios de Strauss-Khan, ni ganas, pero no perdonamos ni perdonaremos un mal vino. Antes ocurrió una cosa realmente curiosa. Habíamos acudido a casa de nuestro amigo Fernando y, desde la calle hacíamos unas fotos de su casa y en eso que un gitanillo —un tapón de no más de nueve años— empezó a bramar, con palabras que incluso sonarían gruesas en la boca de un estibador o un palafrenero. Me quedé de piedra (y ya saben que la piedra, el cristal, etcétera, siempre se rompen): el chaval actuaba como alguien que señorea un territorio y se enfrenta a unos intrusos, ya saben quién manda en las aceras.
Esto ocurre a pocos quilómetros de la plaza del Ayuntamiento, talmente el Bronx o the Hell´s Kitchen, pero me resisto a la división del territorio por criterios étnicos o a bolsas urbanas exceptuadas de las reglas cívicas. Y cosas así son las que quieren arreglar los vecinos del Cabanyal, no parece que sean pretensiones excesivas ni fuera del alcance de nuestra colaboració