El paseo de las ambigüedades
Prolongar la avenida hoy no se justifica bajo ningún concepto

El plan general de Valencia y la prolongación de la Avenida Blasco Ibáñez

1999-12-26Publicat per: Levante
Y, ¿ahora qué?, ¿cómo enfocar el desarrollo del plan general de Valencia...? Porque el último plan, vigente desde 1988, contiene, asimismo, ambigüedades y contradicciones entre los documentos que señalan determinaciones relativas a la continuidad de la avenida de Blasco Ibáñez. Así, en la parte gráfica, la continuidad se descarta como opción viaria; el plan desautoriza esta hipótesis funcional para el paseo al caracterizar la red viaria interdistrital de la ciudad. En coherencia con esto, propone la solución anular de la misma en torno al núcleo del Cabanyal-Canyamelar, análogamente a como lo hace con la antigua ronda amurallada de la Ciutat Vella —algo ya contemplado y vigente en 1984 a partir de la última modificación del plan general del 66 en el sector litoral desde que se produjera la innovación en 1978 del Conjunto Histórico de Valencia—. Además, se reconoce al barrio, como al resto de los antiguos poblados anexionados por la ciudad, su estatus de conjunto histórico protegido. La ordenación pormenorizada concluye el paseo en la plataforma que sustenta la estación.
En otro documento, las Normas Urbanísticas, lacónicamente señala entre los objetivos perseguidos para el planeamiento a desarrollar en el ámbito «la ordenación del área terminal de la avenida de Blasco Ibáñez donde se ubica la estación Renfe-Cabanyal y ordenación resultante de la formulación elegida para la conexión de la ciudad y el frente marítimo»; mientras, en la Memoria Justificativa se reproducen, de nuevo, deseos y sentimientos contradictorios, en un extenso apartado dedicado al paseo. En él, donde se contienen algunas inexactitudes históricas, intenta ponderar pros y contras de su continuidad hasta el mar atendiendo a argumentos académicos (esto es, formales, arquitectónicos, escenográficos) y obviando o minimizando los sociales y económicos para deshacerse, finalmente, en consideraciones acerca de bondad del viejo proyecto del paseo al Mar y en el interés de orden supremo para la ciudad que avalaría su conclusión en el mar.
No hay que insistir más, la prolongación de la avenida hoy no puede justificarse bajo ningún concepto. Valencia perdió su oportunidad urbanística cuando, tras la anexión en 1897, el Cabanyal-Canyamelar aún era un barrio constituido por barracas, con acequias al descubierto para todo uso y la consolidación de su ensanche modernista aún estaba por llegar.
Esto, suponiendo que la cohesión social de aquel momento se lo hubiera permitido.
Hay que rechazar esta actitud colonialista para la conexión de la ciudad con su frente marítimo. La prolongación del paseo no hará sino consumar la destrucción del barrio cuyo inicio comenzó hace justamente cincuenta años cuando el ayuntamiento acordé romper las reglas de juego respetadas hasta entonces con una intervención no contemplada por ninguno de sus planes anteriores y que ha sido la sombra y amenaza permanente sobre una parte del barrio —la situada bajo la traza—, el origen de su degradación.
El sentido común aconseja, es tan evidente, que no se trata de exportar el Cabanyal el modelo desarrollista de la ciudad expandida sin cualidades, sin atributos, sino todo lo contrario. El enfoque debe ser justamente el opuesto; esto es, debe plantearse como la articulación del antiguo Poblado Marítimo con la ciudad central que ha avanzado en forma tan desafortunada hasta él.

Articulación
Esta articulación sencillamente no se da en la actualidad porque persisten las deficiencias, no subsanadas hasta el momento, previas al enterramiento del ferrocarril. Esta infraestructura actuaba como una fuerte barrera, a espaldas del Cabanyal, a la que el barrio oponía su fachada trasera inserta en un medio de fuerte caracterización industrial, como corresponde a los tejidos que surgen en los márgenes de los trazados ferroviarios del pasado siglo. La calle de la Serrería, hasta en su toponimia, conserva aún la huella de su pasado industrial vinculado al ferrocarril.
Es precisamente en este espacio robado a la huerta, entre las tapias del caserío de la calle de San Pedro (antaño límite entre los límites municipales dé Valencia y Pueblo Nuevo del Mar) y el antiguo tendido ferroviario, progresivamente ocupado por un tejido de colmatación de las características descritas y sujeto a un lento proceso de transformación por sustitución de usos, donde procede actuar para establecer una articulación adecuada entre ambos barrios —la ¿nueva? ciudad que irrumpe, desordenada y violenta, y el centenario poblado, de tejido frágil y delicado, y con una fuerte cohesión social— situados a uno y otro lado del tendido ferroviario desaparecido.
Un método coherente para establecer la buena relación entre ambas piezas es desandar el camino de la historia, esto es, restituir este espacio vacío —al que hemos asimilado la antigua área de huerta— de reciente relleno y a cuyo tratamiento como tal vacío correspondería una plaza. Su ámbito de estudio, aunque no su superficie, comprendería las nueve manzanas situadas entre las calles de Serrería y Luis Despuig. Su extensión, la que las circunstancias socioeconómicas permitan y siempre con el consentimiento y la participación real de los vecinos, no sólo en el diseño sino en las plusvalías generadas por tal operación.
Una intervención de estas características puede ser tan exigua como la que el propio plan general contempla ya en la ordenación pormenorizada vigente. O, también, avanzando en un salto cuantitativo y cualitativamente mayor, aprovechar la oportunidad que dicho espacio ofrece no sólo como ámbito de relación espacial entre ambos tejidos sino como un enclave estratégico altamente cualificado de intercambio entre modos de transporte (Renfe, potenciando una auténtica estación de tránsito y no un simple apeadero, —metro-tranvía-bus); espacio pensado como una pieza capaz de organizar y difundir servicios, de generar vida urbana que repercuta en mejorar la calidad de vida de todos los vecinos de Valencia.