El Cabanyal llega al límite

2011-08-25Publicat per: Las Provincias
En una mesa de jardín, a la sombra del fuerte sol, atienden a LAS PROVINCIAS un grupo de vecinos. A uno le han robado los contadores de luz y agua, otro ha tenido que poner cebos con veneno para impedir que las ratas entren en su casa, una tercera duerme con auriculares por los ruidos nocturnos y otra más, la anfitriona, se ha hartado ya de llamar a la Policía para denunciar actos de vandalismo en su calle. La conversación se desarrolla en el Cabanyal, en la «zona cero» de la calle Los Ángeles, donde la degradación urbanística y los problemas de convivencia han llegado al límite.
La prolongación de la avenida Blasco Ibáñez ha separado a los vecinos en los últimos lustros, aunque la ocupación ilegal de decenas de edificios, las inmundicias en los solares, el tráfico de drogas y la falta de limpieza están consiguiendo que se unan en sus críticas.
El vicepresidente de la asociación vecinal del Cabanyal, Vicente Gallart, defiende que el barrio no se puede considerar peligroso. «No se pasa miedo caminando por estas calles», aunque sí destaca los problemas de insalubridad y de convivencia. La responsabilidad de resolver las demandas de los vecinos es del Ayuntamiento, a juicio de la entidad, que debe garantizar unas condiciones mínimas para los residentes al margen del litigio judicial por la prolongación de la avenida.
«No se puede ni salir de casa», asegura una de las vecinas presentes en la reunión. «El otro día, una ciclista esquivó a un niño al que rozó y casi se la comen». Las casas más degradadas han sido ocupadas de manera sistemática por familias de etnia gitana y nacionalidad rumana, que enganchan la luz del alumbrado público y malviven a la espera de que alguien pida su desalojo por orden judicial.
Esto es lo que no se está produciendo. Uno de los vecinos sostiene que es el Ayuntamiento el que promueve, al menos por la falta de actuaciones, la ocupación ilegal de las viviendas y que los solares se conviertan en estercoleros.
Susi Gallart, integrante de la plataforma vecinal 'Sí volem', subraya en conversación telefónica que en estos problemas «estamos todos de acuerdo». Residente en la calle Los Ángeles, asegura que la zona se está convirtiendo en un geto que «no se puede soportar».
«Las casas están llenas de basura, hay piojos, ratas y de todo. O el Ayuntamiento pone una solución o nos vamos a manifestar todos juntos. La alcaldesa Rita Barberá nos dice que tienen las manos atadas pero hay que acabar con esto».
Susi Gallart recuerda la lucha de los últimos dos años para que se visualizaran los apoyos a la prolongación de la avenida, con pancartas y recogidas de firmas, un proyecto ahora pendiente de sentencia en el Tribunal Constitucional. «Luchar no ha servido de nada», al constatar que la degradación se extiende «por todo el barrio, tanto en calles afectadas como en el resto», al hablar sobre los derribos pendientes.
La integrante de 'Sí volem' sí que afirma que el Cabanyal es un barrio peligroso, al contrario que el vicepresidente vecinal. «Tenemos miedo a ser atracados en cualquier momento, no podemos vivir así». Resume su preocupación en una frase: «Los que vivimos aquí somos las víctimas de lo que ocurre». En la mesa, a la sombra del jardín, se escuchan palabras como «mobbing inmobiliario» y ausencia total de limpieza en algunas calles, al menos comparado con la regularidad que se daba antes.
El vecino que ha puesto cebos con veneno para las ratas habla con orgullo de su casa. Incluso invita a visitarla, cerca de la calle Los Ángeles, en la parte que no se derribará de la calle San Pedro. «Es una reconstrucción de una casa del Cabanyal de 1920», dice mientras muestra la mesa de mármol, la lámpara de época y hasta los pulsadores de la luz, hechos con cerámica. Todavía está pagando el préstamo hipotecario. ¿Se arrepiente de la compra? La respuesta es inmediata: «Tengo la esperanza de que el Cabanyal se salvará». Todos, insiste Susi Gallart, tanto los que quieren la prolongación como los opositores, están embarcados para librar esa pelea.