José Selles Vidal (concejal del grupo socialista del Ayuntamiento de Valencia)

Valencia vive de espaldas al mar

1997-03-02Publicat per: Levante
Los valencianos que vivimos en el barrio del Grau-Cabanyal y Canyamelar siempre hemos tenido la impresión de que la ciudad vivía de espaldas al mar. Mis propias vivencias así me lo corroboran. Nací en plena postguerra, en el año 48. Mi casa estaba situada enfrente de un colegio de monjas y detrás de la iglesia del Rosario, en medio de dos callejones que se llamaban calle de la Alegría y del Cementerio Viejo –que contradicción-, conformando un conjunto de casas humildes que, según creo, es el núcleo histórico del Canyamelar, habitadas todas ellas por gente trabajadora. Mis primeros recuerdos se remontan a las charlas que se mantenían a la puerta de las casas, donde las familias sacaban las sillas para cenar a la fresca. En ellas, fui descubriendo que había tenido lugar, años atrás, una guerra fraticida entre españoles, que había dos bandos, unos eran los rojos o republicanos, y los otros, los nacionales, que resultaron ser los vencedores.
Pronto me di cuenta de que la mayoría de las familias que habitábamos allí pertenecía al bando de los perdedores, ya que se hacían multitud de referencias a los familiares muertos en la contienda y a los encarcelados por defender al régimen legalmente constituido.
La población de estos barrios estaba formada fundamentalmente por familias de pescadores, trabajadores portuarios y de la Unión Naval de Levante. Durante la época de la república tuvieron una fuerte implantación los sindicatos de inspiración anarquista (CNT) y socialista (UGT). La CNT contaba con mayor presencia de trabajadores portuarios, y la UGT, en Talleres Gómez, que fueron los antecesores de la Unión Naval de Levante. No hay que olvidar que en estos últimos desarrollaba su labor Pascual Tomás, que a lo largo de los años fue diputado por el PSOE y secretario general de la UGT en el exilio.
Con estos antecedentes, los ayuntamientos franquistas invirtieron muy poco en estos barrios. Sin embargo, y en pleno desarrollismo de los años 60, sí que supieron cargarse la tipología característica de la vivienda de la zona, que venía de finales del XVIII, cuando el capitán general Diego de Urbina, a raíz de los incendios sufridos por la barracas de pescadores en 1796, manda hacer un planeamiento, tomando como ejes a las dos parroquias (Rosario y los Ángeles), estableciendo tres tipos de viviendas: de una planta para pescadores, de dos plantas para pilotos y marinos, y de tres plantas para veraneantes. Posteriormente, el plan general de 1966 fue el que entró a saco, permitiendo que se construyeran edificios de hasta doce alturas.
En la década de los 70, el ayuntamiento decide invertir en la zona y acometer la urbanización de algunas calles, sustituyendo el adoquinado por la capa de asfalto. También se cambia parte de la red de alcantarillado secundario, disminuyendo la sección del mismo y convirtiendo lo que tenía que haber sido la solución a las inundaciones en un problema mayor. A partir de ese momentos, con cuatro gotas que lloviera era suficiente para qué se inundaran las calles. Es decir, lo poco que se invirtió al cabo de los años, se hizo mal.
Con la llegada de los ayuntamientos democráticos se inician una serie de actuaciones que permiten ir solucionando alguno de los problemas históricos de estos barrios, como es la construcción de colectores y el cambio de la red de alcantarillado secundario, el enterramiento de las vías del tren, la construcción del paseo marítimo, el polideportivo del Dr. Lluch, etc. Todo esto unido a que el PGOU de 1988, impulsado por el gobierno socialista, apuesta decididamente por la conexión definitiva de Valencia y los barrios marítimos, con la propuesta de las Avenidas de Francia, Baleares, y Tarongers. Terminando así con un desencuentro que ha durado cien años.
Solamente queda una asignatura pendiente que hasta la fecha los políticos no hemos sido capaces de resolver, y es el planeamiento diferido con la solución a la prolongación o no de la Avenida Blasco Ibáñez. Creo que el centenario nos brinda una ocasión histórica para que, entre todos, encontremos la solución definitiva para que los habitantes de estos barrios puedan ver el futuro con mucho más optimismo y ya no se vuelva a repetir la frase de que Valencia vive de espaldas al mar.