Salvem el Cabanyal de hui

2010-02-07Publicat per: Las Provincias
Hace casi una década que se desató una virulenta batalla política y social sobre el Plan de prolongación de la Avenida de Blasco Ibáñez a través del barrio del Cabanyal, entre el Ayuntamiento de Valencia y una plataforma de vecinos afectados o disconformes con tal solución, la plataforma 'Salvem el Cabanyal', apoyada por algunas formaciones políticas que creyeron erróneamente encontrar un suculento nicho de votos entre los vecinos afectados. Pero lo cierto es que se ha evidenciado otra realidad muy distinta (a los resultados electorales me remito), y a fecha de hoy es un error pensar que entre los vecinos del barrio la paralización de la prolongación da votos.
Cierto es que en aquel entonces el Cabanyal se dividió en dos, los partidarios de la solución municipal y los partidarios de la propuesta de 'Salvem', esto es, que se paralizase dicha prolongación y que se acometiese una política de rehabilitación y recuperación del Cabanyal-Canyamelar en su integridad, tal y como había ocurrido en el centro de la ciudad.
Mi posicionamiento, basado en la suma de las bondades que creo tienen ambas propuestas, siempre ha sido y sigue siendo el mismo: sí a la prolongación, por el bien de la ciudad y por el bien del barrio; sí a la gran avenida que vertebre comercios y servicios para el barrio y, en la medida de lo posible, respetando la estética y la estructura del mismo, con una política adicional de ayudas a la rehabilitación y conservación para todo el populoso y querido barrio.
Pero el problema se judicializó, como lo demuestran las múltiples sentencias del Tribunal Superior de Justicia y del Tribunal Supremo, todas ella favorables al Plan del Ayuntamiento de Valencia al entender que éste respeta la normativa de patrimonio cultural valenciana y no produce ningún expolio, ni tan siquiera en su concepción más laxa.
Y además el debate de la prolongación se ha querido politizar en exceso, como lo demuestra la reciente Orden del Ministerio de Cultura, que más allá de su evidente falta de competencia para pronunciarse al respecto, no hace sino agravar el tremendo daño que sufre el barrio con la demora de la prolongación y la degradación de la zona, hoy prácticamente intransitable por gentes de bien, y si bien es cierto que desde la Generalitat Valencia, haciendo un uso acertado de la jerarquía normativa y de su competencia, se ha neutralizado dicha Orden con un Decreto Ley, lo que demuestra lo extraordinario y urgente del caso, la batalla de la politización continúa, agravada además por el contexto de la crisis urbanística y financiera.
La consecuencia de toda esa inacción, fruto de la judicialización y politización del caso, es que el lógico debate sobre "prolongación sí-prolongación no" que se podía plantear hace una década hoy resulta insostenible, ya que al Plan del Cabanyal le ha ocurrido algo parecido a lo del Teatro Romano de Sagunto, que da igual lo que se consiga o se haga por la vía del Derecho, los hechos están ahí y hoy la prolongación ha dejado de ser una cuestión opinable para ser una cuestión de necesidad para la mera supervivencia del Cabanyal-Canyamelar. O dicho con otras palabras, el debate ya no está en si se debe hacer o no la prolongación, sino en la forma en que ésta debe hacerse.
De hecho, cualquier defensor de la "no prolongación" está invitado desde ya a darse un paseíto por la zona afectada y a visitar los bienes de interés cultural que se quieren salvar. Pido además que lo haga la televisión, la radio, la prensa y todos los medios de comunicación para que la gente se forme una opinión desde la realidad de hoy. Eso sí, aconsejo a quien quiera visitar la zona que no lo haga solo, que evite hacerlo por la noche y que adopte toda las medidas para garantizar su seguridad personal y su integridad física.
Por todo ello, mi recomendación como vecina de la ciudad que vive cerca del barrio y convive a diario con mucha gente del mismo es que se terminen los pleitos y las disputas políticas y que se acometa la prolongación a la mayor brevedad, con una solución de consenso y sentido común de la que se beneficien tanto los vecinos del barrio como los vecinos de la ciudad de Valencia, con una solución que sea respetuosa con la estética de la zona y sobretodo que permita a la gente que ha vivido allí toda la vida poder ver en el Cabanyal el mismo progreso que ha experimentado la ciudad de Valencia.