Indigentes traspasan las casas que han ocupado en el Cabanyal por 1.500 euros

2010-09-04Publicat per: Las Provincias
Es el último capítulo de un culebrón urbanístico que se está enquistando y que parece ir para largo: los primeros okupas que entraron de forma ilegal en las viviendas pendientes de derribo del Cabanyal ahora incluso traspasan las casas vacías a la nueva población marginal que ha llegado al barrio en masa este verano.
«En las últimas plantas bajas o pisos que han cobrado por el 'derecho' a ocuparlas han llegado a pagar hasta 1.500 euros», indica un comerciante que prefiere ocultar su identidad para evitar problemas.
Este vecino asegura que aunque parezca «el argumento de una película y algo inverosímil, es real. Está pasando porque incluso ellos mismos te lo cuentan por la calle. Resulta que hay determinadas personas que hace tiempo pegaron patada en la puerta y se metieron a vivir en las casas afectadas por la prolongación que se iban quedando sin vecinos. Luego, se sacan entre ellos de la manga un derecho a traspasar la casa ocupada y las venden a la nueva población marginal. Y no crea, se las están pagando a buen precio», indica este hombre.
Entre las últimas 'operaciones inmobiliarias' que narra este vecino y otro comerciante de la zona que corrobora los hechos, citan, por ejemplo, una casa de la plaza Lorenzo la Flor, varios pisos de una finca deshabitada de la calle Los Ángeles (cerca de la calle Pescadores), plantas bajas de la calle Escalante y una finca de la calle San Pedro.
Vecinos y comerciantes comentan que, además, los nuevos 'inquilinos' viven en condiciones infrahumanas y hacinados. «Están al montón. En la plaza Lorenzo la Flor hemos llegado a ver a unas 40 personas metidas en una casa que tiene en la planta baja unos 35 metros cuadrados y en la parte de arriba otros 35», según detallan.
También detallan que, en ocasiones, «llega la Policía Nacional con una orden judicial y los saca, pero a los pocos días estamos con las mismas. O se controla más o no sé dónde vamos a llegar», añaden.
Este problema se suma a la denuncia de vecinos que ya advirtieron la semana pasada que las peleas callejeras entre la población marginal son constantes. «No sabemos ni por qué riñen. No sé si es por las casas, por el material de chatarra que almacenan o por que las dos etnias que hay rivalizan entre ellas. Pero la cuestión es que los pocos vecinos de toda la vida que quedamos en esta parte del barrio no podemos dormir tranquilos ni salir por la noche a la calle. Estamos desprotegidos», indicó J. G.
Algunos comerciantes, además, añaden que hay empresas aseguradoras que no quieren hacerles pólizas por estar en pleno foco de degradación. «Nos dicen que si no blindamos el negocio con una serie de medidas, no nos hacen el seguro», comenta un afectado.
Estancados
Cabe recordar que el 15 de septiembre se cumplirán cinco meses desde que se ordenó la paralización del plan del Cabanyal que proyecta abrir la avenida de Blasco Ibáñez hasta el mar y eliminar la zona degradada comprendida entre la calle Pescadores y Amparo Guillén. La decisión está en mano de los tribunales, pero según detallan en el Ayuntamiento, no hay fecha límite para tomar una decisión judicial.
Mientras, los vecinos de la plataforma 'Sí volem', que defienden la prolongación, aseguran que van a retomar la campaña en defensa del plan urbanístico, pedirán más vigilancia y limpieza en las calles y que desalojen las casas ocupadas.
Por otra parte, cabe destacar que los vecinos que ya han sido realojados en la avenida de los Naranjos, lamentan que la parálisis ordenada por el Gobierno impida derribar sus antiguas viviendas. «Yo no puedo pasar por la calle donde teníamos una finca familiar porque se me parte el corazón. El hecho de ver cómo hay gente que antes de salir de tu casa ya está entrando a ocuparla es horrible. No pude terminar de sacar todas mis pertenencias. Tampoco podría soportar ver las casas donde me han criado familiares toda llena de la chatarra y fardos de ropa que almacenan en los balcones, en los patios y en plena calle», describe María José.
Esta vecina argumenta que la paralización, «para lo único que sirve es para condenar a los infiernos a esta parte del Cabanyal. Los vecinos de toda la vida no podíamos seguir allí. Ahora nos hemos reencontrado en una zona donde podemos vivir tranquilos».