La paralización del Cabanyal atrae de nuevo la droga y la delincuencia al barrio

2010-07-18Publicat per: Las Provincias
Reparto de droga a domicilio; reventa en las calles de productos robados en los supermercados a plena luz del día; casas viejas con boquetes y okupadas por el sistema de la patada en la puerta; y solares con montañas de ropa, trastos y ratas del tamaño de conejos. Con este panorama lidian a diario los vecinos que viven en la trama afectada por la paralización del plan urbanístico del Cabanyal ordenada por el Ministerio de Cultura.
«La paralización está haciendo mucho mal en el barrio. Nos estamos hundiendo en la miseria. Ni hacen, ni dejan hacer y los que estamos en calles como San Pedro, ya no sabemos cuánto tiempo podremos aguantar o si al final nos tendremos que ir. Pasa lo de siempre, se enzarzan unos y otros en política y los vecinos estamos en medio tragándonos la degradación. Llevan 40 años sin hacer nada en el barrio, no es algo de ahora. Estoy de acuerdo en que la prosperidad no se puede parar, pero que tampoco abusen y que paguen por las casas lo que toca», explica Francisco Guillén.
La regeneración del barrio, que contaba con un plan de obras de urbanización y de nuevas dotaciones públicas -como parkings, zonas verdes y áreas deportivas- se ha quedado en suspenso, a la espera del pronunciamiento del Tribunal Constitucional, pero lo que avanza imparable es el negocio de la droga, que 'abre sus paraetas' en las casas que van quedando vacías y pendientes de una sentencia que ordene su derribo o su permanencia.
Como afirman algunos vecinos, «hace tiempo que no veíamos jeringuillas y ahora las encuentras a puñados. Sin ir más lejos, esta semana en el solar de una de las casas derribadas, entre Luis Despuig y San Pedro, me topé con más de 50 jeringas usadas y también estaban las cazuelitas metálicas donde se calientan la droga. Pasó un policía en moto y lo llamé para que diera aviso para retirarlo. Es un peligro que se pinchen los niños, además, de la mala imagen que da al barrio. Los vecinos de toda la vida del Cabanyal somos personas honradas y no podemos consentir que se degraden nuestras calles y que siempre se nos asocie con temas negativos», indica Sefa B.
En zonas como avenida Blasco Ibáñez, cruce con Luis Despuig, San Pedro y Pescadores o en calles como Progreso o Padre Luis Navarro el desfile de toxicómanos en busca de su dosis diaria es continuo. «Parecen zombis. Y, además, estamos observando que hay algunos individuos que hacen reparto de droga a domicilio», indica Maruja M.
Además, añaden que son muchas las personas que ofrecen por la calle «madalenas, champús, productos cosméticos y hasta quesos que roban por la mañana en los supermercados», comenta Maite G.
Si hace unos meses, cuando la problemática del Cabanyal saltó en las primeras páginas de los periódicos, las patrullas de Policía Local y Nacional eran constantes, según relatan los vecinos, ahora los efectivos han disminuido, aunque desde Policía Nacional desmienten estos hechos. «Lo que ocurre es que hay más agentes de paisano vigilando», según fuentes oficiales.
Otro foco de problema son los kilos y kilos de ropa y chatarra que almacena la población okupa en solares, casas o en la calle. «Lanzan la basura desde el balcón y la tiran a solares, como no tienen sanitarios, defecan en bolsas de plástico y las tiran a los contenedores. Traen fardos de ropa o de chatarra para seleccionarla y, lo que no les gusta, lo dejan donde les parece. Esta semana el Ayuntamiento ha venido a quitar una montaña de basura de un solar y han salido más de 30 ratas. El operario tuvo que salir corriendo», comenta M. ª Ángeles.
«Por mucho que limpie el Ayuntamiento, luego estas personas incívicas lo llenan todo de porquería. Necesitamos que desbloqueen el Cabanyal y nos modernicen el barrio», insiste esta mujer.
Otro efecto negativo de la paralización del Plan Especial de Protección y Reforma Interior (PEPRI) del Cabanyal es la imposibilidad de los vecinos de reformar sus casas. Hasta una quincena de licencias de obras, entre las de reforma y de nueva construcción, están paralizadas.
Sin la música a otra parte
Una de las rehabilitaciones emblemáticas del Cabanyal que también se ha quedado 'pillada' por la orden ministerial es la de la sede de la Sociedad Musical Unión de Pescadores, El Casinet del Cabanyal.
El Ayuntamiento ya había diseñado el proyecto de rehabilitación de este edificio centenario, obra de Juan Bautista Gosálvez, incluso, se había previsto un presupuesto de más de 600.000 euros, pero la judicialización del plan del Cabanyal impide ahora impulsar la reforma.
A esto hay que añadir, además, que tras el decretazo anunciado por el Gobierno -que impide a los ayuntamientos pedir nuevos créditos - la alcaldesa incluyó en el recorte de gastos municipal el Casinet, dado que no se podían iniciar las obras.
Los músicos, que ya habían empezado a embalar en cajas algunas de sus pertenencias, para trasladarse a unos bajos en la plaza del Osset (junto a la avenida de los Naranjos), donde se iban a instalar temporalmente hasta que terminaran las obras, se han quedado sin poder llevarse la música a otra parte.
La rehabilitación integral de este edificio centenario, que incluye la mejora de cubiertas, la redistribución de las aulas de música, despachos y zona de espera para padres, la creación de una sala de audiciones, además de la climatización, deberá esperar a que se levante la suspensión ministerial.
La paralización del plan del Cabanyal también está teniendo consecuencias sociales. Ya empieza a haber vecinos y hasta familias próximas que se han dejado de hablar por tener visiones opuestas sobre el futuro que quieren para el barrio. «Tengo una prima que está afectada por el plan y se ha enfadado conmigo por que pienso que la apertura de Blasco Ibáñez es la solución para regenerar el barrio. No es justo que esto pase», comenta una mujer que prefiere no dar su nombre.
Mientras, en los balcones de las casas cuelgan carteles de los que defienden el lema 'rehabilitación del Cabanyal sin destrucción' y los que dicen 'Els veïns del Cabanyal sí volem la prolongació'. Una de las fincas donde se puede ver esta dualidad está en la calle Pintor Ferrandis con José Benlliure. Hay seis carteles pro rehabilitación y ocho en defensa de la prolongación.