La prolongación de Blasco Ibáñez se podrá ejecutar, pero la del Oeste o la del Real se quedaron por el camino

Avenidas a medias

2008-03-16Publicat per: Las Provincias
Valencia ya no vivirá de espaldas al mar. Tras 120 años de intentos de prolongar la avenida Blasco Ibáñez hasta la playa del Cabanyal el Tribunal Supremo ha desestimado dos recursos vecinales que pedían frenar esta actuación. Queda pendiente un recurso judicial presentado por la Federación de Asociaciones de Vecinos, pero si el juez sigue las mismas argumentaciones dará vía libre al proyecto.

Ha sido ahora, en 2008, cuando se ha aprobado el fallo que autoriza este proyecto nacido hace más de un siglo.

En 1888, el ingeniero Casimiro Meseguer proyectó el nuevo paseo con una anchura de 100 metros, que partía de los jardines del Real con un trazado paralelo al nuevo camino de Valencia al puerto.

El propio Blasco Ibáñez ya proponía en sus escritos ejecutar esta prolongación porque la conexión con el mar era limpia y perfecta. "Además, muchas de las viviendas que se verán afectadas por la prolongación son posteriores a este proyecto viario", afirmó ayer el arquitecto Alejandro Escribano, autor de un dictamen que incluyó los argumentos a favor de esta prolongación y que han servido de base para la defensa en el juicio.

La nueva avenida Blasco Ibáñez tendrá 3.650 metros con 750 metros más de extensión y se convertirá en la segunda más larga del casco urbano, aunque por muy poco porque la primera sigue siendo San Vicente con 3.655 metros de longitud.

Aunque han pasado 120 años, al final este proyecto se llevará a cabo, pero otros se han quedado por el camino que sin duda habrían cambiado la fisionomía de la ciudad si finalmente las administraciones de entonces las hubieran acometido.

Luis Ferreres diseñó en 1891 un plan de reforma interior de la ciudad que incluía la construcción de dos avenidas de 30 y 25 metros de anchura que se cruzaban en el centro de Valencia, entre la Lonja y la iglesia de Santa Catalina.

Expropiaciones

La intervención era muy agresiva y obligaba a realizar numerosas expropiaciones.

La primera calle tenía 30 metros, nacía en Ruzafa y llegaba hasta el puente de San José. La segunda, con 25 metros, empezaba en el puente del Real y finalizaba en la calle San Pedro Pascual.

Dos especialistas en historia, Marta García y Rosario Casao, en colaboración con los funcionarios del Archivo municipal, encontraron el documento que reflejaba esta planificación.

El ambicioso plan, sin embargo, no salió adelante por falta de inversión disponible. El objetivo es que el Ayuntamiento promoviera el plan, mientras que una serie de empresas privadas se encargarían de la expropiación y de la urbanización de las calles. Fue la primera referencia al agente urbanizador que actualmente es indispensable en cualquier obra.

Las actuaciones superaban los 67,9 millones de pesetas y el plan quedó reflejado en una documentación que recientemente encontraron estas dos investigadoras. Años después, en 1911 Federico Aymamí también hizo referencia al plan.

Si estas dos avenidas se hubieran ejecutado el proyecto sentenciaba la plaza Redonda que sería demolida.

Otro de los ambiciosos planes urbanísticos fallidos fue un polémica actuación que habría acabado con el barrio del Carmen y consistía en prolongar la avenida del Oeste, actualmente Barón de Cárcer, hasta el puente de San José. La avenida discurriría por las calles Eixarch y Bolsería, sería de 25 metros de anchura y cruzaría todo el centro histórico llevándose por delante numerosas viviendas.

Esta actuación se proyectó en 1912 por Federico Aymamí, se abandonó en 1914 y posteriormente Javier Goerlich la retomaría en su plan de 1928, pero la Guerra Civil, la riada de 1957 y las campañas en contra, lideradas por el periódico LAS PROVINCIAS, frenaron esta agresiva intervención urbanística en el centro de la ciudad.

Detractores de la prolongación de Blasco Ibáñez comparan esta obra con la que se quería hacer en la avenida del Oeste, pero los defensores insisten en que no tienen comparación y que el Cabanyal no se verá tan afectado como el Carmen.

Recientemente, a finales de los años 80 y principios de los 90 se proyectó otra prolongación dentro del desarrollo del Parque Central que contemplaba la ampliación de la pista de Silla hasta la avenida Ramón y Cajal, pero esta actuación no prosperó.

Ideas, bocetos, reuniones, pero ninguna realidad. La única que sí que se podrá ejecutar es la prolongación de Blasco Ibáñez que, no exenta de polémica, ha tenido varias alternativas.

Tras la aprobación del Plan General, 1989 el Ayuntamiento de Valencia convocó un concurso internacional público de ideas para la conexión de la avenida con el mar.

Concurso desierto

El primer premio quedó desierto porque los miembros del jurado alegaron que ninguna de las ideas era lo bastante válidas para el desarrollo de la ciudad.

El segundo premio se adjudicó al proyecto que llevaba el título Llisa, que defendía la penetración en peine a través de cuatro calles (algunas de ellas de nueva creación). El tercer premio fue compartido por dos proyectos, el denominado Continuitat, que contemplaba una penetración rectilínea, y otro denominado Noj, con características semejantes al plan Llisa.

Junto al concurso del ideas, la prolongación de Blasco Ibáñez contemplaba tres variantes. Una que la vía finalizara en una gran plaza, la segunda que la prolongación fuera de 100 metros de anchura, la misma que tiene el actual tramo de la avenida. La tercera propuesta, y es la que se va a ejecutar es una prolongación de 48 metros de anchura.

La actuación afectará a 1.200 familias y supondrá el derribo de 1.300 viviendas. Actualmente el Ayuntamiento ya ha adquirido 159, que suponen un 12% del total de inmuebles afectadas.

Hace 10 años que comenzaron los enfrentamientos entre el Ayuntamiento, a favor de la actuación urbanística, y el resto de colectivos de Salvem el Cabanyal apoyados por el PSPV. Pero a pesar de este clima de tensión, el proyecto ha seguido ejecutándose en la zona que no estaba afectada por el proceso judicial.

El primer teniente de alcalde, Alfonso Grau, explicó que a lo largo de estos años se han invertido 52 millones de euros para equipamientos. Sin embargo, los vecinos aseguran que el Ayuntamiento "ha dejado morir el barrio para que su rehabilitación fuera urgente", han insistido los vecinos en reiteradas ocasiones.

La alcaldesa Rita Barberá aseguró ayer que las actuaciones comenzarán de inmediato y en los próximos días se reunirá con los vecinos para concretar las actuaciones.