El PSPV, profesores y vecinos organizan una visita para justificar su oposición a la prolongación de Blasco Ibáñez

Turismo por el Cabanyal

2009-10-05Publicat per: Las Provincias
«El territorio tiene leyes propias que las reglas urbanísticas no pueden violentar». Esta conclusión sirve para resumir el espíritu de las jornadas organizadas por el PSPV con el apoyo de las universidades, que han levantado una fuerte polémica ante las críticas del equipo de Gobierno. El objetivo, sumar argumentos en contra del plan urbanístico del Cabanyal, que prevé la prolongación de Blasco Ibáñez, se concretó ayer con una visita sobre el terreno. En este caso, los argumentos contrarios se ofrecieron a pie de calle, aderezados con curiosidades y apuntes históricos del barrio marítimo por excelencia de Valencia.

El paseo estuvo presidido por los concejales socialistas Carmen Alborch y Vicente González Móstoles, aunque fue Luis Francisco Herrero, arquitecto y profesor de la Universitat, el que guió a la comitiva. Acudieron alrededor de 40 personas, muchos de ellos estudiantes de arquitectura y participantes en el taller universitario, aunque no faltaron vecinos de la asociación del barrio y de la plataforma Salvem el Cabanyal. El recorrido se prolongó tres horas, lo que hizo que muchos no llegaran a terminarlo.

El punto de arranque fue la antigua Lonja de Pescadores del Cabanyal, que desaparecerá con la ejecución del plan. Se trata de un edificio levantado en 1909 donde viven un centenar de personas en las viviendas anexas. Al lado, otro edificio afectado era el lugar donde se guardaban los bueyes que utilizaban los pescadores valencianos para sacar las redes del mar, como muestran los célebres cuadros de Sorolla.

Tras la lonja, el paseó continuó hasta la calle de la Reina y la avenida Mediterráneo, los Ángeles, la plaza del Rosario y la calle Escalante, donde se aprecia el contraste entre la degradación de la zona afectada por el plan y el colorido que ofrece la trama urbana que se preservará.

Uno de los argumentos más repetidos es que el barrio ya dispone de vías de tráfico que permiten llegar hasta el Mar, como la propia avenida Mediterráneo o la calle Pintor Ferrandis.

En cuanto a las peculiaridades arquitectónicas, Herrero destacó la cantidad de planes urbanísticos que han tratado de igualar la anchura de los viales del barrio, especialmente heterogéneos entre la zona del Canyamelar y Cap de França.

A modo de curiosidad, en 1796 el mar todavía llegaba hasta la calle Escalante. Fue con el crecimiento de la actividad industrial marítima y con el puerto cuando la playa empezó a bascular.

A lo largo del paseo se podían apreciar las escalás, el espacio que se dejaba entre dos barracas, que eran las viviendas típicas del poblado marítimo, o las torres miramar, algunas desaparecidas por «el afán depredador del Ayuntamiento», en palabras de Herrero.