Tila, mucha tila

2009-07-26Publicat per: Levante
A estas alturas del caso Gürtel ya nadie sabe en qué punto estamos. Cada día que pasa es una maraña de sospechosos e imputados, de palabras guarrindongas y otras que reclaman la templanza, de nombres que se suman a otros nombres y ya son tantos que no caben ni en un disco duro de mil gigas. El último de esos nombres es el de Rita Barberá. Precisamente hace unos días -no sé si atacada por un nerviosismo premonitorio- andaba la mujer enredada en otro asunto con una cierta notoriedad pública: cuando acusaba a la vicepresidenta del Gobierno, María Teresa Fernández de la Vega, de contar en su equipo de asesores con un miembro del colectivo Salvem el Cabanyal. Y aludía a este colectivo como un grupo violento. El asesor al que se refería la alcaldesa es Fernando Flores, profesor de la Universitat de València y amigo mío. Lo conozco bien. Y conozco bien Salvem el Cabanyal.

Sólo una mente como la de Rita Barberá, tan recalentada en fuegos autoritarios de otros tiempos, puede negar el compromiso de alguien con su gente y con su barrio, sea ese alguien asesor de la vicepresidenta del Gobierno o labrador a ratos libres en mi pueblo. Y una cosa le digo: conociendo a sus asesores -y a sus obras me remito-, no hay color entre ellos y Fernando Flores. Así que a medir sus acusaciones señora mía, que no es bueno calentarse la boca diciendo tonterías. Y lo de que Salvem el Cabanyal es un colectivo violento: ¡venga ya! Violento es destruir las casas de la gente que no quiere abandonarlas porque es allí donde ha decidido vivir toda su vida y no en otra parte. Y sólo para, una vez destruidas esas casas, entregarles el solar limpio de polvo y paja a los constructores amigos. Pero los nervios de la alcaldesa no acabarían ahí porque cuando aún duraban los ecos de su calentón cabanyalero, la alcanzaba de lleno el caso Gürtel. Una cinta telefónica decía que desde hace años el Bigotes venía comprando bolsos de lujo a Rita Barberá. Y ella va y se descuelga con la amenaza de que se querellará contra quien se atreva a mancillar su nombre.

Para adobar la salsa, aparece Juan Cotino, vicepresidente del gobierno de Francisco Camps, y pone su guinda particular: «la alcaldesa dará las explicaciones que tenga que dar, pero que antes hay que saber quién ha podido filtrar eso porque es mucho más grave que el hecho en sí». Y se ha quedado tan pancho el hombre. Los dos amenazan al mensajero. Ignoran, porque les da la gana, que el delincuente no es quien informa sobre una fechoría sino quien la comete. En esta ocasión la cosa está muy clara. Lo importante ahora mismo es saber si Rita Barberá aceptó esos regalos del Bigotes. Y conocer eso en todos sus detalles corresponde a las instancias policiales y jurídicas que se ocupen del asunto. Mientras tanto, a la señora alcaldesa sólo le quedan dos opciones para actuar con nobleza: ponerse al servicio de la justicia y decir la verdad, toda la verdad y nada más que la verdad. Lo demás, disparar al mensajero para defender su inocencia, es un error de bulto. Y hablar de conspiración contra el PP, que es lo que lleva haciendo ese partido desde que empezó el caso Gürtel, es marear la perdiz para evitar algo que está en el centro mismo de las investigaciones oficiales: saber qué hay de cierto o no en el calendario corrupto que se tiende sobre el tiempo del PP.

Ni el Cabanyal ni el caso Gürtel, pues, deberían trastornar demasiado a Rita Barberá. Antes al contrario, tendría que actuar la mujer con una calma ejemplar y terapéutica. Es lo que más va a necesitar estos días de marabunta informativa con ella y sus bolsos carísimos de protagonistas. Y si no hay manera de que encuentre esa calma, le ofrezco gratis un remedio de los de la abuela: tila, señora alcaldesa, mucha tila. Mucha.