La espuma que golpea los muros de la ciudad

2009-07-16Publicat per: otros
La Ciudad Viva

“El conflicto urbano no sólo deja que la ciudad crezca sino que además puede significar una herramienta de participación ciudadana en la conformación de la misma”
Martín McFly. Conversaciones con Le Corbusier. Atenas, 1933.
La espuma de una mar que ha visto nacer un barrio de pescadores, se ha transformado, en la revuelta urbana que reivindica su derecho a un barrio considerado bien cultural y por lo tanto, patrimonio de la ciudad. El gobierno municipal, sin embargo, sordo ante este griterío, sueña con su Valencia como una novia vestida de blanco, con una espectacular avenida abierta al mar, cual vestido de cola que va barriendo el suelo o más bien barre las más de 1600 viviendas del barrio de pescadores de El Cabanyal. Los planificadores en el poder, en su empeño por abrirse paso hacia la mar, pasan por alto el hecho de que la ciudad hace tiempo que ya llegó. A través precisamente de este singular barrio que guarda todavía un sistema urbano reticular derivado de las barracas, antiguas viviendas típicas de la zona valenciana, que sería interesante conservar y rehabilitar.

McFly, con los pantalones recogidos en las pantorrillas, pasea por la playa de la Malvarrosa, recordando el manifiesto que se ha leído en una centenaria lonja de El Cabanyal, aprovechando que el Congreso de arquitectos de España 2009, ha sucedido en Valencia. El texto reivindica un cambio de modelo en la intervención, que devuelva la palabra a la ciudadanía que reclama que se detengan los derribos. Con la mirada perdida y los ojos entreabiertos a causa del sol, le viene a Mcfly el olor a mar, el sonido del agua golpeando el barco de vapor.

El 29 de julio de 1933, el Patris II zarpa del puerto de Marsella con dirección al Pireo. El IV CIAM (Congreso Internacional de Arquitectura Moderna) tiene que refugiarse en los camarotes del ya mítico buque ante unos países europeos golpeados por un período entre guerras, convulso. En los puentes, protegidos por toldos, en una atmósfera ventilada llena de sol y de luz, con el mar en calma, Mcfly tiene la oportunidad de conversar con Le Corbusier que refiriéndose a los conflictos urbanos que se generan en los suburbios, éste se empecina en que esa “espuma que golpea los muros de la ciudad” como le gusta llamarla, no deja que la ciudad crezca siguiendo una regla. McFly, sin embargo, defiende la revuelta organizada, mordiéndose el labio inferior para no desvelar del todo su pensamiento, por miedo a cometer una paradoja temporal. McFly ya conoce los resultados negativos de la aplicación de los planteamientos urbanos de las vanguardias del Movimiento Moderno, unidos a los problemas causados por las contradicciones del capitalismo avanzado.

Para entonces, McFly ya ha leído los escritos de Jane Jacobs (Muerte y vida de las grandes ciudades americanas, 1961) y Lewis Munford (Perspectivas urbanas, 1969) donde critican una planificación que considera todo como “tabula rasa” y donde proponen nuevos acercamientos al planeamiento urbano. Y es que Mcfly ya ha tenido la oportunidad también de haber escuchado a Lefebvre, en una de sus clases de filosofía en la escuela de Nanterre en los setenta, hablando del derecho a la ciudad, criticando un urbanismo que ordena como tienen que ser las ciudades sin antes haber estudiado y analizado como son y por lo tanto cuales son sus requerimientos y necesidades. El derecho a la ciudad de sus habitantes definiéndolo, por tanto, como la expresión de unos movimientos sociales que reivindican la mejora de las condiciones de la vida urbana deteriorada por los efectos de los fenómenos urbanos.

Unos movimientos sociales que aunque distintos en cada país, todos tienen en común la voluntad de la ciudadanía en participar en la conformación del propio entorno urbano. En España, los ejemplos pueden ser múltiples y variados: desde los movimientos vecinales de los años 70, los movimientos okupas a partir de los años 80 o movimientos por una vivienda digna en la actualidad o por la reivindicación de barrios entre muchos otros. Y es mucha también, la tinta invertida en estas cuestiones pudiendo destacar los textos de Manuel Castells (Movimientos sociales urbanos, 1975), Jordi Borja (Movimientos sociales urbanos, 1975 o La ciudad conquistada, 2003) y más recientemente Manuel Delgado (La ciudad mentirosa, 2007), Pamela Radcliff (en Memoria ciudadana y movimiento vecinal, 2008) o la obra colectiva El Gran Pollo de La Alameda, en cuyos escritos se analiza la importancia de los Movimientos Sociales Urbanos como constructores de ciudad.

Parece que la mar sigue golpeando los muros de la ciudad, a pesar de los intentos constantes de ciertas autoridades por convertir a esta espuma, en recuerdos del pasado barridos de una vez por todas por estas grandes colas nupciales municipales. El barrio del Cabanyal que hasta 1897 fue un municipio independiente llamado El Poble Nou de la Mar, ya no es pueblo ni le dejan ser barrio.