El Cabanyal sufre

2009-06-10Publicat per: Las Provincias
Resulta imposible orientarse entra la intrincada maraña de recursos, autos, sentencias, nuevos recursos, providencias y toda suerte de actuaciones judiciales que envuelven el proyecto de prolongación de la avenida Blasco Ibáñez. Lo único cierto es que, a estas alturas, y tras más de tres lustros de litigios, el barrio del Cabanyal es el gran pagano de la disputa entre el Ayuntamiento de Valencia y un grupo de vecinos contrarios a que el histórico Paseo al Mar haga honor a su nombre y llegue hasta la playa de Las Arenas.

Los años de espera, unidos a la indefinición de la etapa anterior -la del Consistorio socialista-, cuando se apostó por un planeamiento diferido que, en la práctica, equivale a «de momento no vamos a hacer nada y ya veremos si en el futuro hacemos algo», han provocado un contínuo deterioro del barrio, que encierra en sus calles auténticas joyas del modernismo popular. En el Cabanyal no hay quien rehabilite, no hay propietario ni constructora que se atreva a meterse en obras, por miedo a la inseguridad jurídica. La suciedad, el abandono y la degradación arquitectónica, unidas a los problemas derivados de la okupación de casas, de la compraventa de drogas y de la creciente marginalidad, son el escenario habitual del barrio más barrio de toda Valencia, de una de las últimas zonas en las que la señora Amparo baja a comprar el pan en bata y zapatillas y el tío Sento acude a jugar al chamelo con sus amigos, siempre a la misma mesa de un bar en el que los camareros saben que el carajillo le gusta tocadito con Marie Brizard.

Ese barrio se merece un futuro, el que sea, pero ya. Si el PP, con el respaldo de las urnas, quiere llevar adelante la prolongación, que lo haga, aunque, a título particular, me permito dejar constancia de que me parece que una prolongación lineal de una avenida, abriendo una cicatriz de 100 metros en un distrito, es un urbanismo del siglo pasado. Lo peor que puede pasar es la indefinición y dejar ahora en manos del Gobierno el destino final del Cabanyal no augura nada bueno. Probablemente, más años de espera, de degradación, de drogas, de ruina... De sufrimiento.