«Verás el cielo abierto» está basado en las memorias del autor

Manuel Vicent: «La melancolía hace que valores el tiempo que te queda»

2005-11-16Publicat per: Levante
«Ya dijo Pío Baroja que la novela es un saco en el que cabe todo, su interpretación depende de cada lector». Con estas palabras justifica Manuel Vicent que su nueva obra se catalogue como una novela, a pesar de ser una fusión de géneros literarios que van de la autobiografía al libro de cocina o la guía de viajes. Verás el cielo abierto es, según su autor, «material de derribo, un espejo roto».

Básicamente, un elenco de pequeñas historias rescatadas de la memoria del escritor valenciano, ligadas por la presencia de la figura de una mujer, que, «a modo de coro griego», hace de hilo conductor. Sin embargo, Vicent insiste en que no se trata de un «libro de memorias» y que la novela narra «hechos reales, pero no autobiográficos, porque no me atañen sólo a mí». «Con el tiempo, memoria e imaginación se entremezclan y pueden dar lugar a un producto literario», explica el autor. Todo empieza un atardecer de finales de verano en una casa de Dénia frente al mar, donde Vicent solía veranear cuando era niño. Los recuerdos le invaden y revive algunos momentos de su vida, ausentes de sus libros Contraparaíso, Tranvía a la Malvarrosa y Jardín de Villa Valeria. «El material de trabajo es prácticamente el mismo de Contraparaíso y Tranvía a la Malvarrosa, pero cambia la mirada. El punto de vista de la primera era desde la infancia, el de la segunda desde la adolescencia. Ahora es la mirada de la madurez, desde el presente», explica Vicent.

A pesar de todo, según el autor, los recuerdos «no se abordan desde la nostalgia», porque, dice, «no es nada literaria». «La melancolía es nostalgia entendida hacia adelante, hace que valores el tiempo que te queda por vivir», añade.

A lo largo de la novela, y a través del tiempo, el lector es conducido por diversos rincones de la costa valenciana, un paisaje hoy dominado por los bloques de apartamentos y las urbanizaciones. «El paisaje tiene alma, un alma que es de todos. Es lo que en arquitectura se conoce como un asesinato, un asesinato por intereses económicos», cuenta el escritor. «La destrucción del Cabañal es terrorífica, lo del Balneario de las Arenas es lo más agresivo que he visto y Dénia es un ejemplo de destrozo general. Ahora hacer país es hacer PAIs», concluye.