Gaviotas sobre el Cabanyal

2005-08-17Publicat per: Levante
De Valencia se ha dicho que siempre ha vivido de espaldas al mar. Para mí éste es un tópico más de los muchos con los que los valencianos hemos sido adornados. Aunque la verdad es que a muchos de mis conciudadanos, al estar alejada la fachada marítima un par de kilómetros del centro de la ciudad, les ha parecido, alguna que otra vez, que les quedaba alejado el viejo Mediterráneo. Ahora nuestra alcaldesa, Rita Barberá, después de ir casi mendigando por diversas instituciones internacionales que nos hicieran la merced de otorgarnos la organización de algún evento deportivo o cultural, ha conseguido que, eso sí mediante el correspondiente pago, nos dejen ver, a la mayoría desde la lejanía de las playas, los veleros de la Copa del América. Lo que no se consiguió con las peticiones de capital cultural, Juegos del Mediterráneo o campeonato europeo de atletismo se ha logrado trayendo hasta Valencia la copa de las cien guineas y de repente todos nos hemos hecho aficionados a la vela como si el tener un velero y navegar estuviera al alcance de cualquier bolsillo de mero currante.

La alcaldesa de la ciudad ha visto el cielo abierto con esta concesión de la franquicia de los barquitos. Desde el 24 de julio de 1998, fecha en que se aprobó con los únicos votos del Partido Popular la prolongación de la Avenida de Blasco Ibáñez hasta el mar viene peleando con los vecinos del Cabanyal que se resisten a abandonar sus viviendas para dejar el paso libre a la especulación en un barrio que se ha visto degradado día a día con la complicidad de nuestras autoridades municipales. Ahora con la excusa de llevar adelante el saneamiento de la fachada marítima, pues hay que causar buena impresión a las decenas de visitantes que, según dicen, nos visitarán, ya pueden entrar los bulldozers a saco en las viejas calles del antiguo Poble Nou de la Mar, nombre del viejo barrio del Cabanyal hasta 1897, año en que fue incorporado a Valencia.

Pero los vecinos no están dispuestos a que desaparezcan de la trama urbana del barrio más de 1.600 viviendas y se han organizado, desde abril del 1998, en una plataforma denominada Salvem el Cabanyal que lleva ya más de siete años luchando por salvar sus casas y también una parte de la historia de esta ciudad. El barrio, formado en su mayoría por casas de una o dos alturas, cuenta con muchos edificios modernistas, con viejas fachadas de azulejos y con edificios tan emblemáticos como la Casa del Bous o la Llotja de pescadors destinados con este planeamiento municipal a la desaparición. La estrategia municipal ha sido la de no otorgar durante todo este tiempo licencias de obra para efectuar reparaciones en las viviendas y de este modo conseguir que los vecinos fueron abandonándolas mientras el barrio iba degradándose día a día. Ello haría más fácil la ocupación. Estamos ante una calculada operación de acoso y derribo para dividir a un barrio en dos mitades y conseguir, incluso vía expropiación, solares para la entrada de la especulación del ladrillo.

Los vecinos, amparados en el paraguas del Salvem han luchado denodadamente contra el dragón municipal y cual nuevo San Jordí van ganando batallas día a día. Manifestaciones, caceroladas, abucheos a la alcaldesa cuando ha acudido en Semana Santa a presidir procesiones -es una de las cosas que más le gustan-, exposiciones artísticas dentro de las viviendas condenadas a la piqueta y, no podía faltar, el recurso a los tribunales de Justicia denunciando la ilegalidad de una disposición que intenta arrasar un barrio que desde 1993 tiene la calificación de BIC (Bien de Interés Cultural). Ahora la justicia comienza a darles la razón, a finales del pasado Junio la juez del juzgado de lo contencioso-administrativo nº 2 de Valencia ha dictaminado que la empresa municipal Aumsa propietaria de dos edificios en las calles Progreso y Escalante y que ya habían comenzado a derribar los restituya a su estado original, es decir los sanee de escombros y, en uno de ellos, vuelva a colocar el tejado desaparecido para evitar su degradación y el peligro de ruina de los edificios colindantes.

Los salvem han proliferado en Valencia. Cuando la ciudadanía observa que los políticos, que están para defender el bien común, tan sólo se dedican a defender a unos pocos privilegiados crea estas plataformas de defensa ciudadana y ya están empezando a dar sus frutos. Hace unas semanas se consiguió que al lado de nuestro precioso jardín Botánico no se levante, en su volumetría original, un edificio cuyas alturas impedirían que el sol y el aire llegaran a los centenarios árboles que lo forman. Ahora Salvem el Cabanyal comienza a recoger también sus frutos. Esperemos que el viejo Poble Nou de la Mar siga siendo aquel barrio por donde poder pasear extasiándose ante sus viejas fachadas modernistas, haciendo parada en cualquiera de sus bares para tomar unas clochinas o un poco de pulpo seco junto con un capellanet y donde el aire del pueblo todavía impregna sus calles. La cultura de un pueblo no está tan sólo en los libros, también son cultura sus calles, sus casas, sus gentes y hasta su gastronomía. Pero, al parecer, al Partido Popular sólo le interesa la cultura del pelotazo y la especulación. Gaviotas carroñeras sobrevuelan las viejas calles del Cabanyal.