Endeudada hasta las pestañas

2004-12-20Publicat per: Levante
Un acontecimiento excepcional requiere de actuaciones excepcionales, esto es, de dinero excepcional. Y, hoy por hoy, la única manera que tienen los ayuntamientos de obtenerlo es: a) vendiendo sus solares, sus edificios o las joyas de la abuela, b) reclamándoselo a otro (Administración autonómica o central) o c) pidiéndoselo a los bancos. Embarcada en la Copa del América, Rita Barberá ha optado por la tercera vía por agotamiento de las dos anteriores. El patrimonio ya lo subastó prácticamente todo y pronto cayó en la cuenta de que la carta a los Reyes Magos, la lista de inversiones, que puso sobre la mesa del ministro Pedro Solbes no obtendrá la respuesta esperada.
Pero había otra complicación. El nivel de deuda que arroja a día de hoy el Ayuntamiento de Valencia, rozando el límite máximo del 110% (según la oposición, ya lo habría rebasado) obliga a pasar de nuevo por el Ministerio de Economía y Hacienda para que autorice superar este tope. La vicepresidenta primera del Gobierno, María Teresa Fernández de la Vega, quien vino a Valencia en misión pacificadora, confirmó a Barberá que no habrá problemas para obtener dicho permiso, como era de esperar. La alcaldesa se puso manos a la obra, haciéndose la cuenta -de la lechera- de que dispone de hasta 210 millones de euros.
Jordi Sevilla, sin embargo, ha pedido calma y unos cuantos informes para estudiar la situación financiera del ayuntamiento, además de avisar de que primero hay que discutir los proyectos, lo que tiene su miga, puesto que el PSPV rechaza de plano la posibilidad de que uno solo de esos euros vaya a parar a la prolongación de la avenida de Blasco Ibáñez a través del Cabanyal.
En cualquier caso, la cuestión reabre eternos debates como el de la bondad o la maldad del recurso al endeudamiento. ¿Es mala la deuda? No, si sirve para construir equipamientos y dotar de servicios las ciudades. Es evidente que un gran inversor es, a la fuerza, un gran deudor. Pero el argumento incluye trampa, si uno además, es un mal administrador y un derrochador.
Un informe reciente del Institut d'Economia de Barcelona situaba a Valencia como la segunda que más debe -y más invierte- tras la propia ciudad condal. El endeudamiento financiero a largo plazo se situaba hace dos años en 720 euros por habitante en Valencia y 828 en Barcelona.
No hay que pasar por alto que la operación «extra» de crédito que plantea Barberá equivale a la suma de las inversiones ordinarias de tres años de una sola tacada, que el (des)equilibrio entre presupuesto y deuda se situará en el 120% y que serán futuras corporaciones las que tendrán que devolver el dinero.
Y que el gobierno municipal ha dejado abiertamente atrás su promesa electoral de contención fiscal a la búsqueda desesperada de ingresos -como la mayoría de grandes municipios, dicho sea de paso- para soltarse la melena. Silvestre Senent lo dijo: «hay más gastos, luego necesitamos subir los impuestos». O sea, que endéudense, claro, como hacemos todos, pero con cabeza.