Manipulaciones en la ciudad

2004-11-12Publicat per: Levante
Desde determinadas instancias del poder, se han querido manipular hechos para deformarlos de cara a un público que suponían idiotizado por la telebasura: la huelga general fue un fracaso de participación; el Prestige no existió o bien fue beneficioso para nuestras costas; las armas de destrucción masiva, supuestamente en poder de Iraq, no existen pero la invasión de ese país se justifica porque los dirigentes iraquíes pensaban tenerlas (pecado de pensamiento); no hubo manifestantes contra la participación española en esa invasión; los atentados del 11M no tenían que ver con la foto de las Azores? Afortunadamente, la ciudadanía no estaba tan alelada como aquellos dirigentes suponían y éstos fueron desalojados del poder.
En Valencia, aún se mantienen en el poder gentes que hablan de proteger la Albufera permitiendo edificar en sus bordes: sólo 60 viviendas con la excusa de realojar a los errantes vecinos de La Punta, utilizados como el Cid, después de muertos, para justificar una operación que en realidad esconde más de 250 viviendas, la mayoría unifamiliares adosadas de alto standing, que nunca serán para ellos. Gente que afirma proteger la huerta y para ello proponen un nuevo estatus, la huerta garantizada, a la que se llegará por el procedimiento de edificar 3.045 viviendas, en 35 hectáreas de terrenos de huerta protegida en el barrio de la Torre. Gente que permite el supermercado de la droga en las inmediaciones de la partida de Dalt de Campanar, lindante con el parque de Cabecera, y utiliza el urbanismo como disciplina drogadicida recalificando el suelo no urbano en urbanizable. Gente que se propone no perjudicar los intereses de un gran propietario y para ello sacrifica a las docenas de pequeños propietarios que han cuidado o rehabilitado sus viviendas en la calle Eugenia Viñes entre el mamotreto del hotel las Arenas (con el que se destruyó un histórico palmeral y se privatizó una propiedad pública) y las innecesarias piscinas olímpicas con forma de medio huevo duro acuchillado en su tercio trasero. Gente que asegura que desea rehabilitar el Cabanyal y para ello se proponen derribar el 30% de su patrimonio edificado entre la Avenida del Mediterráneo y la calle del Pintor Ferrandis, es decir, su trama urbana y su arquitectura popular, ambas protegidas mediante su declaración como Bien de Interés Cultural, mediante la inserción de una avenida y la edificación que le acompaña, que pretende la asombrosa tarea de conectar por sí sola Valencia con el mar y, además, regenerar por completo los barrios del Canyamelar, del Cabanyal y del Cap de França, degradados por años de falta de interés municipal y permisividad para con la delincuencia que allí se ha establecido.
Todo esto tiene un denominador común: argumentos manipulados que benefician principalmente a las grandes empresas constructoras, verdaderos acumuladores de capital especulativo, que invertirán en las tecnologías más avanzadas para poder construir más y más deprisa, y por lo tanto necesitarán de más Albufera, de más huerta, de más partidas de Dalt, de más pequeños propietarios, de más cabanyales y, como no, de todo el litoral posible, para continuar acaparando capital, y tal y tal?
¿Hasta dónde llega el alelamiento? Quizá la gente no ve alternativas a esta manera de actuar, pero haberlas haylas. Quizá no son buenos tiempos para la reflexión y suene ingenuo proponer un debate ciudadano sobre un modelo de ciudad, pero la reflexión es posible, al menos sobre aquello que los valencianos apreciamos y estamos dispuestos a defender, pues si nos demoramos mucho, en un abrir y cerrar de maletines, desaparecerán devorados por la maquinaria pesada de la construcción especulativa.
Es desalentador escuchar el lamento de muchísimos ciudadanos por la pérdida de Las Arenas, por la sustitución de la playa a la que acudían de pequeños por el mamotreto del hotel edificado. ¿Qué hicieron para evitarlo? ¡Despierte la ciudadanía, aún quedan cosas que rescatar de la maquinaria!
No hacen falta las ideas potentes y monolíticas de los salvapatrias ni de los especuladores que hoy sabemos a donde nos conducen, sino una manera de enfrentarse a los problemas más flexible, más acorde con los tiempos de mudanza que nos ha tocado vivir, donde haya ciudadanos con ánimo de participar, y donde los ciudadanos con ánimo de participar sean atendidos.
La planificación urbana en una democracia del siglo XXI, exige la participación ciudadana: nos jugamos nuestra ciudad.
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