Sentencias

2004-10-22Publicat per: Cartelera Turia
En ocasiones la Justicia no atiende más intereses que los dominantes. También ella es un producto humano, y como tal está sometida a las imperfectas leyes que determinan nuestro comportamiento. Hay elementos correctores, es cierto. No es lo mismo un tribunal formado por una sola persona que uno constituido por 19 magistrados. Cuando las decisiones no son ni unipersonales, ni unánimes, los votos particulares, diferentes del de la mayoría, deben ser tenidos en cuenta. No tiene el mismo valor, o al menos no debería, una resolución aprobada por la totalidad de los magistrados que otra que cuente tan sólo con la mitad más uno de los votos favorables. Ya sé que es difícil entender esta filosofía, pero es la esencia misma de la democracia.
El jueves 14 de octubre, el Tribunal Superior de Justicia de la Comunidad Valenciana dio a conocer su resolución sobre los contenciosos que mantiene la Plataforma Ciudadana Salvem el Cabanyal contra el Ayuntamiento de Valencia por el proyecto de ampliación hasta el mar del paseo Blasco Ibáñez. El dictamen dio la razón al Consistorio frente a los argumentos vecinales. Fueron 11 magistrados contra 8 que votaron en contra de las pretensiones municipales. Margen demasiado estrecho para una decisión que supone –según vecinos, arquitectos y urbanistas- alterar de manera drástica la trama urbana y la protección que como Bien de Interés Cultural tiene el barrio. La sentencia del alto tribunal ningunea razones de peso que constituyen la base del urbanismo del siglo XXI. Un urbanismo basado en el consenso, en el diálogo con los vecinos.... y en el abandono de posiciones autoritarias y despóticas por muy ilustradas que sean.
ESPECULACIONES
Para la alcaldesa se trata de una cuestión de honor. Y es que aunque parezca mentira, Rita también tiene sus razones. Llevar Valencia al mar es su reto, su pirámide, su mausoleo. También lo era para Domínguez, su ex concejal de urbanismo, ahora metido en otras labores. Es la apuesta de sentirse Napoleón II trazando los grandes bulevares del París del XIX. Hasta ahora, las ambiciones especuladoras de la regidora se habían limitado a pegar bocados a la menguante huerta. El plan para el Cabanyal-Canyamelar supone un importante salto cualitativo. Aquí se trata de una cuña, un desfiladero de alto nivel en medio de un barrio popular y de rentas más bien bajas. Es la incursión del urbanismo especulativo en el corazón de la ciudad. Entre calles y plazas consolidadas, con una mayoría del vecindario asentado allí desde hace años.
Pero antes se ha preparado el terreno. El tiempo todo lo deteriora. Es cuestión de dejarle actuar. De no hacer nada para frenar su acción, incluso de introducir factores para acelerar sus efectos. Si se condena a un barrio a no tener servicios, a no pode realizar mejoras en las viviendas; si se facilita la instalación en la zona de colectivos marginales, se baja la vigilancia policial y se hace la vista gorda ante el incremento de la delincuencia, se están poniendo las bases para que la vida en el barrio sea imposible. Es una forma, no la única, de despejar el camino para que actúe la pala excavadora. Se hace en el Cabanyal, pero también en el barrio de Russafa a la espera de que el Parque Central dispare la demanda para vivir en él. Por el contrario, otros barrios han sido abandonados a su suerte al perder el plus de interés especulativo, que tanto incentiva al actual consistorio. Es el caso del Carmen, de volumetría limitada y por tanto de limitado negocio....