Rita y el Cabanyal

2004-10-19Publicat per: Levante
El día que Rita Barberá presentó su victoria en papel timbrado sobre los cabañaleros, la alcaldesa mostraba el trapío de las grandes ocasiones, su estampa malvaloca, abrasiva, marcial. Aunque no sé si hay para tanto: ocho votos particulares dejan la resolución del alto tribunal -el TSJ de la CV- muy lejos no sólo de la unanimidad, sino de la más elemental claridad. La lucha continuará no sólo porque es política -«como la sentencia», me dijo el portavoz de Salvem el Cabanyal, José Luis Ramos-, sino porque lo que es legal, y no dudo que la resolución lo sea, no es necesariamente justo ni oportuno, ni conforme a las obligaciones que impone el gusto y los consejos de los expertos, entre ellos algunos de los mejores urbanistas del mundo. No decirlo es cometer un pecado bastante más grave que el desacato.
Para saber qué diablos pasa en El Cabanyal mejor que leerse informes y resoluciones es fijarse en el plano de Valencia: allí verán una cebolla, un ensimismamiento de muchas capas concéntricas que extiende sus brazos en todas direcciones y en un costado excéntrico y playero, una curiosidad cartesiana, un fenómeno cometario que va a su bola, una retícula tendida al levante y confiada, como el capitán Tximista de Baroja, en su buena estrella: es El Cabanyal, propiamente, lui même, himself, a ver si se enteran los ordenancistas.
Sería injusto culpar sólo a la alcaldesa del deterioro de El Cabanyal que perdió, hace mucho, los recursos de la pesca, el contrabando y los pequeños talleres. Tampoco hicieron bien los socialistas en diferir el planeamiento del barrio en 1988. Ha crecido la ruina, pero la alcaldesa es básicamente una señora floralesca, un torrente de palabrería en papier maché, una gorgona brotada del oscuro vientre de la autosatisfacción que petrifica cuanto mira. A mi no me afecta: heredé el escudo de Perseo. Espero que no penetre el Cabanyal como penetra Israel en Gaza o Bush Niño en Bagdad.