Progreso 181

2005-05-03Publicat per: Levante
Pasito a pasito, tozuda y sutilmente continúa el Gobierno local de Valencia sus hazañas urbanísticas. Un técnico adaptativo, Carlos Masiá, se ha lanzado a derribar las primeras casitas populares del Cabanyal. Le ha leído la sentencia del TSJ a su gusto el abogado municipal Néstor Ramírez, y ambos dos han sido impelidos por ese estratega tan poco facundo de las grandes obras, Alfonso Grau. El trío vuelve a meter a la alcaldesa en un lío, el de reabrir la crisis por la apertura de Blasco Ibáñez justo cuando la ciudad avizora la Copa del América sin ningún proyecto ni visible ni sensato en la recámara. Hasta la fecha, todo lo que toca Grau es un despropósito -por indocumentado y por antiestético- que obliga a la presión para moldear la maquinaria burocrática. Su desvarío gestor le lleva a propiciar el primer derribo, el del edificio situado en la calle Progreso número 181. Luego afirma que está siendo víctima de una campaña radical, cuando él se pone en evidencia. Hace tiempo que la política ha dejado sola a esta ciudad.