¡Dejazme zola!

2005-01-23Publicat per: Levante
La obstinada perseverancia de la alcaldía de la ciudad de Valencia, con el único apoyo del grupo municipal del Partido Popular, en llevar a cabo la prolongación de la avenida de Blasco Ibáñez, está llegando a rayar el más absoluto sinsentido.

Sensatamente descartada, por parte del Gobierno central, la posibilidad de incluir la financiación del proyecto dentro de las actuaciones previstas para la Copa del América, el Ayuntamiento, arruinado, ha buscado el apoyo en el Gobierno autonómico que, a su vez arruinado, se ha sacado de la manga un modelo de gestión, ideado, ni más ni menos, por Rafael Blasco, que pone en manos de la empresa privada un proyecto de transformación de una zona declarada Bien de Interés Cultural, sobre el que aún está pendiente un recurso ante el Tribunal Supremo.

El proyecto ha sido, y sigue siendo, fuertemente contestado por los ciudadanos -ya sean o no vecinos afectados- y criticado por reconocidos profesionales del urbanismo y la arquitectura. Recordamos aquí el informe negativo de José Ignacio Casar, Arquitecto Inspector de la propia Conselleria de Cultura -cuya objetividad le costó el cargo; los demoledores informes de los departamentos de Urbanismo de las escuelas de Arquitectura de Madrid y de Valencia, del Departamento de Proyectos de la Escuela de Arquitectura de Valencia; las voces de Oriol Bohigas, de Manuel de Solà-Morales, de Luis Fernández-Galiano, de Carles Llop, de Ramón López de Lucio... incluso la reciente voz de Jean Nouvel, que en la presentación de su polémico proyecto VLC*Litoral, reconoce el valor del conjunto histórico del Cabanyal-Canyamelar y propone una actuación que descarta cualquier intervención agresiva, como es la prolongación de una avenida que considera innecesaria para la vialidad de conexión entre la ciudad y su frente marítimo. Frente a todos ellos, sólo las voces de Juan Antonio Altés, hombre de la casa, y la del mercenario Alejandro Escribano. ¡Ustedes mismos!

¿Cuánto tiempo tendrá que pasar para que el Ayuntamiento reconozca su equivocación al haber desempolvado un trasnochado proyecto del siglo XIX, desfasado y al margen de la sensibilidad contemporánea como estrella de su política municipal?

¿Cuánto tiempo tendrá que pasar para que el Ayuntamiento reconozca que no se puede hacer ciudad sin participación ciudadana, que el diálogo, la negociación y el pacto con la ciudadanía es el camino previo y necesario para la intervención en la ciudad del siglo XXI?.

Desde la antigua Grecia se reconoce que la experiencia, cuando es sometida a la razón, es fuente de conocimiento. La experiencia que la alcaldesa tiene en la gestión de la ciudad, tenía que haberle demostrado ya que la participación ciudadana es también el camino más sensato, más corto y eficaz para hacer ciudad. Experiencias de la larga duración que adquieren los conflictos cuando los problemas urbanos se realizan a espaldas de la ciudadanía, no le faltan. El Botànic, el proyecto de recuperación de la muralla árabe y la reurbanización de la manzana del callejón de Guttemberg, son algunos ejemplos, por no hablar del innecesario derroche de sufrimiento humano al que asistimos en la obligada diáspora de los vecinos de la Punta de Nazaret.

Tampoco le faltan referencias en el sentido contrario, es decir en la manifiesta capacidad que tiene la participación ciudadana para desatascar un conflicto surgido de un proyecto urbano, aunque éstas, debido a que nuestra alcaldesa no las practica, tengamos que buscarlas fuera de nuestra ciudad. No estaría de más que la alcaldesa se interesara, por ejemplo, por la experiencia del barrio de la Mina en Sant Adrià del Besós, al norte de Barcelona, donde se ha logrado realizar un interesante proyecto basado en la participación ciudadana coordinada por el Consorcio del Barrio de la Mina, cuyo gerente ha pagado a dos técnicos distintos a los técnicos redactores del plan, que han atendido las demandas de los vecinos, realizando una especie de contraplán que luego ha sido negociado. Estos técnicos, puestos al servicio del vecindario que, en principio, pueden dar la sensación de que crearán problemas, en cambio, han canalizado las aportaciones ciudadanas para que el plan llegara a buen puerto. El mismo efecto se está produciendo en el barrio de Zorrotzaurre en Bilbao, donde se han llevado a cabo talleres de participación ciudadana que de manera ordenada, razonada y documentada, exponen las aportaciones y demandas de los ciudadanos y cuyo progreso seguimos con gran interés.

Mientras tanto, en esta ciudad, Rita Barberá ,apoyada por lo más granado de su partido, se ha instalado en el peligroso juego de o conmigo o contra mí, habitual en las posiciones intransigentes del Partido Popular, que aún confunde las mayorías democráticas con la dictadura del partido mayoritario. Además, este modelo de gestión para llevar a cabo el proyecto del Cabanyal, nada más comenzar suscita todo tipo de sospechas. Sospechas lógicas, cuando de todos es sabido que la empresa privada tiene como principal objetivo el logro de beneficios económicos, y no parece que el proyecto de restauración y rehabilitación del Cabanyal levante demasiadas alegrías entre los promotores. A no ser, claro está, que su participación en el mismo sea el peaje para acceder al auténtico chollo: las recalificaciones. Es decir, el pollo que se reparte discretamente en los despachos municipales.