De ruta por el modernismo del barrio marinero de Valencia

2007-07-01Publicat per: Las Provincias
Un libro cataloga por primera vez las 273 casas típicas del Cabañal para que instituciones y ciudadanos tomen conciencia del patrimonio de la zona
Eduard Escalante, Josep Benlliure, Pare Lluís Navarro, Doctor Lluch, Nicolau de Monsoriu, Eugenia Viñes e incluso la Reina mantiene su belleza pese al paso inexorable del tiempo. Son calles del curtido barrio del Cabañal, pletórica manifestación del modernismo popular que brotó entre sus vecinos a finales del siglo XIX y principios del siglo XX.

“Imitando el gusto estético de las burguesías europeas de la época, los ciudadanos del Cabañal de forma humilde encontraron su propio modo de decorar sus casas con fachadas modernistas distinguidas por sus coloridos azulejos, sus preciosas puertas de madera de mobila (pino canadiense) singularmente labradas, exquisitas balaustradas, interesantes verjas de enorme belleza”, explica Felipe Bens, coordinador del libro Casas del Cabañal. Un patrimonio modernista para la Valencia del s. XXI, que por primera vez cataloga las genuinas viviendas del barrio marinero por excelencia en la capital del Turia.

La publicación sólo es un ejemplo de la magia y el deterioro que luce y sufre el Cabañal. A través de 500 fotografías se recoge el esplendor modernista de las típicas cases de taulells y la “falta de compromiso institucional”, según los autores, de un barrio sometido al irrefrenable desarrollo urbanístico de Valencia. Las imágenes, algunas exquisitas, se tomaron durante cuatro años, desde 2003 hasta la fecha por las fotógrafas Rosari Faet y Anna Fornes. Algunas ilustraciones tienen el mérito de radiografiar sin palabras el distrito: una abundante colada de sábanas tendida en un balcón de apenas dos metros, un septuagenario a la espera de la bombona de butano, la fachada de la taberna Bodega Montaña y del bar El Polp, una vivienda de dos plantas con una pintada que reza “próximo derrivo” (sí, escrito con uve), una casa con tres carteles de “se vende”, otra con los azulejos de su fachada por el suelo…

Cenit y decadencia

El Cabañal combina el cenit y la decadencia del modernismo popular. “Las imágenes se han elegido basándonos en el criterio estético. A través de ellas queremos ser neutros, mostrar las dos caras del barrio marinero”, matiza Bens, quien resalta que la publicación, editada por L’ Ornella, “no sirve a intereses partidistas. El libro sólo pretende ser un catálogo del patrimonio del Cabañal”.

Las casas del Cabañal tienen un valor intrínseco: “Es un instrumento para tomar conciencia de los bienes patrimoniales del barrio que desaparecen con el tiempo”, asegura el coordinador de la publicación. El catálogo tiene una doble función: servir de guía a la hora de restaurar las viviendas y convertirse de cara al futuro en un registro de los edificios que se levantaron en el Cabañal.

Hace 20 años las viviendas modernistas del barrio marinero sumaban más de 500. Hoy sólo luchan contra el tiempo y el abandono 273, según el editor. “No hay ningún barrio en el mundo como el Cabañal, un núcleo urbano de modernismo popular que nació humildemente de sus vecinos y no se ha tomado conciencia de esta riqueza”, sostiene Bens. “En Europa, el modernismo es una corriente ampliamente reconocida, valorada y explotada turísticamente. En el Cabañal, no es así”, lamenta.

“Es duro ver cómo azulejos de primeros de siglo yacen rotos sobre el suelo sin que ningún organismo oficial muestre el menor interés por ellos. En cambio, los anticuarios sí lo recogen”, explica el periodista. Con estos ejemplos, Bens demuestra que la declaración de Bien de Interés Cultural (BIC) de la que goza el Cabañal “no es suficiente” para su conservación.

Los enemigos del barrio

Si en la actualidad el enemigo del Cabañal es “la falta de compromiso institucional” y unas reformas y rehabilitaciones a cargo de los propietarios de las viviendas “que desvirtúan la esencia de las casas y su valor”, en siglos anteriores fue el fuego.

El 21 de febrero de 1796 un devastador incendio redujo a la nada el poblado marinero. Las viviendas del Cabañal eran entonces barracas adosadas unas junto a las otras y sus tejados eran de paja. Seis horas y media de llamas bastaron para convertir en cenizas el barrio. Por decreto, se prohibió levantar nuevas barracas o arreglar las pocas que habían quedado en pie.

Un año después se autorizó la construcción de casas de obra. Pocos pescadores podían hacer frente a la edificación de su vivienda, por lo que el Cabañal se mantenía como un barrio de barracas hasta que en 1875 otra vez el maldito fuego asoló 250 barracas. Este incendio fue el que motivó la creación de las actuales casas, si bien la estructura urbana (esa perfecta trama reticular) se respetaba y se consolidaba.

Nunca el puerto fue enemigo del Cabañal, más bien, lo contrario. La ampliación portuaria propicio la retirada del mar y, como consecuencia, un considerable aumento de las playas. La actividad marítima atrajo nuevos vecinos al barrio, pescadores y comerciantes, y la fachada marítima atrapó a veraneantes, que se construyeron sus casas respetando la fisonomía modernista del núcleo urbano.