En el Cabanyal, sí; en el Parque Central, no

2004-06-21Publicat per: Levante
Estamos en puertas de que comience el primer gran empastre del Parque Central de Valencia, las nuevas construcciones que obstaculizarán la continuidad de la gran transversal Ausiàs March-Pío XII, la que sería rara avis en Valencia, la ciudad cebolla, formada por sucesivas capas entre ronda y ronda, con planes parciales, escasez de rectas, anchas y largas calles y avenidas transversales, puentes en diagonal o en curva y numerosos cuellos de botellas.
Hasta el más neófito en temas urbanísticos ve lógico que al soterrar las vías que actualmente llegan en superficie a la estación de Renfe en la calle de Xàtiva, queden unidas formando una gran diagonal las avenidas Ausiàs March y Ramón y Cajal y, enlazada con ellas, la Gran Vía de Germanías. Sin embargo, así como las cabezas pensantes municipales no dudan en arremeter a través del Cabanyal para prolongar la avenida Blasco Ibáñez hasta el paseo marítimo, no entra en sus cálculos indemnizar lo que corresponda a los propietarios de los edificios que obstaculizarán la correcta unión para la transversal, como han hecho en Barcelona aprovechando el Fórum para continuar la Diagonal y la Gran Vía, y van a permitir que edifiquen en solares del municipio que obstaculizarán más el posible enlace.
Lo que un simple observador, no hace falta helicóptero, ve evidente, no lo quiere ver ahora el Ayuntamiento de Valencia, ya que primero es el negocio; y si dentro de unos años las autoridades correspondientes quieren solucionar el entuerto tendrán que pagar del erario público, de los impuestos que pagamos, los edificios que ahora están afuera de línea para el enlace y los construidos en parcelas municipales enajenadas.
Escasa mentalidad de futuro y discriminación, ya que mientras se considera magnífico hacer negocio en el Cabanyal, donde hay soluciones alternativas para llegar hasta el paseo marítimo como punto final del trazado, se desestima lo que debiera ser correcto en una zona con jugosos negocios inmobiliarios a la vista.
Y todo ello en una ciudad con deficiente trazado viario que constantemente exige costosas inversiones para paliar las dificultades para la circulación, que promueve un censo de más de 600 vehículos por cada mil habitantes, y hay gran permisividad ante las infracciones en el estacionamiento que obstaculizan grandemente el transporte público de superficie.
Así no se hace ciudad. Cuando tanto miramos hacia el norte para que no nos pisen en determinados asuntos, ¿dónde están los defensores valencianistas para evitar aquí un atropello urbanístico y, como añadido, tanto el ridículo interior como exterior a que nos está abocando la decisión municipal ante el primer empastre del Parque Central? ¿Cuál será el segundo?