Espera y triunfo del compromiso

Agustí Centelles en el VII Cabanyal Portes Obertes

2004-06-04Publicat per: Levante
Hoy, tal vez más que nunca, resulta importante reivindicar el testimonio fotográfico del horror y la barbarie; su denuncia directa y a contrapelo de lo políticamente correcto e, incluso, de lo moralmente aceptado. No para estetizarlo, redondeando sus puntas aceradas y matando su filo, sino para denunciar, como ha hecho durante más de un siglo la fotografía de guerra, el lado más crudo de las contiendas armadas, las tropelías de unos usos de poder desprestigiados por su abuso e ilegalidad continuas. Con el reciente episodio de la filtración de las imágenes de torturas en las cárceles iraquíes a manos del ejército norteamericano, la fotografía ha ocupado de nuevo un lugar destacado y, sin embargo, ambivalente: por un lado, muestra de manera incuestionable que lo que se ve en la imagen ha ocurrido, es decir, demuestra nuevamente su poder probatorio. Por otro, nos hace partícipes de unas experiencias que preferiríamos no haber visto, guinda macabra de una guerra que, la mayoría de nosotros, a la postre, tampoco querríamos que hubiese existido.
Cuando las imágenes que contemplamos ocurrieron tiempo atrás nos suministran, además, el añadido del hecho histórico: la evidencia de que aun pudiendo de hecho haber cambiado mucho las situaciones sociopolíticas de nuestro alrededor, nosotros somos los que, sin embargo, hemos cambiado muy poco. En su libro Ante el dolor de los demás –donde se analiza la capacidad de las imágenes (tanto pictóricas como fotográficas) para “evocar” o “mostrar”, según el caso, la violencia- la escritora estadounidense Susan Sontag hace un especial hincapié en la importancia del terreno donde acontecen las guerras. Ya en los años treinta, durante la Guerra Civil española, una sensación de estupor generalizado se instaló en Europa ante el hecho de que los bombardeos a la población civil estuvieran ocurriendo aquí, en el viejo y culto continente. Es aún más sorprendente comprobar cómo este sistema se empleó en la II Guerra Mundial hasta las derrota contraria final, sin paliativos. De la misma forma, resulta relevante que el escenario europeo no haya sido testigo directo de masacres de este calibre, o de la existencia de campos de exterminio en los últimos sesenta años, si exceptuamos, claro está, la Guerra de los Balcanes. Ante esta realidad, la escritora vuelve a posicionarse críticamente. “Uno de los principales modos de entender los crímenes de guerra cometidos en el sureste de Europa en los años noventa ha sido afirmar que los Balcanes, a pesar de todo, nuevo fueron en realidad parte de Europa”.
Es por todo esto que la obra fotográfica de Agustí Centelles adquiere la importancia del testimonio histórico y, de nuevo, la constatación de su compromiso adquirido con unos idelaes que defendió y supo mantener.
Nacido en el Grao de Valencia en 1909, su familia se instala en Barcelona en 1910 y es aquí donde crece y se forma como fotógrafo, asociándose a la Agrupación Fotográfica de Cataluña en el año 1925. Testigo de excepción de los sucesos de 1934 en Barcelona, sus fotografías son la historia de Cataluña y España durante los años treinta, mostrando momentos tan decisivos como la llegada de Companys a la Plaza de San Jaime de Barcelona el 2 de marzo de 1939; “a su salida del penal”; una cola electoral en las Elecciones de febrero de 1936, donde se mezclan con naturalidad las mujeres, los curas y los hombres de paisano o los momentos inmediatamente posteriores al alzamiento de julio del 36. No podemos aislar, y menos tantos años después con la perspectiva que da la distancia, estas imágenes de los sucesos que las provocaron y que ellas atestiguan. Tras la derrota republicana en 1939, el Ejército de Cataluña pide a Centelles que se lleve con él y salve los 5000 negativos que poseía el fotógrafo. Como muchos de los derrotados, pasa por el campo de concentración de Bram, en Francia, donde también realiza fotografías (existe incluso la que muestra su cuarto oscuro en el propio barracón) y vuelve a España en 1944 tras el exilio y la colaboración con la resistencia francesa. Antes de entrar al país, deposita sus negativos en la casa de una familia amiga de Carcasona, en Francia. Se entrega a las autoridades franquistas en 1946 y se le prohíbe volver a ejercer como reportero, dedicándose desde entonces a la fotografía industrial. No es hasta 1976, después de la muerte de Franco y principio de la transición española cuando Centelles vuelve a Carcasona y recupera los negativos dando a conocer, ahora sí, su extensa y comprometida obra; empezando a vivir una segunda vida como reportero y recibiendo ahora sí, por fin, su merecido reconocimiento. Nuevo años después moriría.
No es exagerado afirmar que esta actitud paciente la define no sólo como reportero y artista, sino como ser humano, enlazando de manera extraordinaria con la causa que esgrime y defiende la Plataforma Salvem el Cabanyal. Desde 1998, el barrio de El Cabanyal, memoria viva de un estilo de barrio marinero –anexionado a la ciudad de Valencia como los demás poblados marítimos en 1897-, vive amenazado por el proyecto de prolongación de la avenida Blasco Ibáñez hacia el mar, por más que esté catalogado como Bien de Interés Cultural (BIC) desde 1993. Durante estos casi siete años de tiras y aflojas entre el despotismo del consitorio que dirige Rita Barberá y la resistencia imaginativa de Salvem el Cabanyal, se han celebrado muchos actos, reivindicaciones y actividades, destacando sobre manera las jornadas denominadas Portes Obertes, que este año celebran su 7ª edición. Inauguradas el viernes 28 de mayo con una mesa redonda en la que participaron los hijos de Agustí Centelles (Sergi y Octavi Centelles, que han cedido desinteresadamente el legado de su padre por la causa cabanyalera), Josep Vicent Monzó, algunos de los reporteros gráficos que trabajan en Valencia o el escritor Manuel Vicent, las jornadas continuarán hasta el 13 de junio. Incluyen conciertos, el pase de un documental y una mesa redonda el 3 de junio, que reunirá bajo el título Periodisme i compromís a los profesionales Rosa Solbes, Emili Bolinches, Manel Rodríguez-Castelló y Emili Piera. La exposición de Centelles se puede visitar, en las 12 casas que la acogen, los sábados y domingos de 29 y 30 de mayo, y 5,6.12 y 13 de junio. (Para mayor información de la actividad y los contenidos de la VII edició Cabanyal Portes Obertes, visitar el portal: www.cabanyal.com)
Si algo nos enseña el paso del tiempo (y corroboran estas fotografías) es quién perdura y quién pasa, sin pena ni gloria o castigado por sus decisiones, a través de la Historia. Deberían tomar nota y ejemplo los políticos, cualquiera de ellos pero en particular los actuales inquilinos del Ayuntamiento de Valencia, de la actitud de espera y resistencia de los de Salvem el Cabanyal (o de cualquier otro colectivo ciudadano). Bien es sabido que nunca es aconsejable desoír la voz del pueblo. Un buen ejemplo de victoria al final de la carrera son estas excelentes fotografías de Agustí Centelles, testigos de una época tan cercana y, a la vez, tan lejana.