Papel contra hormigón

2004-05-30Publicat per: El Confidencial
Son un signo de los tiempos dos circunstancias urbanas en apariencia contradictorias, pero esencialmente semejantes. Por un lado, los centros de las ciudades se desnudan y enseñan sus entrañas, sobre todo al construir aparcamientos, y entonces la utilidad ha de rendirse a la Historia. Por otro, las ampliaciones hacia el extrarradio se engullen los barrios tradicionales y llenos de personalidad y entonces la tradición tiene que capitular ante la comodidad.
El Cabanyal de Valencia es un pueblo marinero, cuyas barracas y cabañas fueron sustituidas por casas bajas y arquitectura modernista tradicional cuando fue anexionado a la capital a principios del siglo pasado. Sus habitantes, de clases humildes la mayoría, son los guardianes de una forma de vida casi periclitada: tertulias al atardecer en los zaguanes, ventanales y postigos abiertos, niños jugando en los adoquines...
La Generalitat lo declaró Bien de Interés Cultural hace un tiempo. Sin embargo, el gobierno municipal de PP le asestó una herida mortal al aprobar en 2001 un Plan Especial de Reforma Interior (PERI) con el que se pretende que la Avenida de Blasco Ibáñez se prolongue hasta el mar, atravesando las calles de El Cabanyal como una lanza precedida de excavadoras, hormigoneras, especulación y mucho, mucho dinero. Casi al mismo tiempo se constituyó un movimiento ciudadano, la Plataforma Salvem al Cabanyal, que ha conseguido detener la ejecución del proyecto ante el Tribunal Superior de Justicia de la Comunitat Valenciana.
Entre los actos y movilizaciones que organiza esta plataforma se encuentran las Jornadas de Portes Obertes, una exposición anual que tiene lugar en un recinto muy peculiar: las propias casas del Cabanyal. Durante unos días algunos hogares abren sus puertas y el público puede disfrutar del arte siguiendo un itinerario por un entorno amenazado: los hogares de los vecinos de este barrio de pescadores.
En esta ocasión, la séptima, son las fotografías de Agustín Centelles las que adornan las paredes de una docena de casas durante tres fines de semana.
Agustín Centelles fue un excelente fotoperiodista valenciano que vivió en Cataluña `represaliado´ por el franquismo. La parte más importante de su obra la realizó antes y durante la guerra civil. Después huyó a Francia con miles de negativos en su maleta, donde estuvo preso en un campo de concentración durante la ocupación alemana. A su regreso a España fue condenado a prisión, aunque consiguió la libertad provisional. Lo que nunca pudo hacer es volver a ser periodista y se dedicó a la fotografía industrial.
La exposición se articula en doce partes, correspondientes a las doce viviendas donde se exhiben 270 de sus fotografías, la mayoría reveladas por él y otras por sus hijos, amén de un pequeño grupo de copias de época.
En la primera serie podemos ver la vida cotidiana de Barcelona en los años treinta: los cabarés, las actrices, el circo, el primer vuelo de Juan de la Cierva... En la segunda, los retratos de Companys, Azaña, Miaja, Montesori, Macià, Durruti, Pompeu Fabra, la Pasionaria...
En la tercera están plasmados los acontecimientos conocidos como hechos de octubre, en los que la Generalitat se alzó contra el gobierno central por la inclusión de cuatro ministros de derechas tras las elecciones de octubre del 34, y los enfrentamientos entre los partidos de izquierda ya durante la guerra. En la cuarta hay copias de época de fotos y retratos que Centelles realizaba en el frente y la retaguardia.
El quinto grupo está compuesto por fotografías de los días del levantamiento fascista en Barcelona y el sexto por los días inmediatamente posteriores. En ellas vemos el alistamiento de voluntarios, la salida de la columna de Durruti o la llegada de las Brigadas Internacionales, en una de las cuales sobresale la espigada figura de George Orwel.
La séptima sección está dedicada a los mítines, manifestaciones y desfiles y la octavo a las fotografías que enviaba a los medios de comunicación españoles y extranjeros como reportero de guerra. Los dos siguientes son amplios reportajes sobre los frentes de Aragón y de Lérida.
En el penúltimo grupo podemos ver cómo era la vida en el campo de concentración francés donde estuvo preso, y en el último las consideradas fotos de propaganda, que entregaba al gobierno republicano para sus carteles y medios de comunicación. También se incluye una pequeña muestra del trabajo realizado durante su exilio interior a su vuelta a España.
Muchos de las fotografías de Centelles han dado la vuelta al mundo, como la del grupo de milicianos parapetados tras una caballería muerta en el asedio a Barcelona, y ésta es una buena ocasión de hacer un repaso por su extensa obra, maldita durante muchos años.
Con esta original exposición tenemos la oportunidad de contemplar el trabajo de un artista excepcional en un barrio amenazado mientras reivindicamos la justicia con la ciudad de Valencia y los vecinos del Cabanyal. Justicia que nunca tuvo Agustín Centelles, quizá solo al final de su vida.