Avenida Blasco Ibáñez

2007-05-05Publicat per: Las Provincias
Fue el soñado Paseo al Mar, el que más proyectos, polémicas, paralización de obras y expropiaciones ha acumulado. Facultades, hospitales y farolas con reclamos, bajo las melias
En la antigua imagen, facilitada por Huguet, parece una maqueta el conjunto de los chalets conocidos como ‘de los periodistas’; hoy son cotizadas villas de planta y piso con pequeño jardín de cipreses, limoneros, jazmineros y rosales. Se edificaron para la Asociación de la Prensa entre 1933 y 1934, según proyecto de Enrique Viedma. Poco tiempo después, el Ayuntamiento concedió un solar a la Cooperativa de Casas Baratas de Artes Gráficas en una manzana posterior y se alzaron 28 chalets mas. Ni que decir tiene que en la década de 1960, la etapa de fuerte especulación, las villas sucumbieron y únicamente subsisten una veintena en la primera manzana de la avenida (números impares), calle de Bernat i Baldoví y Joan Martorell.

Nos hallamos en el denominado, durante largo tiempo, ‘‘paseo al mar’’; el que ha acumulado en Valencia más proyectos, polémicas, paralización de obras y expropiaciones. Su andadura comenzó en 1893, cuando se concibió como vía ajardinada que uniese los Viveros con los poblados marítimos, playas del Cabanyal y la Malvarrosa, que eran centro de veraneo.

Sin embargo, el deseo de la expansión urbana, teniendo que cruzar algún puente, fracasó, y se decidió instalar las Facultades de Ciencias y Medicina en un mismo edificio. Como siempre sucede, se cambió de idea y, por fin, en 1911 se encarga a Mariano Peset el proyecto para la Facultad de Ciencias en un solar independiente. Construcción que se terminaría en 1944, destacando por los rasgos del expresionismo alemán posterior al racionalismo.
Actual Rectorado

A resaltar que la citada facultad, desde febrero de 2002 es el nuevo Rectorado de la Universitat de València, fecha coincidente con la conmemoración de sus ‘‘Cinc Segles’’. La obra fue llevada a cabo por los arquitectos Luis Carratalá y Antonio Escario; superó las doce millones de euros, pero el mundo universitario se enorgullece, máxime cuando los antiguos catedráticos y alumnos comprobaron que se respetaba la escalinata central de mármol, el aula magna y la lámpara central; ussitía el nostálgico recuerdo.

Junto al Rectorado se halla la Facultad de Medicina, cuyos trabajos se iniciaron en 1918, con proyecto de José Luis Oriol. Se trata de un edificio calificado como grandilocuente, con una gran matrona semirrecostada en el tímpano, escultura de José Terencio. Se inauguró en 1950 con la promoción de alumnos que habían comenzado el curso en octubre de 1949, en la vieja Facultad de Guillem de Castro, a los que también suponía un trastorno ir en el tranvía de circunvalación y atravesar el puente del Real, paso a paso.

Hoy la larga y ancha escalera de entrada siempre está ocupada por grupos de jóvenes que acudieron en moto o en bicicleta; a los utilitarios renunciaron por falta de espacio y repetidas multas. Se pasan apuntes, se prestan libros, apuran el sol primaveral y utilizan las farolas para colocar pegatinas en busca de alguien para compartir piso en Benimaclet, dar clase a niños de ESO, acudir a reuniones reivindicativas o solicitar acompañante para la marcha del sábado.

Jacarandas y fuentes

En 1951 se estudió de nuevo la creación del jardín y se plantaron jacarandas, acacias, prunos, pinos y melias, instalando en las plazoletas pequeñas fuentes y bancos de piedra; jardín que nunca acogió a grupos de jubilados para fumar el cigarro prohibido, ni contó con toboganes para niños.

En los primeros tramos, hay una insólita estatua de cerámica que representa a la diosa Palas Atenea, realizada por el escultor Roa, ubicada allí desde 1967, pero ignorada porque ahora a cubren ramas de los árboles y es paso de caminar aprisa, entre paradas de autobuses y estaciones metro.

La avenida posee un gran tránsito tanto pos los estudiantes de las numerosas facultades que siguieron a la de Medicina, como por los visitantes que acuden a los hospitales y Clínica Quirón.

Las fincas de alto standing tienen en sus bajos farmacias, librerías, quioscos, centros para fotocopias, fax e internet, que alternan con pequeños restaurantes, cafeterías y algún horno de pastas caseras y empanadillas, que los jóvenes piden a cualquier hora.

La más característica avenida concluye con la rotonda presidida por el grupo escultórico La antorcha olímpica, de Anna Huntington, ofrecida a Valencia por la autora.

Siguen los colegios del Pilar y Guadalaviar, ya en el segundo tramo; y a medida que se camina se distingue el celaje inconfundible de la orilla del mar...

Un siglo con el sueño y todavía no se ha alcanzado.