Un forzoso entendimiento

2000-09-07Publicat per: Las Provincias
Con un mes de anticipación al final del plazo previsto para resolver las alegaciones, ha saltado a la actualidad el espinoso asunto de la prolongación de la avenida de Blasco Ibáñez. Y lo ha hecho, además, con un sesgo que, de convertirse en definitivo, supondría una grave dificultad para la ejecución del viejo proyecto municipal de hacer que el Paseo al Mar llegue definitivamente al borde del Mediterráneo.

Curiosamente, la Conselleria de Cultura, que parece decidida a denegar su licencia para la aplicación del proyecto, se indina a decir que quizá si la idea del Ayuntamiento fuera acompañada del dictamen de expertos independientes, el expediente hubiera corrido mejor suerte. ¿Quiere eso decir que en la Conselleria se considera que quienes han elaborado el proyecto en el Ayuntamiento no gozan de esa doble condición de ser expertos y además independientes? ¿Quiere eso decir que si la idea fuera acompañada de firmas de relumbrón, a ser posible extranjeras, el expediente tendría mejor suerte?

Seguro que no es así. Como es seguro. además, que en la Conselleria de Cultura, empezando por el propio conseller, se tiene muy claro que la prolongación de Blasco Ibáñez es una aspiración ciudadana que cuenta ya con un siglo de antigüedad y que, en las últimas elecciones, figuraba en ese programa municipal del Partido Popular que fue respaldado por una holgada mayoría absoluta.

Es verdad que las mayorías no facultan a los políticos para saltarse las normas. Pero no se puede negar al Ayuntamiento la mejor buena voluntad en la tramitación de este caso: su proyecto ha sido confeccionado con prudencia, procura hacer el menor daño posible al entorno y no puede ser víctima de esa norma que pide que se mejore el entorno porque además de hacerlo nace, sobre todas las cosas, con la finalidad de unir mejor a Valencia con el mar, que es el bien superior que aquí estamos contemplando.

Con todo, nada irreparable ha ocurrido hasta el momento y los organismos interesados muestran una voluntad cooperadora que están obligados a mejorar. ¿Habría alguna forma de conseguir que la comunicación de Blasco Ibáñez con el mar se hiciera de la manera menos traumática para el patrimonio? ¿Se podrían salvar piezas de especial valor de ese Cabanyal tan característico? Ahí es donde la sociedad valenciana, que dijo sí a un programa municipal que contenía el proyecto, es seguro que también respondería de forma positiva. Por eso es preciso que el Ayuntamiento y la Conselleria de Cultura colaboren estrechamente en la solución del problema y que, en su cooperación, reciban el apoyo de todos cuantos, de forma solvente y con buena voluntad, puedan aportar algo de valor. Consejo Valenciano de Cultura, Colegio de Arquitectos, academias e instituciones, deberían sentir como un deber ciudadano aportar cuanto esté en su mano para alcanzar esa mata ideal que consiste en que el viejo Paseo al Mar llegue al mar... con el menor daño posible.