Vendaval Rita

2000-09-06Publicat per: Levante
El regreso de Rita a su alcaldía se ha hecho notar. Sin protocolos. Sin normas. Sin circunloquios. Sin esperanza alguna de rectificación. Con la piqueta en una mano, y el pie puesto en el acelerador de la tanqueta depredadora. Ni razones, ni informes, ni leches van a detenerla en la aprobada partición del barrio del Cabanyal, condenado a su desaparición con el tiempo, por mucha protección de Bien de Interés Cultural (BIC) de la que goce. Eso son minucias, papelitos impresos aviesamente en el pasado, que no pueden impedir su sueño de prolongar la avenida de Blasco Ibáñez, antiguo paseo de Valencia al Mar. Es su apuesta, su obra. Y no está dispuesta a que sea también su tumba política. De momento, el vendaval Rita ha arrasado con la alfombra que habían empezado a extender desde la Conselleria de Cultura los técnicos de la misma, y no sin argumentos, que suscribimos.

Rita, antes de mostrársenos en su plena y elemental desnudez política, sin pudor alguno, no se molesté en releer el documento que paralizaba la partición del Cabanyal, sino que opté por irse directamente al vértice, Eduardo Zaplana, para saber la postura del presidente de la Generalitat. De ahí, tras la visita formal al conseller Tarancón, desató el vendaval dentro de su casa, sin temor mayor, porque no acaba de ver claro lo ocurrido. Y echó mano de la urna para justificar lo políticamente injustificable: la negación de los controles técnicos de que se dota una administración moderna y democrática, para impedir los desmanes del poder y proteger a sus administrados. Grave error. (Más estilista, y hasta más divertido con la situación, se mostró el conseller de Cultura, tan acostumbrado como está al sincretismo político, que le permite conciliar el sueño y disfrutar al límite del goce del poder. Y Consuelo Ciscar, más sonriente que de costumbre.)

Rita, con su destemplanza, se ha delatado, y ha puesto sobre el tapete su estilo más bronco de hacer política. Le ha faltado cintura, capacidad de lidia y respeto democrático. Y ha desvirtuado la razonada advertencia técnica, que supone un freno a su proyecto, cuando ya se lo veía hecho. Ahora, anda a la busca de sus sabios del milenio, a tanto su presencia, qué le justifiquen a la contra lo que los integrantes de Salvem el Cabanyal han justificado de largo: la partición del Cabanyal ni favorece al barrio, ni contribuye a su mejora. Más bien a la inversa. Y eso es lo que a la alcaldesa debe quitarle el sueño. El trasfondo político entra en el sueldo. Y lo sabe.