Renau en el Cabanyal

2000-06-15Publicat per: Levante
Estos días ha tenido lugar una iniciativa cultural original: la exposición de la obra de Renau, un famoso artista valenciano, en once viviendas del Cabanyal. El éxito de público ha sorprendido a todo el mundo. Sábados y domingos, varios centenares de visitantes se han desplazado al Cabanyal, han visto la magnífica obra de Renau y la han contemplado en un entorno insólito: en casas particulares habilitadas para la ocasión. Al mismo tiempo, han conocido de primera mano la problemática que está generando en el barrio la posible prolongación de la avenida de Blasco Ibáñez. Porque el motivo de esta insólita exposición ha sido persuadir a la ciudadanía de tres cosas: 1ª Que el Cabanyal no es un barrio degradado ni marginal, muy al contrario, es un barrio vivo y agradable; 2ª que su estado actual es consecuencia de la parálisis urbanística impuesta por el ayuntamiento durante más de 15 años, y 3ª que no hay ninguna necesidad de prolongar la avenida de Blasco Ibáñez. En términos positivos, el Cabanyal precisa y exige ser tratado como cualquier barrio de la ciudad, como es obligación del ayuntamiento. La incuria municipal, impidiendo durante 15 años que los vecinos del Cabanyal arreglasen sus casas, las remozasen, las rehabilitaran, construyeran sobre los solares existentes o las derribaran y reconstruyeran, le ha dado al barrio un aspecto descuidado y, en ocasiones, decrépito. Algún observador cualificado ha dicho que lo que le hace falta al barrio es, en primer lugar, una mano de pintura, solución barata donde las haya. El ayuntamiento ha jugado durante 15 años a hacer lo del perro del hortelano, que ni comía ni dejaba comer. La situación objetiva del barrio —que los visitantes de la exposición Renau han conocido estos días— es de un contraste entre viviendas decrépitas o abandonadas junto a viviendas y fincas de gran calidad. El conjunto es funcional, agradable y bastante bien conservado. Los visitantes se asombran de que el ayuntamiento haya impedido a los vecinos realizar el adecuado mantenimiento de sus fincas y viviendas. La otra cuestión es la proyectada prolongación de la avenida de Blasco Ibáñez. No hay ningún argumento razonable que apoye dicha prolongación. En principio puede parecer un proyecto urbanístico normal, pero perfectamente inútil. Pero si se tienen en cuenta los costes económicos y sociales que tendrá que soportar el barrio, las cuentas no salen. Las ventajas económicas, urbanísticas y sociales son extremadamente limitadas. Tan limitadas que se limitan a satisfacer la inercia social derivada del nombre anterior de la avenida: paseo de Valencia al Mar. Para muchos ciudadanos, si el paseo se llamaba así, les parece lógico que llegue al mar. Pero no hay más argumentos. Por el contrario, los costes económicos, urbanísticos y sociales son tan elevados que no han podido ser evaluados correctamente en el proyecto del ayuntamiento. Porque el Cabanyal es un barrio con cinco importantes polos de actividad que están conectados de norte a sur y que son interdependientes. La actividad comercial y bancaria de la calle Pintor Ferrandis está conectada con el mercado de Cabanyal, éste a su vez se conecta con el área comercial de su entorno, en la avenida del Mediterráneo, que a su vez conecta con la zona comercial de la calle de la Reina, en cuyo inicio se concentra un fuerte núcleo de oficinas y comercios vinculados a la actividad portuaria. La calle de la Reina es el eje estructurante del Cabanyal. Romper esta organización urbana, económica y social es algo más que derribar 1.600 viviendas y comercios, y expulsar de sus viviendas, prácticamente manu militari a más de 3.000 personas y a unos centenares de comercios y talleres. Es destruir un sistema social vivo y potente. Los vecinos han realizado una fuerte y maravillosa llamada de atención a toda la ciudadanía de Valencia para que su barrio se mantenga como es y se mejore su situación.