Salvemos la ciudadanía

2000-04-17Publicat per: Levante
SOSTIENE el filósofo francés Baudrillard, que el mundo se ha convertido en una gran Disneylandia donde lo real esta siendo desplazado por lo virtual. Baudrillard parece inspirarse en la sociedad valenciana. Un modelo en el que la proliferación de ciudades virtuales y territorios míticos ha venido acompañada por el recorte de los derechos básicos de la ciudadanía social y por la transformación, bajo el criterio dominante del beneficio inmobiliario privado, de los territorios urbanos reales. Parecemos vivir en un territorio de ilusión donde el cartón piedra de sus nuevas ciudades: del teatro, del cine..., va acompañado por la destrucción de la ciudad real. Desaparece la huerta, se destruye la Albufera, se descoyuntan los barrios y, poco a poco, vamos perdiendo nuestra memoria cívica real. De todas aquellas ciudades que viven en nuestra ciudad comienza a desvanecerse en el aire la única real: la ciudad de las ciudadanas y de los ciudadanos.

La cultura de la virtualidad real consiste en sustituir la realidad por la ilusión y conseguir que dicho cambio produzca beneficios políticos y económicos reales. Su vehículo es la manipulación informativa. Su publicidad nos encierra con sus cuentos y se queda con los pingües beneficios económicos que producen sus cuentas. La cultura de la virtualidad real sólo es compatible con una cultura cívica autoritaria, que tiende a reducir la participación ciudadana a la nada. Sí el beneficio es lo que cuenta la vida de la mayoría de los ciudadanos se convierte en una tómbola gobernada por el interés económico de unos pocos. La imposición de los valores y criterios propios de la economía de mercado basados en la explotación de los seres humanos y el medio natural reduce el mundo a una sucesión de mercados por conquistar y a los ciudadanos a capital humano, que se utilizarán en la medida en que sean rentables. Por su parte, la participación democrática se reduce a debates triviales sobre asuntos secundarios a cargo de partidos que persiguen objetivos muy similares.

Cuando las desigualdades socioeconómicas que existen en nuestra realidad social se pueden esconder bajo enunciados propagandísticos del tipo «va bien»; cuando la precarización laboral se puede presentar como pleno empleo; cuando los responsables municipales se convierten en personajes depredadores del Libro de la selva (económica) o, por último, cuando la amputación de la memoria histórica, cultural y cívica que supone la destrucción del Cabanyal-Canyamelar se presenta como parte del interés colectivo, nuestra ciudadanía está seriamente amenazada.

La recuperación ciudadana es una tarea urgente, supone un esfuerzo colectivo por recuperar, mediante la participación pública, la ciudad, la cultura, la democracia y, en definitiva, la palabra. Se están dando, pasos en esta dirección. La plataforma Salvem el Cabanyal-Canyamelar es un magnífico ejemplo. En el interior de su resistencia contra la depredación inmobiliaria está impresa la imagen de una nueva ciudadanía capaz de integrar en la participación pública las políticas por la igualdad y la redistribución socioeconómica con las políticas por el reconocimiento identitario y vecinal. En nuestro inmediato presente, salvar el Cabanyal-Canyamelar significa salvar nuestra ciudadanía, recuperar la dignidad ciudadana en su sentido más profundo y real.