Queixa Síndic de Greuges

La queja presentada por la Plataforma SALVEM EL CABANYAL y la ASOCIACIÓN DE VECINOS DEL CABANYAL-CANYAMELAR, más los 50 firmantes en las hojas que se adjuntan, se hace en nombre y representación de los vecinos y vecinas del barrio del Cabanyal-Canyamelar afectados por los graves problemas de convivencia e incivismo que de forma reiterada, constante y persistente venimos sufriendo en nuestro ámbito privado y familiar.
Este problema se inicia hace más de 20 años, cuando se aprueba el PEPRI y comienza un planificado asedio a los vecinos residentes en una zona destinada, por el entonces equipo de gobierno municipal a la especulación inmobiliaria. Este proyecto suponía el derribo de más de 1.600 viviendas en el corazón del Cabanyal y por tanto la crónica de una muerte anunciada para el barrio.
Muchos vecinos del barrio resistieron en sus casas al pertinaz acoso, mientras que otros las abandonaron a su suerte viéndose incapaces de luchar contra la administración. Esto fue fundamental para el posterior deterioro, propiciado por la paralización de licencias para la rehabilitación de las casas, que a su vez redundó en elabandono de muchas de ellas.
A causa de esto, las casas vacías fueron ocupadas con el consentimiento y beneplácito del consistorio, que no dudó en aprovecharse de grupos desfavorecidos para lograr sus intereses especulativos. Estos nuevos habitantes del barrio, al amparo de la desidia de las actuaciones municipales, que nada hicieron por remediar los graves problemas de convivencia que surgieron tras su llegada, han deteriorado hasta tal punto la convivencia, que hoy día es el principal problema del Cabanyal.
En muchas ocasiones, estamos hablando de familias numerosas, que han ocupado viviendas sin las básicas condiciones de salubridad, es decir, sin agua, sin luz, sin cédula de habitabilidad, etc.
También existe el problema de las mafias que se aprovechan de la situación de las familias en riesgo de exclusión social para traficar con las casas ocupadas, exigiendo a estas familias una renta por viviendas ajenas e insalubres.
Por otro lado, algunas de estas casas han sido ocupadas con el único fin de utilizarlas para actividades ilícitas y delictivas como el tráfico de estupefacientes o narcosalas.
Con la llegada del nuevo equipo de gobierno municipal, los vecinos afectados por esta crítica situación, aguardaban un cambio en las políticas municipales, ya que el barrio del Cabanyal había sido uno de los pilares en la campaña electoral. Después de tres años del cambio de gobierno, los vecinos han visto frustradas sus esperanzas al no apreciarse actuaciones que revirtieran la situación. Incluso podríamos decir, que la convivencia ha empeorado, ya que la impunidad ante el incumplimiento de las normas básicas de convivencia, ha hecho empoderarse a los incívicos que persisten en su comportamiento, ya que nada se hace para impedir el continuo incumplimiento de las ordenanzas municipales.
En determinadas calles del Cabanyal-Canyamelar, zonas muy concretas y fácilmente identificables, se producen a diario, comportamientos incívicos que no serían permitidos en otros puntos de la ciudad, tales como:
– Partidos de futbol a cualquier hora del día o de la noche, bajo nuestras ventanas y contra nuestras fachadas, protagonizados tanto por menores como por adultos. Estos no solo provocan la inevitable molestia a los vecinos que los sufren, sino también un considerable peligro en el transito de vehículos y personas.
– Música emitida por altavoces de descomunal potencia que hacen retumbar los cristales de las viviendas, pero que al parecer son invisibles a las fuerzas del orden, que pasan por su lado sin censurar la actuación de quienes los portan.
– Ocupación de la vía pública con mobiliario privado como, sillas, sillones, sofás, barbacoas, sombrillas, hamacas, piscinas hinchables, carritos de supermercado, etc.
– Publicitación de la venta de drogas “a voz en grito” sin ningún tipo de reserva a cualquier transeúnte que pase por estas calles, tanto por parte de menores como de adultos.
– Absentismo escolar de menores, que por las noches están en la calle a horas intempestivas y por la mañana no acuden a la escuela.
– Peleas de gallos en plena calle con apuestas incluidas y a plena luz del día.
– Reuniones espontáneas acompañadas de consumo de alcohol, cante y baile a altas horas de la madrugada, con la presencia de menores.
– El resultado de las citadas actividades incívicas, deriva en una acumulación de basura que fomenta una sensación de dejadez y desamparo, pese a que las brigadas municipales de limpieza hacen varios turnos para mantener limpias las calles. El problema no es la falta de limpieza, sino la falta de civismo.
Esta queja que le hacemos llegar, es el último eslabón de una larguísima cadena de reuniones, promesas, comunicados, actuaciones reivindicativas, ruedas de prensa, concentraciones, reclamaciones varias, asambleas vecinales, etc., que a lo largo de esta ardua etapa se han llevado a cabo por parte de los vecinos y vecinas del barrio, encabezados por la Plataforma Salvem El Cabanyal y la Asociación de Vecinos.
Precisamente en estos momentos, se ha elaborado un “Decálogo de normas de convivencia”, auspiciado por la concejalía de Políticas Inclusivas del Ayuntamiento de Valencia. En él se ha intentado recapitular unas normas básicas de convivencia a cumplir por parte de todos los vecinos del barrio, especialmente dirigidas a las minorías incívicas. No son unas normas de obligado cumplimiento, simplemente unas recomendaciones, cuyo incumplimiento, por sí mismo, atenta contra las ordenanzas municipales, que sí son obligado cumplir en todo el resto de la ciudad. Tanto la Plataforma Salvem el Cabanyal como la Asociación de Vecinos, hemos acudido puntualmente a las reuniones previas a la elaboración de este decálogo, viendo con decepción que la solución de los problemas de convivencia se dejan en manos del libre albedrío de quienes los provocan, sin atajar el conflicto de raíz.Consideramos que la realidad es mucho más sencilla: hay unas normas, hay que cumplirlas y no es una opción ignorarlas.
Nuestras quejas, denuncias y reivindicaciones van en defensa de nuestro derecho a la intimidad en el hogar, nuestro derecho a la salud física y mental afectada por la falta de descanso y que propicia que no podamos rendir convenientemente en nuestro trabajo, estudios o tareas cotidianas. Nuestro derecho a la protección medioambiental mermada por la contaminación acústica pertinaz, tanto de día como de noche.
Agotadas ya todas nuestras posibilidades, acudimos a usted con la esperanza de que pueda ayudarnos en la medida de sus posibilidades a paliar nuestra dramática situación por la falta de convivencia.
Aquí presentamos un dosier, que en buena parte resume, las actuaciones que se han llevado a cabo a lo largo de estos años por nuestra parte, con nulo resultado y en el que adjuntamos:
– Quejas por registro de entrada de vecinos afectados
– Quejas de Asociaciones cívicas del barrio a distintas concejalías
– Comunicados y ruedas de prensa
– Solicitudes de entrevistas con representantes municipales y autonómicos
– Intervenciones en plenos del Ayuntamiento
– Sentencias de otros defensores del pueblo
– Convocatoria de Asambleas vecinales para tratar estos temas
– Creación del GAM (Grupo de Ayuda Mutua) de afectados
– Conversaciones extraídas del chat del GAM que muestras la desesperación de los vecinos.
– Fotografías del estado de algunas zonas del barrio
– Videos de las actuaciones incívicas
– Facturas telefónicas donde se constatan las numerosas llamadas al 092 para requerir la presencia de la Policía Local por actos incívicos. La mayoría de ellas sin respuesta efectiva por parte de los cuerpos policiales, lo que redunda en la persistencia del problema, ya que quienes generan los ruidos y molestias, no son recriminados por ello.
También adjuntamos una lista de vecinos firmantes y solidarios con este problema de convivencia que viven en la denominada Zona 0. Son menos de los que quisiéramos, porque son pocos los vecinos con capacidad de firmar este documento, que siguen residiendo en estas calles, que se han ido vaciando de población a causa del continuo acoso al que se han visto y se ven sometidos.

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