Vengan y participen. Portes Obertes 2008

Organizar la décima edición de “Portes Obertes” ha significado para todos aquellos que estamos implicados en la defensa del barrio, un momento de reflexión, una ocasión de hacer balance del camino recorrido. Un camino que ciertamente no ha sido fácil y del cual, somos conscientes, aún queda mucho que recorrer.

La satisfacción que nos produce volver a encontrar el apoyo y la solidaridad de la gente que acude a nuestra llamada, tiene la facultad de procurarnos una inyección de vitalidad y energía que refuerza nuestra convicción de resistencia. Resistencia, que no podemos olvidar, se produce ante un hecho injusto; injusto e innecesario aunque no gratuito, ya que ha llenado durante una década de dolor a un barrio cuyo único delito ha sido el de ser diferente: un barrio diferente que no ha perdido su carácter, que no se ha convertido en un “no lugar” (lamentable definición a la que se ajustan la inmensa mayoría de los nuevos núcleos urbanos que se han construido en nuestras ciudades durante este acelerado siglo veinte que acaba de terminar).

El Cabanyal es un barrio diferente, peculiar y marinero que ha logrado mantener a lo largo de la historia su propio carácter, no sólo en su pintoresca arquitectura, sino también en sus costumbres y formas sociales de convivencia vecinal. Paradójicamente su único delito parece encontrase en su propio origen marinero y por tanto en su privilegiada ubicación frente al mar. Ese maravilloso mar que desde siempre ha sido valorado por los habitantes de los Poblados Marítimos de Valencia, pero que parece haber sido descubierto de pronto por individuos que al igual que el codicioso Tío Gilito, sólo detienen su mirada ante la expectativa de negocio.

Cumplir el décimo aniversario de “Portes Obertes” nos produce a todos los que estamos implicados en la defensa del barrio del Cabanyal un sentimiento fuertemente contradictorio. Un sentimiento en donde se mezclan sensaciones desagradables de dolor y frustración con otras de carácter más positivo y optimista que lógicamente, son las que nos mantienen activos en la resistencia.

La parte desagradable viene del hecho de tener que reconocer que desde que Rita Barberá es alcaldesa, los ciudadanos de Valencia tenemos vetada la oportunidad de intervenir en las decisiones que afectan directamente al futuro de nuestra ciudad y que nos tenemos que contentar con el papel de dóciles y entusiastas espectadores de todo lo que sucede en ella. Espectadores, por supuesto, de grandes eventos como el de la pasada celebración de la Copa del América, donde nos tocó el papel de pertenecer a la corte de admiradores que se deslumbraban ante los extraordinarios yates que disfrutan los verdaderos invitados al evento. Cada vez más osada, en la reciente competición de coches de Fórmula Uno nos convirtió en escuchadores de ruido, del ruido de una fiesta cuya visibilidad era imposible, lo que nos impidió siquiera representar el anterior papel de mirones.

Desde el inicio de las actividades de la Plataforma Salvem el Cabanyal, la alcaldesa ha acusado despectivamente a la Plataforma de hacer política, como si tal actividad conllevase un valor negativo y por supuesto aclaratorio de nuestras perversas intenciones. Desde aquí confirmamos que efectivamente la Plataforma Salvem el Cabanyal hace política, quiere hacer política, ya que la gente que pertenecemos a ella, no consideramos que la única acción política permitida a los ciudadanos en democracia consista, en dejarnos votar cada cuatro años y luego obligarnos a enmudecer. Los ciudadanos y ciudadanas que formamos la Plataforma nos resistimos y nos resistiremos a esta interpretación de lo que significa la participación ciudadana y consideramos que tenemos derecho a intervenir en los procesos donde se decide el presente y el futuro de nuestra ciudad. La verdad es que nos ofende y nos avergüenza la sistemática manipulación de la participación ciudadana que realiza el Ayuntamiento y que en el caso del Cabanyal, comenzó desde el principio del proceso, con la manipulación del resultado de la exposición pública de las tres propuestas de intervención para el barrio: más de tres mil firmas en contra de las tres propuestas presentadas fueron desestimadas escandalosamente por el Ayuntamiento alegando un defecto de forma.

Lo cierto es que estos diez años han estado repletos de experiencias dolorosas con respecto al trato recibido por parte de la alcaldesa de Valencia, y en ellos hemos asistido y soportado actitudes arrogantes, autoritarias, manipuladoras e injustas. Y digo injustas porque, pese a la infortunada sentencia del Tribunal Supremo con la que algunos quieren dar por cerrada la herida social que se ha producido en el Cabanyal, ésta continúa abierta. La lenta y sistemática destrucción del barrio a la que se han dedicado durante estos diez años, trasciende con mucho a la legalidad o ilegalidad de un proyecto urbano y pone en cuestión aspectos inadmisibles en el comportamiento del poder político.

Pero como dije al principio de este escrito, el camino de resistencia contra la realización de un proyecto urbanístico que condena a la ciudad de Valencia a destruir uno de sus barrios más emblemáticos, también nos ha aportado importantes satisfacciones. En primer lugar nos satisface y reconforta comprobar que hemos sido capaces de no contagiarnos del absentismo ciudadano que se respira de manera generalizada en nuestra sociedad, que no hemos pasado a engrosar las filas cada vez más amplias de individuos adocenados, desengañados e incapaces de demostrar su frustración ante el interesado rumbo que muchos políticos profesionales están dando al desarrollo de los valores democráticos. También nos alegra comprobar que somos capaces de pensar y seguir actuando en defensa de nuestros derechos, y por supuesto nos hace inmensamente felices el comprobar que el barrio se mantiene en pie y puede seguir acogiendo en sus casas el poderoso discurso de solidaridad pública que dan los artistas que participan y hacen posible inaugurar esta décima edición de “Portes Obertes”.

Están todos ustedes invitados vengan y participen.

Maota Soldevilla

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