¡Ai, Valencia!: bastiones y sitios. Portes Obertes 2008

Rumor: Ruido confuso como el que se alza de una multitud, de una tempestad, del mar, etc.

¿La ciudad dormida?

Quizá hay quien cree, aún, que Valencia ha sido y es una ciudad dormida bajo el asfalto. Quizá hay quien opina que, silenciosamente, se ha dejado asediar y que ha sido una espectadora, impasible, que ha permanecido callada al ver como, con los años, su patrimonio natural y cultural quedaba enterrado bajo el cemento. Quizá hay quien piensa que nada se puede hacer ya por recuperar una ciudad que, cada vez más, tiene una fisonomía menos singular.

No obstante, Valencia no duerme. No duerme porque no la dejan dormir. Un rumor insistente la despierta cada vez que intenta cerrar los ojos. Los culpables no son pocos y, de entre estos, encontramos a los Salvem: una colectividad que ha dibujado, por todas partes, pequeños bastiones de resistencia. Estos, sin embargo, no surgen de la nada: los cimientos, que son muy firmes, se remontan a los años de latencia en los que las ciudadanas y los ciudadanos vivían con los pulsos agitados por el deseo de libertad.

Retrocedamos en el tiempo y situémonos a finales de los años 60 y principios de los 70. Es entonces cuando ven la luz los nuevos movimientos sociales (NMS), es decir, el feminismo, el ecologismo y el pacifismo. Estos movimientos se originan en el marco del ciclo de luchas y protestas de un movimiento social más amplio: las revueltas estudiantiles del 68. En este período también se forja otro movimiento social de base urbana y organizado por barrios, las reivindicaciones del cual se entremezclan con las de otros movimientos: es el movimiento ciudadano.

En la ciudad de Valencia encontramos muestras de este último e incipiente movimiento. La dictadura no pudo silenciar las voces que reclamaban la participación ciudadana. Así pues, durante el período predemocrático, cuando gobernaba Adolfo Rincón de Arellano, se articuló la campaña El Saler per al poble, en defensa de la Devesa. En los años 60 se inició un plan urbanizador ,típico de la época, que se mostraba totalmente despreocupado por la conservación del medio natural. Se arrasó casi todo el cordón de dunas para construir un paseo marítimo y, con la arena procedente del arrasamiento, se llenaron zonas deprimidas y mallades para levantar urbanizaciones (40 edificios de más de 8 alturas), además de habilitar las correspondientes infraestructuras (muchos kilómetros de carreteras, grandes áreas asfaltadas para aparcamientos, redes de agua y saneamiento, etc.). Un importante movimiento ciudadano, tomado en Europa como modelo de movimiento social, fue capaz de paralizar el plan urbanizador bajo el lema El Saler per al poble. Con la llegada del primer Ayuntamiento democrático se realizó un Plan Especial de Protección, a partir del que se creó la Oficina Técnica Devesa-Albufera, un servicio municipal que se encargaba de su gestión. La aprobación de este plan posibilitó la puesta en marcha de toda una serie de actuaciones en la zona: declaración de la Devesa como primer espacio protegido del País Valenciano; prohibición del acceso de los viandantes a las zonas más sensibles; cierre al tráfico rodado en el 80% de la superficie; campañas divulgativas y educativas, etc.

Posteriormente a esta iniciativa, en los años 80, se gestó otra consigna: El llit del Túria és nostre i el volem verd. A raíz del desvío del río Turia en los años 60, se pretendía construir una gran autopista urbana que cruzara todo Valencia. No obstante, la movilización popular obligó a la Administración a rectificar y a convertir el cauce del antiguo río Turia en lo que es actualmente: un espacio verde, un pulmón para la ciudad, una zona de goce. El llit del Túria és nostre i el volem verd -juntamente con la de Llibertat, Amnistia y Estatut d’ Autonomia- fue la frase más pegada y pintada en las paredes valencianas durante aquellos tiempos. También hubo manifestaciones, recogida de firmas, etc. Y, al final, toda la movilización generada, obtuvo el éxito esperado. Finalmente, el antiguo cauce del río Turia fue (y es) verde, a pesar de las críticas que se puedan hacer por el estado en que está actualmente o por el aprovechamiento que de él se hace.

Por otro lado, las agresiones a la huerta han generado también sucesivas movilizaciones. Entre 1978 y 1984 se inició el primer alzamiento en defensa de la huerta. Just Ramírez, Pep Lluch Relllamp, Miquel Gil, Antoni Corell y Joan Olmos -agrupados a partir de 1980 en la Associació Amics de l’Horta- fueron algunos de los que se levantaron en contra del proyecto del III Cinturón de Ronda del Plan Arterial de Valencia .

De la latencia al estallido: los Salvem

A este período de efervescencia siguió una etapa en la que se vivió una (aparente) desmovilización. El rumor, sin embargo, no tarda mucho en hacerse escuchar de nuevo. La génesis de los Salvem en la ciudad de Valencia la constituye la coordinadora Salvem el Botànic–Recuperem Ciutat, que se creó el año 1995. A raíz de esta movilización ciudadana comenzaron a conformarse otras iniciativas cívicas con el objetivo de atender a numerosos problemas urbanos, territoriales y medioambientales: Salvem el Pouet (1996), Defensem la Punta (1997), Salvem el Cabanyal–Canyamelar (1998), Salvem Russafa (1998), Salvem l’Horta de Benimaclet y Salvem l’Alquería del Barbut (2001).

El renacimiento que se produce en la ciudad de Valencia en la década de los 90 se debe a la confluencia de diferentes circunstancias a nivel local, nacional e internacional. En este contexto de movilizaciones destaca el llamado «movimiento antiglobalización» , que es, en realidad, un movimiento de movimientos. Se puede decir que, en Valencia, este renacimiento se percibe de manera clara. La concurrencia de diferentes factores posibilitan la (re)aparición de movimientos sociales de distinto tipo: por una parte, encontramos una serie de carencias (estructurales, organizativas e ideológicas o valorativas) y, por otra, un contexto (más que) favorable (Ibarra, 2000: 9-10).

En cuanto a las carencias estructurales, es evidente que los Salvem han surgido, precisamente, por tensiones estructurales (urbanas o, diciendo las cosas por su nombre, de especulación urbanística). Tensiones que han generado, y generan, vulneración de intereses muy concretos, visibles y sentidos. Vulneración hasta de derechos humanos. Desde el Ayuntamiento de Valencia, tal como se denuncia desde los diferentes Salvem, se aplica una estrategia muy sencilla: degradar para especular. La degradación que precede todo proceso de especulación ha sido y es evidente en todos aquellos barrios donde la alcaldesa, Rita Barberá, ha querido ejecutar sus proyectos urbanísticos.

No hay que olvidar, tampoco, las carencias organizativas. Los Salvem surgen porque otras organizaciones, que deberían hacer frente a las agresiones que sufre la ciudad de Valencia, no se implican. Aparecen ante la inexistencia de un contrapoder que se oponga a la especulación y a la expansión urbanística. Por lo tanto, los Salvem no solo llenan el vacío que han dejado los partidos políticos de la oposición, también el que no han ocupado las asociaciones de vecinos.

Por último, son evidentes las carencias ideológicas o valorativas. Los Salvem están formados por gente afectada -directamente o indirectamente- por un problema concreto. No obstante, detrás de su surgimiento, arraigo y expansión, hay mucho más que un problema específico: los Salvem son la respuesta de una ciudadanía inconformista, la consecuencia del resurgir de la conciencia y de la participación ciudadanas.

Valencia se ha convertido durante los últimos años en una «ciudad asediada», una ciudad proclive al surgimiento de los Salvem y de otros movimientos de protesta ciudadana. Con la llegada del Partido Popular al Ayuntamiento de Valencia (1993) y a la Generalitat Valenciana (1995) se produjo un aumento más que considerable del número de proyectos urbanísticos y de infraestructuras irrespetuosos con el patrimonio. A eso hay que añadir, también, la dejadez en la que se encuentran muchos barrios, sobretodo los de la periferia. Aunque no son los únicos: el distrito de Ciutat Vella (que incluye los barrios de la Seu, la Xerea, el Carme, el Pilar, el Mercat y Sant Franscec), justo en medio del centro histórico, también se ve afectado. Frente a estas agresiones crece la conciencia patrimonial y, al mismo tiempo, decrece la confianza hacia la administración y ciertas actuaciones urbanísticas impulsadas frecuentemente por ésta.

Así pues, frente a las carencias mencionadas anteriormente, y aprovechando un contexto

adecuado, las ciudadanas y los ciudadanos no se quedaron de brazos cruzados, antes al contrario: se organizaron y se movilizaron. Poco a poco se sumaron personas de dentro y de fuera de los barrios que iban viéndose afectados por la especulación urbanística y, finalmente, se constituyeron coordinadoras y plataformas que recogen gente muy diversa y dispersa. Así es como nacieron los Salvem, que no son otra cosa que una forma peculiar de contestación ciudadana en contra de la política urbana oficial. Y es que, en Valencia, como en tantas otras ciudades de alrededor del mundo, triunfa una concepción urbanística que se muestra agresiva con las personas que lo habitan que, por suerte, no es aceptada por todo el mundo.

No se puede obviar el papel que han jugado los medios de comunicación en la existencia de los Salvem. La prensa valenciana, por razones obvias, ha sido la que más eco se ha hecho. Desde algunos periódicos se ha hablado casi siempre bien (Levante-EMV, El Punt, El País…) y, desde otros, mal (Las Provincias, El Mundo, ABC…). En relación a las expropiaciones que se produjeron en el Pouet, en el barrio de Campanar, Las Provincias publicaba un artículo en el que se afirmaba: «Los primeros beneficiarios del proyecto son los propios agricultores. El precio millonario que han obtenido por las hanegadas les permitirá en el futuro vivir de rentas » . ¿Las principales beneficiarias no serían las empresas constructoras? La tendenciosidad de esta noticia, sin embargo, se percibe, ya, en el titular: «Las alquerías de la huerta de Campanar, amenazadas por la inevitable expansión urbanística de Valencia» . El adjetivo «inevitable» es, sin duda, del todo prescindible.

Otro ejemplo de la manipulación a la que están sometidos los Salvem (y otros movimientos sociales) por parte de los medios de comunicación, lo constituye este artículo referente a Salvem el Cabanyal-Canyamelar: «Carteles y pancartas insultantes jalonan los itinerarios procesionales de Semana Santa. Oportunismo, esa es la idea que se podría destacar de la actitud que en estos días han adoptado los componentes de la Plataforma “Salvem el Cabanyal-Canyamelar”. Aunque sus representantes anunciaron que no iban a boicotear o reventar ningún acto de la Semana Santa Marinera, lo cierto se que sí están interfiriendo, aparentemente de forma pasiva, en el desarrollo de algunas de las procesiones que se efectúan en las calles del distrito (…). La simbiosis entre el tiempo de oración y penitencia, propio de la Semana Santa, y la manifestación pública de las reivindicaciones vecinales son dos elementos que no deberían ir unidos… » . El artículo sigue con este tono, que se vuelve cada vez más y más grosero.

Tampoco se puede obviar la manipulación a la que les ha sometido la televisión pública valenciana. Como ejemplo, una noticia aparecida en los «informativos» de Canal 9 en qué se hablaba de Cabanyal Portes Obertes y se silenciaban, por completo, hechos trascendentales (los motivos por los cuales se había organizado, el trabajo y la existencia de la Plataforma Salvem el Cabanyal-Canyamelar o la problemática surgida a raíz del proyecto de prolongación de la avenida Blasco Ibáñez). Esta es la voz en off que se escucha a lo largo de la noticia: « Más de 200 artistas han participado dejando su huella particular en esta original propuesta artística. Estamos hablando de los actos del proyecto Cabanyal-Canyamelar de Portes Obertes, en Valencia. Todo el barrio se ha transformado por unos días en una gigantesca sala de arte. El barrio ha sido literalmente invadido. Una invasión artística que ha llenado todos los rincones. Pintores, escultores, fotógrafos, músicos, etc., han tocado con sus manos diferentes espacios del Cabanyal. Ver la obra conjunta de estos artistas es un paseo, un recorrido por edificios públicos y privados del Cabanyal. Este cuadro está hecho de mejillones y se titula “Consérvese”. Se encuentra en el antiguo matadero del Cabanyal. Y este es el Teatro de la Estrella. Y eso que escuchan es el corazón del Cabanyal. Las casas particulares también han sido invadidas por obras de arte. Lola tiene 79 años y por su casa están desfilando las obras artísticas más vanguardistas del arte valenciano. Manifestaciones artísticas que lucen casas, plazas y calles del Cabanyal de hoy» . Y estos son los totales con qué se acaba de redondear la noticia: «Desde la Lonja del Pescado hasta aquí, hasta la calle San Pedro. Hay proyectos muy interesantes. Se han ocupado espacios públicos y privados. Por ejemplo, hay artistas como el Equipo Límite y Mavi Escamilla que han hecho una instalación en una casa vacía. El nombre es “Resiste-te” (Maribel Doménech)»; «Aquí hay un barrio vivo. Y como decía la sra. Lola, aquí hay un barrio con espíritu» (Vicente Ortiz); «Ha habido una respuesta fantástica. Más de 200 artistas valencianos han presentado sus proyectos. Algunos individual y otros colectivamente. Y se han presentado finalmente 160 proyectos» (Pepe Romero); «Me parece muy bien que estos chicos se hayan interesado por nosotros. Todos estos chicos que son maravillosos. Y están trabajando muy bien. Y por eso los he dejado, porque me parece que lo hacen mucho bien y esto servirá como propaganda de nuestro barrio» (Lola Martí). Evidentemente, las declaraciones fueron “recortadas”, a conciencia, sin miramientos, sin vergüenza. Todas las reivindicaciones, que no fueron pocas, se eludieron. Una vez más, palabras silenciadas.

En Radio 9, la «radio» «pública» de los «valencianos» , también se les ha menospreciado. En cambio, algunas emisoras de radio alternativas, les han abierto siempre los micrófonos (Radio Klara, Radio Funny). Fue Radio Funny, precisamente, la emisora que colaboró con Miguel Molina para llevar a cabo un «happening» en el seno de la primera edición de Cabanyal Portes Obertes. Molina organizó –junto con Leopoldo Amigo- un Concierto para cacerolas y radios. Rita y Nerón se parecen mogollón y Cacerola, rola, rola fueran los temas interpretados por Producciones El Diu de la Bestia y el Grup de Percussió del Ritme, respectivamente. La acción, que tuvo lugar al CSO Pepica La Pilona (c/Pavía, 43), logró congregar un montón de gente cargada con cazuelas y otros objetos con los que hacer ruido. Tampoco faltaron los aparatos de radio ya que se conectó en directo con Radio Funny, que retransmitió a través de sus ondas esta original apuesta y propuesta. Además, esta emisora emitió durante los días previos una cuña para convocar a la gente a participar: «Producciones El Diu de la Bestia en colaboración cono Radio Funny retransmitirán en vivo y en directo el viernes día 11 a las 20 horas desde Pepica La Pilona la obra contestadora y contestataria Rita y Nerón se parecen mogollón. Concierto para cacerolas y radios desde el Cabanyal. No lo olvides. El viernes, a laso 20 horas, te esperamos».

Para combatir la manipulación o el silencio informativo al que frecuentemente se ven sometidos, los Salvem buscan sus propias maneras de comunicarse. Utilizan diferentes medios -complementarios a la prensa, la radio, la televisión- que les permiten ofrecer otra versión (y visión) de los hechos: la suya. Para difundir sus reivindicaciones, así como las acciones que llevan a cabo, los Salvem utilizan soportes muy diversos: adhesivos, carteles, camisetas, pintadas, pancartas, panfletos, folletos, etc. En esta tarea de (contra)información no hay que olvidar, tampoco, la importancia del llamado «cuarto medio», herramienta privilegiada de acción, comunicación y organización. Internet permite, gracias a su bajo coste, que los Salvem elaboren sus propias informaciones para difundirlas a través del ciberespacio.

La existencia de los Salvem va unida a la palabra, a la elaboración de discursos cargados de razón. Estos movimientos han dicho “no” a la destrucción de la huerta (de la Punta, del Pouet o de Benimaclet); han dicho «no» al derrocamiento de 1600 casas en el Cabanyal, un barrio, recordémoslo, declarado Bien de Interés Cultural (BIC) el año 1993; han dicho «no» a la construcción de « tres tristes torres» en el Solar de Jesuitas. Han dicho y dicen «no» y, al mismo tiempo, han elaborado y elaboran alternativas. Alternativas posibles que apuestan por una ciudad más sostenible; una ciudad que mira al futuro sin renegar del pasado; una ciudad que quiere crecer construyendo y no destruyendo. Dice Jorge Riechmann que los NMS «son al mismo tiempo movimientos “negativos” de protesta, de rechazo frontal de muchos rasgos perversos de las sociedades industriales avanzadas, y también portadores “positivos” de una alternativa o imagen de la sociedad mejor: otra forma de vivir, relacionarse y trabajar; nuevos modos de producción, convivencia y consumo» (1994: 60). El papel de los Salvem ha sido, por lo tanto, alertar sobre peligros y malestares y, al mismo tiempo, proponer soluciones para inventar una ciudad más habitable.

La palabra, sin embargo, siempre ha ido unida a la acción. Los movimientos sociales hablan, también, o sobre todo, a través de sus actuaciones. Más allá de los eslóganes y de la retórica, los movimientos sociales transforman los discursos en hechos, las palabras en acciones. A través de lo que hacen (y la manera como lo hacen) ponen de manifiesto que existen otros caminos, con y sin atajos. Los pasos de los movimientos sociales no siguen las líneas marcadas por lo(s) podere(s) públicos y privados. Ellos avanzan (haciendo, deshaciendo y rehaciendo) por trayectos aún invisibles que, poco a poco, llenan de huellas.

Una de las novedades que aportan los nuevos movimientos sociales respeto a los viejos (el movimiento obrero y sindical), está en las formas de acción que emplean. Rucht las analiza y las sintetiza así: (I) los grupos y las organizaciones de los nuevos movimientos sociales actúan más autónomamente que los viejos y rechazan el modelo leninista de «vanguardia revolucionaria»; (II) enfatizan la importancia de la política local y, por lo tanto, no centran su acción a nivel nacional; (III) ha disminuido el significado de la participación en las elecciones y de la representación parlamentaria; (IV) contrariamente, han aumentado otras formas de participación, como la acción administrativa y judicial; (V) las acciones violentas, especialmente aquellas que implican el uso de armas, también han perdido importancia en pro de la desobediencia civil; (VI) el repertorio de las formas de acción ha crecido ampliamente (1992: 222-226). Las acciones de los Salvem se construyen, quizá sin que ellos lo sepan, a partir de estas seis características que, en mayor o menor medida, se encuentran presentes en las acciones desarrolladas por los movimientos de todas partes.

Si se sigue la trayectoria activista de los Salvem, se percibe que su repertorio de acciones traspasa la acción convencional. Uno de los motivos, que son diversos, tiene que ver con la difusión mediática. McAdam afirma que los movimientos sociales deben superar seis tareas importantes para que sus propósitos tengan un impacto en la sociedad y, una de estas, es «conseguir cobertura en los medios de comunicación, e idealmente (aunque no necesariamente), favorable a sus puntos de vista» (1999: 477). Y es por este motivo que los movimientos sociales centran sus acciones en tácticas mediáticas que les permiten ser visibles ante la sociedad. Los medios de comunicación, por lo tanto, condicionan la acción ya que «los medios visibilizan o invisibilizan los movimientos sociales» (Zubero, 1996: 167). Una manifestación ya no es noticia. Y, eso, ellos lo saben. Es por este motivo, entre otros, que desde los movimientos sociales se ha apostado por acciones no ordinarias, siempre pensando en el impacto que estas puedan tener en los medios de comunicación (Dalton, Kuechler y Bürklin, 1992: 35).

Así pues, los Salvem no se limitan a convocar huelgas y manifestaciones, como hacía el viejo movimiento obrero, sino que intentan aportar elementos espectaculares (y, por tanto, mediáticos) como medida para asegurarse la difusión. Objetivamente hay que decir que nada (o poco) queda ya por inventar en cuanto a los repertorios de acción. Encontramos, en el espacio y en el tiempo, prácticas análogas en el seno de los diferentes movimientos sociales. No obstante, se intenta (re)inventar en cada nueva acción, introduciendo pequeños matices. Se debe añadir que los Salvem son, siguiendo la línea general de otros movimientos sociales, muy pragmáticos y, por tanto, no se adaptan a un modelo de acción colectiva prefijado. Cada Salvem elige los recursos que considera más útiles para resolver el conflicto por el que se moviliza. Las diferentes agresiones que están en el origen de la aparición de los Salvem, siendo del mismo tipo, están sometidas a factores diversos (factores referentes a la ubicación geográfica del conflicto, por una parte, y a la composición social de la gente que participa, por otra) que afectan a la evolución de la movilización en cada caso concreto.

Este repertorio de acciones, que no es solo mediático, es también muy diverso: campañas de mail action; exposiciones; conciertos; visitas guiadas; charlas, debates y mesas redondas; murales; recogida de firmas; caceroladas…Tampoco faltan las manifestaciones y las concentraciones, aunque se intenta «aliñarlas», siempre que se puede, con elementos originales. Una concentración, por ejemplo, se convierte en un «beso colectivo», un «abrazo general» o una «encintada» por el Botànic. La poética, entra en juego.

Como se ha dicho, les Salvem buscan un efecto de testimonio y de expansión mediante las acciones que llevan a cabo. Se pretende, así, que el resto de la ciudadanía se incorpore y se solidarice con su lucha. La visibilidad de la acción es esencial. Es por eso que las acciones de los Salvem tienen como escenario el espacio público, un espacio abierto al alcance y a la vista de todo el mundo. Aunque un espacio quiera ser abierto (un centro social okupado, Ca Revolta, la Casa Verda, Ca la Dona…), las paredes siempre limitan. Las puertas y las ventanas -tengan o no éstas cerraduras y barrotes- son un barrera, a menudo infranqueable, que dificulta su entrada. Y a pesar de la idea utópica que buscan estos espacios, y del mensaje de aquella famosa canción de Jaume Sisa («Oh, bienvenidos, pasad, pasad,/que mi casa es casa vuestra/si es que hay casas de alguien»), las ciudadanas y los ciudadanos siempre considerarán más suyo un espacio abierto (una calle, una plaza, un parque) que no un espacio rodeado por cuatro paredes, por muy abierto que éste se desee. Es por eso que desde los Salvem se plantea salir a la calle y ocupar los espacios públicos para otorgarles un nuevo significado. Hay que decir que, una vez más, la ocupación del espacio público como escenario del repertorio de acciones de los Salvem no es patrimonio de estos. Los ejemplos de empleo del espacio público abundan de norte a sur y de este a oeste del planeta. Se trata de recuperar y de reclamar las calles.

Dentro de este repertorio de acciones ha sido muy importante el papel de los artistas (especialmente profesores y estudiantes de la Facultad de Bellas Artes de Valencia). Estos han hecho, del compromiso y la solidaridad con los Salvem, los argumentos de sus obras. Se han implicado como creadores, pero también como ciudadanos. Los diferentes Salvem han hecho del arte –amparados por la ayuda desinteresada que, desde el principio, les han ofrecido los artistas- un medio con el que hacer llegar sus reivindicaciones a la sociedad. Cabanyal Portes Obertes, Un jardí d’art, Art per al Botànic, Estar en La Punta y Els ulls de l’abraçada representan ejemplos muy explícitos de como se ha articulado la protesta de la ciudadanía valenciana con el arte.

La lucha de los Salvem tiene como a objetivo último la anulación de proyectos urbanísticos que agreden el patrimonio. En la consecución de este hito el arte tiene un papel importante. Se debe tener en cuenta, pero, que esta transformación no se consigue única y exclusivamente a través del arte. El activismo artístico pone su grano de arena -uno entre tantos- en la consecución de estos objetivos. El arte sirve a los Salvem para difundir su lucha, para hacerse ver y escuchar. Esta estrategia, como ha quedado muy patente, ha funcionado. No obstante, las victorias logradas hasta el momento por los Salvem no son el resultado inmediato de estas intervenciones artísticas. Aunque es importantísima la función social, política y cultural del arte(vismo), no hay que olvidar que los verdaderos protagonistas de las protestas públicas no son ellos, sino todas y cada una de las personas que, de una u otra manera, hacen que las pequeñas revoluciones sean posibles.

Otras voces

Además, debe quedar constancia de que, en Valencia, no son únicamente los Salvem los que se movilizan en defensa del patrimonio. Algunas asociaciones vecinales –ya existentes- también se han movilizado frente a estas acometidas (la Associació de Veïns La Boatella, Amics del Carme y la Assemblea de Veïns de Benimaclet son algunas de ellas) y, de otros, se han creado a raíz de problemáticas especulativas concretas (como la Associació de Veïns de la Punta La Unificadora o la asociación Atzucac). También se han sumado a la defensa del patrimonio otro colectivos de diverso talante (Per l’Horta, Revolta, Jove Germania, Maulets, Endavant, Acció Ecologista Agro y Marfull, por poner algunos ejemplos).

Por otro lado, los okupas han constituido, también, un frente contra la especulación urbanística, convirtiendose en cómplices y aliados del movimiento ciudadano: « los temas clásicos vecinales son reapropiados por otras organizaciones más jóvenes y radicales (ecologistas y okupas, por ejemplo)» (Adell, 2000: 42). Otras veces, sin embargo, ha sido el movimiento ciudadano el que ha encontrado apoyo y ayuda en el okupa: «El movimiento vecinal (…) se acerca y se alía, con muchos matices propios de su heterogeneidad, a las reivindicaciones y luchas del movimiento por la ocupación» (Gonzàlez/Pelàez/Blas: 2002: 201).

En la ciudad de Valencia estas «alianzas» se hacen patentes en algunos casos concretos. En la Punta, los vecinos hicieron una invitación a diversos colectivos sociales para que ocuparan tierras y casas con el consentimiento de los propietarios. Fue en julio de 2000. A partir de entonces, un grupo importante de jóvenes se trasladó a vivir a la Punta, hecho que posibilitó la recuperación de casas y tierras para el cultivo. Al mismo tiempo, se produjo una transmisión de la herencia cultural, así como un intercambio generacional de experiencias y vivencias. El documental A tornallom, de Enric Peris y Miguel Castro, lo testimonia con creces.

En Cabanyal se encontraban ubicados algunos centros sociales ya desalojados, como el Pepica la Pilona o el Malaspulgas. Los vecinos que se oponían y se oponen al derrumbamiento del barrio también contaron, como a aliados, con sus «okupantes», aunque esta alianza no se materializó en el mismo sentido que en la Punta. Aparte de considerarlos «amigos» en la defensa del barrio, se han defendido mutuamente en algunas ocasiones: «La Plataforma Salvem el Cabanyal-Canyamelar manifestó, en un comunicado de prensa, su condena al “desalojo forzoso” de okupas del denominado por ellos “centro social Pepica la Pilona” y “el rechazo de cualquier intervención en él (…) Los representantes de la Plataforma argumentan que el “centro de Pepica la Pilona”, ubicado en la calle Pavía número 43, en el Paseo Marítimo, “ha sido ocupado y rehabilitado por jóvenes desde hace dos meses”, con la intención de “realizar actividades formativas, de distracción, sociales, así como actuaciones”. Este local que, según explicaron algunos miembros de la asociación Salvem el Cabanyal, “ha estado abandonado y sin ninguna intervención en infraestructuras culturales durante muchos años”, ha pasado de ser “un local abandonado en estado de inminente ruina, foco de suciedad, ratas y jeringuillas”, a convertirse en un lugar salubre» . En esta misma noticia se hace referencia al carácter recíproco de este apoyo: «Por su parte, según comunicaron los okupas del centro en la Plataforma Salvem el Cabanyal, su alternativa es otra manera válida de oponerse a la especulación inmobiliaria que puede llegar a sufrir el barrio del Cabanyal-Canyamelar, si continúa el proyecto de prolongación de la avenida de Blasco Ibáñez» . Del apoyo de los okupas a la Plataforma también se hizo eco El País: «Contra la prolongación, okupación e imaginación. Una pancarta de vivos colores y presidida por este lema corona desde la semana pasada la fábrica de Metalúrgica Valenciana, una empresa abandonada hace años, ubicada en la calle Pavía, frente al paseo marítimo y en la zona que será derruida por la prolongación de Blasco Ibáñez. La pancarta ha sido colocada por el grupo de jóvenes que ha limpiado, pintado y apuntalado el edificio, y todo, según afirman en un panfleto repartido por el vecindario, con un solo objetivo: solidarizarse con los habitantes del Cabanyal que perderán su vivienda y mostrar su rechazo al proyecto del Ayuntamiento de Valencia.. ».

10 años…

A pesar de que el año 2008 ha sido, desgraciadamente, un año de muchos lamentos, también ha sido, y es, un año de celebraciones. este año, la Plataforma Salvem el Cabanyal- Canyamelar suma 10 años. 10 años en los que han luchado, con firmeza, por recuperar mucho más que un barrio. 10 años en los que han debido navegar, contracorriente, con el anhelo de justicia en el horizonte. 10 años en los que han gritado, muy alto y fuerte, que los dejen «en paz» y «en pie». 10 años de resistencias. 10 años de rumor. “Porque todo está por hacer y todo es posible”: Salvem el Cabanyal-Canyamelar! Ahora, más que nunca.

Carla González Collantes

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