En Nuestra Señora de los Angeles se crean la Cofradía de Jesús en la Columna, la Hermandad del Santísimo Ecce Homo; la Corporación de Soldados Romanos,La Hermandad del Santísimo Cristo del Perdón, con una bella talla de Cristo Crucificado, y la Hermandad del Santo Silencio, que rendía culto al Santo Sepulcro. En Nuestra Señora del Rosario se crean la Corporación de Pretorianos, con una talla del Ecce Homo, la Hermandad de la crucifixión del Señor; la Hermandad del Santísimo Cristo de los Afligidos, y la Hermandad del Santo Sepulcro. En la Santa María del Grao, la Hermandad de la Flagelación del Señor, y la Hermandad de la Oración del Huerto, con un antiguo grupo que representa a Jesús frente al Ángel en Getsemaní.
Tras la guerra civil se crea una nueva entidad parroquial, San Rafael Arcángel, que se integró rápidamente en las celebraciones. En estos años se crearon más hermandades. Cito la Hermandad de Nuestro Padre Jesús Nazareno, con un paso Alegórico de la Segunda Caída de Jesús en su camino hacia el Calvario, la Hermandad del Descendimiento del Señor y la Hermandad del Santo Cáliz de la Cena.
La organización de la Semana Santa tuvo sin embargo una quiebra durante unos 40 años. El motivo no era más que una cuestión organizativa. En 1948 la caomitiva de la Semana Santa que venía desde el Cabañal hasta el Grao, llegaba hasta la parte de atrás de Santa María del Mar por la calle del Cristo del Grao y se disolvía en esa zona junto a la Iglesia, en la Avenida del Puerto. El caso es que no avanzaba más adelante, hacia la vía del tren o actual Bulevar de Serrería, como parecía natural. Lo lógico era que si se trataba de abarcar la zona de influencia del Grao, los desfiles se extendieran y procesionaran hasta el límite o la frontera del Grao con Valencia. Según me explica Antonia G.M, vecina del Cabañal que vivió el cisma, la comitiva se detenía en esta zona debido al recorrido del tranvía. Durante las celebraciones de la Semana Santa, el tranvía tenía una gran afluencia de pasajeros y se hacían servicios especiales debido al interés de los valencianos del centro de la ciudad que querían contemplar las celebraciones religiosas marineras. La Compañía de tranvías, en reconocimiento a los organizadores de la Semana Santa, que tenían esa gran influencia en el aumento de su recaudación, les compensaba con una subvención anual de 6.000 pesetas. A cambio, los organizadores debían respetar el recorrido del tranvía y evitar que la comitiva ocupara la zona por la que se extendían los railes.
Este mismo año, unos eran partidarios de detenerse en el lugar establecido, guardando disciplina en la organización; otros, más bien del Grao, eran partidarios de sobrepasar la línea. Ese año el sacerdote responsable de la organización era el Arzobispo Vicente Gallart, el cual advirtió que nadie rompiera la disciplina. Pero no todos obedecieron. Ese día, un buen grupo dio el paso para ocupar ese extremo del Grao, pasando por encima de las vías y de los intereses del tranvía. Otros, en cambio, permanecieron en su zona de la Avenida del Puerto. Gallart se enfadó con la actitud de los transgresores, expulsando de la Junta de la Semana Santa a varias cofradías.
En las siguientes Juntas se pidió la destitución de Gallart ,y cofradías solidarizadas con las que habían sido expulsadas decidieron no salir hasta que Gallart no dimitiera o fuera destituido. El cisma se consumó y durante casi cuarenta años, no volvieron a desfilar, aunque muchos fueron forzando siempre para que los dos barrios volvieran a desfilar juntos, y en 1987 se restableció la normalidad.
De todos modos, después de 40 años, las cosas habían cambiado un poco. De modo que sólo volvieron a procesionar las antiguas hermandades de Nuestro Padre Jesús Nazareno; la Pontificia y Real Hermandad del Cristo de la Concordía, y los Granaderos de Santa María del Mar, a la que se adhirió una nueva hermandad: la de Jesús de Medinaceli.
Así continua su andadura en el 2000 la Semana Santa Marinera. Existe un día señalado característico para cada hermandad, en la que esta procesiona con su trono-anda, y que constituye su día oficial de presentación. A este hecho se une una circunstancia innovadora, y es que la mayoría de estos actos de presentación son en realidad traslados procesionales de imágenes, pues es tradición en Valencia el que cada Semana Santa se de culto a las imágenes en los domicilios de los cofrades a los que corresponde según sorteo. Allí, en cada uno de estos domicilios se arregla perfectamente el lugar donde va a descansar la imagen y se está todo el día atendiendo a los fieles que se acercan a contemplarlas.