Otra de las amenazas siempre pendientes sobre estos primeros habitantes del Cabañal era el fuego. Las barracas eran frágiles y bastaba la pequeña chispa escapada de un fogón para transmitir el fuego a todas las barracas en las que predominaba la paja.
El 21 de Febrero de 1796 se produjo un incendio de las barracas existentes en el Cabañal. No se saben las causas exactas. Este día soplaba una tramuntana, como parece indicar la dirección y la intensidad de las llamas en el grabado que un improvisado y anónimo artista dibujó este mismo día. Fue una gran desgracia para todos los vecinos y el recuerdo perduró durante mucho tiempo en la memoria colectiva del Cabañal.
A medida que avanza la construcción del muelle del puerto, iniciado en 1792, el mar se aleja cada día un poquito y en su lugar va naciendo una nueva tierra. En la costa de Valencia, el oleaje va de Norte a Sur, y arrastra los fondos marinos hacia Cullera, hasta que unos oleajes de signo contrario restablecen el equilibrio. Pero a este proceso se le opuso un muro de contención artificial: el muelle constituía un freno para las arenas, que al chocar con él iban sedimentando lentamente. Todo este aterramiento fue elevando el nivel básico del terreno, y el agua que inundaba el Cabañal durante los temporales, iba siendo contenida por las arenas, y la franja costera estaba cada día más seca. Ante los sorprendidos ojos de los pescadores, se extendía una playa cada día más espaciosa.
La Guerra de la Independencia tuvo también determinadas repercusiones en el Cabañal. El conjunto de la población del Cabañal y del Grau hizo frente al ejército de Napoleón, aunque no con excesiva fortuna. Concretamente el 26 de Diciembre de 1811, mientras los labradores de la cercana huerta estaban todos amurallados en el interior de la ciudad, un nutrido grupo de voluntarios defendía el paso del río, por la parte de Nazaret, pero fueron diezmados por la caballería francesa. La línea española fue envuelta, arrollada y dispersa en el espacio de breves momentos. Inmediatamente, en el Camino del Grau, el ejército francés desplegó un dispositivo artillero que le permitió imponer silencio a los fuegos de la línea española por ese sitio estratégico y dominar a sus anchas el cauce del Turia en todo su curso hasta su desagüe en el mar.
Todos estos acontecimientos tendrían su posterior reflejo en la celebración de la Semana Santa Marinera: cuando por fin se expulsó a los franceses, los marineros les arrebataron los uniformes de granaderos, que luego exhibirían con orgullo en las procesiones.
En el año 1814 el Cabañal ya contaba con 1515 habitantes. La mayoría eran pescadores. En total, 1501 adultos, 255 niños, y 209 niñas. Los marineros pensaban que esto era motivo suficiente para reclamar una parroquia autónoma. De este modo, D. Josef Fornés, Arquitecto de la Real Academia de San Carlos, construye una Iglesia, con la invocación de Ntra. Sra. de los Angeles. Esta destacaba por su altura entre todas las viviendas circundantes. Ello le confería un aspecto muy práctico para los marineros, pues el campanario les servía de referencia cuando pretendían ganar la orilla durante los temporales.